Laydai: “las enseñanzas que nos resuelven la vida”

Laydai ha aprendido sobre crianza respetuosa y cómo responder, del mejor modo posible, ante los retos que ha impuesto a la salud mental y la educación de hijas e hijos, la pandemia de COVID-19

Kenia Méndez Mederos
Laydai: “las enseñanzas que nos resuelven la vida”
Cortesía de la familia
10 Octubre 2021

Ingeniera informática y profesora de la Universidad Tecnológica de La Habana "José Antonio Echeverría (CUJAE), Laydai, durante estos meses de pandemia ha sido mucho más: mamá, cuidadora, maestra y gestora de todo tipo de juegos. Su apartamento, igualmente, ha multiplicado sus funciones: ahora es casa, parque, patio de juegos, escuela, centro laboral, etc.

Ella y su esposo Fernando se encargan del cuidado de sus tres hijos: Fernando de 6 años es hijo de ambos, Ian Carlos de 11 es hijo de Laydai y María Fernanda de 12 es hija de Fernando. Juntos, los cinco, han lidiado con un posible diagnóstico positivo a la COVID-19 y con el aislamiento intradomiciliario de María Fernanda, con un tic nervioso del más pequeño y con las nuevas dinámicas educativas que impone la pandemia.

En ese camino, han aprendido diversas herramientas para salir adelante de la mano de otros padres, madres y personas cuidadoras y con la guía de especialistas del proyecto Crianza Respetuosa. Se trata de una experiencia de la Sociedad Cubana de Psicología y la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana que se desarrolla con el apoyo de la Oficina de UNICEF Cuba.

El proyecto tiene como objetivo promover la educación participativa, respetuosa y libre de violencias, de niños, niñas y adolescentes. Con este fin, ofrece servicios de acompañamiento y asesoría psicológica en plataformas virtuales. La orientación especializada ha focalizado, entre otros temas, el desarrollo psicológico en las diferentes etapas de la infancia y la adolescencia, la depresión infantil durante la pandemia y el autocuidado de las personas encargadas de roles de la crianza.

A la espera de un diagnóstico

La espera del resultado del PCR de María Fernanda y su aislamiento en uno de los cuartos de la casa fue una experiencia que generó mucho estrés para la familia:

“La niña de mi esposo fue contacto directo de un caso positivo, de un familiar allegado a ella. Estuvimos aproximadamente 15 días aislados todos aquí en casa y, específicamente ella, en un cuarto. Esta experiencia fue aterradora para nosotros porque estábamos muy temerosos de que resultara positiva y pudiera habernos contagiado al resto de los miembros de la casa. Sobre todo, nos preocupaba la posibilidad de tener que separarnos si la niña tenía que ir con mi esposo a un centro de aislamiento”.

“Sus hermanos no entendían esa situación, querían jugar y estar con ella, sobre todo el más pequeño. Fue muy complicado, estábamos muy preocupados por el estado de María Fernanda. Aun en la distancia, debíamos hablar con ella todos los días, darle mucho ánimo, ser muy positivos. Esto nos dejó secuelas. En la actualidad, el más mínimo malestar que tenga cualquiera de los tres, pensamos que puede ser COVID-19. Al final el resultado fue negativo, con mucha alegría para nosotros, pero a partir de ahí hemos estado en alerta todo el tiempo. Ellos no salen de casa para nada y nosotros, solo a lo imprescindible”.

Otra vida, muchos retos

“Nos ha cambiado totalmente la vida” es la expresión de Laydai para intentar sintetizar los desafíos de esta etapa, que han sido muchos.

“Las rutinas y los estados de ánimo en la familia ya no son los mismos. Hemos tenido que enfrentar diferentes situaciones: estados de ansiedad, un tic nervioso, llantos y desvelos de nuestros hijos. Ha sido bien difícil”.

Laydai: “las enseñanzas que nos resuelven la vida”
Cortesía de la familia

“El hecho de gestionar la pandemia acá en casa ha implicado ajustar nuestros horarios, nuestra rutina de vida. Este espacio se ha convertido también en escuela, en centro de trabajo, ha sido parque infantil, se ha convertido en el todo para ellos y el todo para nosotros”.

“A su vez, he tenido que ser madre, maestra y hasta logopeda. El niño más pequeño tenía trastornos en el lenguaje y yo asumí esa tarea también. Todos esos han sido retos complejos que se han extendido bastante en el tiempo. Ha sido positivo que sean tres, porque juegan muchísimo, se divierten y se acompañan. Es una ventaja que tengo, pero a su vez resulta muy trabajoso”.

El grupo

Laydai llegó a los espacios de Crianza Respetuosa por sugerencia de una amiga. Al inicio no le pareció una buena idea, pero hoy es un espacio que agradece.

“Mi amiga conocía la situación, sabía que yo estaba bastante estresada, que éramos solo mi esposo y yo sin otros apoyos. Para ser sincera, al principio no lo veía como algo necesario. Me parecía muy frío y poco natural que a través de las redes pudiera llegarme el apoyo y serme útil. Pero la amiga mía insistió, me dijo que le iba muy bien, y decidí entrar. No tenía idea de cuánto me ayudaría, siempre se lo agradeceré. Para mí y para todos en casa ha sido un apoyo vital en este tiempo. Ya somos una familia en el grupo, lo disfruto muchísimo, nos impulsa y nos levanta”.

“Recomiendo el proyecto a muchas personas cercanas. Me ayudó a entender que el estudio no es negociable. También me he llevado de ahí la certeza de que es necesario respetar el espacio de cada cual, así como entenderles y escucharles. Nuestros niños y niñas necesitan que les hablemos, les demos esperanzas y siempre les expliquemos lo que sucede a su alrededor”.

Lecciones

Laydai está convencida de que se debe criar con toda la responsabilidad que ello amerita, que padres y madres deben respetar los sueños, deseos y criterios de sus hijos e hijas. Sobre este y otros aprendizajes que ahora tienen como familia, a partir del acompañamiento psicológico recibido, comenta:

“La primera ayuda fue para establecer horarios. Al principio fue difícil, pero lo comenzamos a aplicar y todo fluyó mucho mejor. Empezamos a reducir la exposición de los niños a pantallas y a sustituir esa actividad por otras sugeridas en las sesiones. Es increíble cómo se ha desarrollado nuestra creatividad, de momento han surgido ideas y se comparten en el grupo, somos como una familia. Aprendí también sobre el tema del autocuidado. Eso es algo que uno a veces descuida cuando está en casa. Es muy importante el autocuidado, pues nuestros hijos e hijas perciben cómo nos sentimos”.

“Otra lección es que necesitamos buscar soluciones a las situaciones. No se trata de enfocarse en el problema sino en qué hacer al respecto. En nuestro caso, Fernando comenzó a tener un tic nervioso, parpadeaba con frecuencia. Cuando lo consultamos y analizamos, identificamos que se debía a que estaba viendo mucho un tipo específico de muñequitos. En eso nos involucramos todas las personas de la familia. Esas enseñanzas del proyecto que traemos a la casa nos resuelven la vida”.

“Entre lo bueno de la pandemia está que tenemos tiempo para estar juntos. En ese sentido, y gracias también al proyecto, ahora sabemos que los niños pueden involucrarse en las tareas del hogar y así hacemos, sobre todo con los más grandes. Han aprendido mucho y se sienten útiles”.

Una educación libre de violencias para sus tres hijos es la principal apuesta de Laydai y su esposo. Se trata de una idea que también parte de los intercambios con especialistas del proyecto.

“En estos tiempos tendemos a estar alterados por la situación. Estamos juntos en casa todo el tiempo y eso genera estrés. Los niños también se irritan y dan perretas, como mi hijo más pequeño. Hay días que no logramos enfrentar esto de la mejor forma. Eso me pasaba mucho antes de llegar al grupo y en los inicios de mi experiencia en este espacio. Las formas de resolver estas situaciones en nuestra casa no estaban siendo las ideales, aunque no se llegara necesariamente a la violencia física”.

“Lo más habitual es que una se altere, grite. Esto no es lo correcto y, además, no funciona. Las psicólogas nos han explicado cómo la violencia genera más violencia. Niños y niñas tienden a imitar esas actitudes en otros momentos. Entonces, hemos optado por conversar, una vez que haya pasado la irritación, pero de manera directa y concreta, mirándoles a los ojos. Esto ha implicado también debates con mi esposo, para poner en común estas maneras de hacer”.


Crianza Respetuosa es un proyecto de la Sociedad Cubana de Psicología, la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana y la Oficina de UNICEF Cuba. Tiene como objetivo promover una educación participativa, respetuosa y libre de violencias de niños, niñas y adolescentes. La iniciativa ofrece servicios de acompañamiento y asesoría psicológica en plataformas virtuales como WhatsApp, Facebook: www.facebook.com/crianzayrespeto/ y Telegram: https://t.me/lacrianzarespetuosa

Uno de sus aportes son los artículos que habitualmente se comparten como complemento a los debates en las sesiones virtuales. Por los consejos que ofrecen para mantener una adecuada salud mental de las niñas, niños y adolescentes -tema del más reciente Informe del Estado Mundial de la Infancia de UNICEF-, sugerimos leer los siguientes textos:

Depresión infantil en tiempos de pandemia. – Telegraph

La ansiedad en los niños. – Telegraph

¿Cómo manejar el impacto psicológico de la COVID en niños y adolescentes? – Telegraph

¿Cómo cuidar nuestra salud mental para cuidar mejor de los hijos? – Telegraph

El duelo psicológico en niños y adolescentes (pérdidas físicas y emocionales) – Telegraph

La autoestima en la infancia. – Telegraph

Dibujos animados, videojuegos, redes sociales y bienestar psicológico de niños y adolescentes. – Telegraph