Prevención de la violencia de género
¿Qué relación existe entre la violencia de género y la violencia que afecta a la niñez y la adolescencia? La campaña Mídete busca comprender las raíces culturales de estas problemáticas, sus impactos y consecuencias
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Realizar un análisis que nos acerque a las intersecciones entre la violencia de género y la violencia contra niños, niñas y adolescentes implica entender las causas y manifestaciones fundamentales de uno y otro problema social íntimamente relacionados, cuyas implicaciones se producen en ambas direcciones.
No cabe dudas, y ha sido reconocido internacionalmente, que ambas formas de violencia no solo están interseccionadas entre sí, sino con otras formas de discriminación como el origen étnico, de clases, la zona geográfica en la que se vive, entre otras.
Tanto la violencia de género como el maltrato infantil comparten esenciales elementos comunes entre sus causas, manifestaciones, consecuencias, factores de riesgo y de protección y evidencian, además, que sus víctimas están expuestas a múltiples formas de maltrato que no se pueden abordar aisladamente si se aspira a una atención integral de dichos problemas.
Lamentablemente, la atención, la investigación y la prevención de ambos en numerosas ocasiones se realiza por derroteros paralelos, sin puntos de convergencia que faciliten una intervención más eficaz. Es por ello que los datos y resultados disponibles generan una aproximación parcial a la realidad.
Los análisis sobre el tema identifican seis áreas de intersección:
1) La violencia contra las mujeres y la violencia contra niños, niñas y adolescentes comparten factores de riesgo.
En Cuba, al igual que a nivel internacional, se comparten factores de riesgo para el ejercicio y reproducción de la violencia contra la mujer y la violencia contra niños, niñas y adolescentes en casi todos los aspectos que las hacen posible. La violencia contra las mujeres aumenta las posibilidades de violencia contra la infancia, y las experiencias de violencia contra niños, niñas y adolescentes pueden incrementar la aceptación, perpetración o experimentación de las relaciones violentas.
2) Las normas sociales con frecuencia apoyan estas formas de violencia y desalientan la búsqueda de ayuda.
Al analizar el caso cubano en relación con las normas sociales que interceptan ambos tipos de violencia se puede afirmar la congruencia entre lo que arroja la realidad y los numerosos resultados de estudios internacionales. De forma general, se demuestra en los estudios del país que los patrones culturales violentos son herramientas brindadas a niños y niñas desde que nacen, en ocasiones de forma inconsciente.
3) El maltrato infantil y la violencia infligida por la pareja con frecuencia coexisten en el mismo hogar.
Son muchos y diversos los trabajos científicos acerca de las consecuencias de la violencia de género y en general sobre las repercusiones de la violencia contra las mujeres en el ámbito doméstico, pero siguen siendo escasos los que abordan los efectos que esta violencia tiene en hijos e hijas de las mujeres víctimas, a pesar del reconocimiento especializado de que los niños y niñas también son víctimas del maltrato a sus madres.
4) Tanto la violencia contra la mujer como la violencia contra niños, niñas y adolescentes pueden generar efectos intergeneracionales.
Tanto la violencia contra la mujer como la violencia en la niñez tienen efectos intergeneracionales y la violencia contra la mujer a menudo tiene consecuencias negativas para los niños y las niñas. En ese sentido, los efectos intergeneracionales de la violencia contra la mujer y de la violencia contra niños, niñas y adolescentes han sido ampliamente documentados y en Cuba se manifiestan con bastante similitud.
5) Muchas formas de violencia contra la mujer y de violencia contra niños, niñas y adolescentes acarrean consecuencias comunes y mutuamente exacerbantes a lo largo de la vida.
Los niños y las niñas que conviven en sus hogares con la violencia de género frecuentemente reciben distintas formas directas de maltrato, pero no puede obviarse que la exposición a la violencia de género como testigos, origina efectos negativos en la infancia, independientemente de su edad.
Esas consecuencias van desde el plano físico (con alteraciones en el sueño o la alimentación, por ejemplo) pasando por el plano emocional (ansiedad, ira, depresión o baja autoestima), el plano cognitivo (afectación en el rendimiento escolar, por ejemplo) o en la conducta (con agresividad, episodios delictivos o hábitos tóxico dependientes). Por tanto deben ser considerados víctimas.
6) La violencia contra la mujer y la violencia contra niños, niñas y adolescentes interceptan durante la adolescencia, periodo de mayor vulnerabilidad a ciertos tipos de violencia.
Los estudios cubanos confirman la tendencia internacional relacionada con la adolescencia como el periodo de mayor vulnerabilidad a ciertos tipos de violencia, en especial la violencia sexual. Una conexión específica que se encuentra en la adolescencia es el vínculo entre violencia de género y abuso sexual. Sin embargo, esta es un área poco explorada por las investigaciones en todas las ciencias relacionadas con ella.
El análisis de estas interconexiones puede ser mucho más complejo si se abre el diapasón a otras variables y desagregan los datos por color de la piel, edad, zona geográfica, entre otros, propios de la lógica de la perspectiva de género interseccional.
En este sentido, la situación de zonas rurales y periféricas que gozan de menor visibilidad, muestran la existencia de pactos de silencio, y mandatos culturales arraigados que refuerzan la existencia de los vínculos entre las dos violencias apuntadas.
Pasos significativos se llevan a cabo en Cuba que pueden contribuir a cerrar las brechas que interrelacionan la violencia contra la mujer y la violencia contra niños, niñas y adolescentes, así como a perfeccionar la protección de la infancia en el país, a saber:
- La aprobación en 2019 de una nueva Constitución que refrenda la protección de la infancia en el país
- La aprobación del Programa Nacional para el Adelanto de las mujeres (PAM) en octubre del 2020
- La aprobación por el Consejo de Ministros la “Estrategia integral de prevención y atención a la violencia de género y la violencia en el escenario familiar”
- La aprobación del nuevo Código de las Familias, el mismo reconoce y refrenda los postulados de la Convención de los Derechos del niño, redefiniendo el rol de ellos y ellas como sujetos activos en el ámbito de las relaciones parentales y en el ejercicio autónomo de sus derechos.
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