La tranquilidad de saberles seguros
Más de 30 mil niños y niñas de la primera infancia asisten a alrededor de unos 800 círculos infantiles que continúan abiertos durante la peor etapa pandémica de la COVID-19 en Cuba. UNICEF apoya con recursos de higiene y de pesquisa
Cuando Adys Remón y Maikel Ortiz escucharon por primera vez sobre el nuevo coronavirus, su reacción debió ser como la de la mayoría de las familias cubanas: resguardar lo mejor posible a su hijo Carlos Ernesto de dos años, cumplir cuarentena estricta en casa, extremar medidas higiénicas, colocar cerrojos hacia todo el mundo exterior y empezar un aprendizaje intenso y extenso en el hogar.
Elaine Hernández y José Ángel Rojas se sintieron igual cuando temieron que la COVID-19 llegara hasta su Amalia, una beba de 3 años con una melena que es pura risa de sol. Así debieron pensar muchas familias, y más aún luego de que el 23 de marzo de 2020 el país cerrara las escuelas ante el incremento de casos de contagios.
Desde entonces y hasta la fecha, el sistema de enseñanza en la nación caribeña ha vivenciado diferentes etapas escolares: desde un cierre total de las clases presenciales y la adopción de la modalidad de aprendizaje en casa, una reapertura escolar nacional hasta una dinámica mixta en la actualidad donde se alternan actividades educativas televisadas con algunas aulas abiertas en aquellos territorios donde existe un mayor control de la COVID-19.
La Habana ha sido una de las provincias donde sus estudiantes han tenido menor presencialidad física en los centros educativos. Las aulas estuvieron abiertas apenas dos meses (noviembre, diciembre y la primera quincena de enero); el resto del tiempo, la enseñanza en el hogar ha marcado este último año en la capital cubana.
Sin embargo, no todas las puertas cerraron. Más de 800 círculos infantiles (centros estatales para la educación de la primera infancia) de los 1085 existentes en el país, se han mantenido abiertos durante este periodo para las familias cuyas labores son imprescindibles y deben trabajar fuera del hogar. Carlos Ernesto y Amalia son dos de los más de 30 mil niños que han acudido a estos centros; Adys, Maikel, Elaine y José Ángel cuentan por qué confían en que sus hijos e hijas “asisten a un lugar seguro”.
Prevenir, siempre prevenir
Es lunes, apenas empieza la segunda semana de abril. Por la televisión nacional se escucha en el parte diario que Cuba reporta 1066 nuevos casos de COVID-19, de ellos 173 menores de 20 años. El país lleva varias jornadas sobrepasando los mil positivos en un día; solamente La Habana cuenta con 566 personas confirmadas. La preocupación y las acciones no faltan, ni de las familias ni desde las instituciones educativas.
María de los Ángeles Gallo Sánchez, Directora Nacional de Educación en la Primera Infancia del Ministerio de Educación (MINED), afirma que en los círculos infantiles se han implementado una serie de medidas durante todo el periodo para reducir el riesgo por contagio. El reajuste del horario de entrada y salida y la pesquisa activa diaria tanto a niños y niñas como a trabajadores por parte del personal de salud de cada centro, han sido algunas de las acciones, explica Gallo Sánchez.
De igual forma, se exige el uso obligatorio del nasobuco y la familia tiene limitada la entrada a los salones, el proceso de recepción se hace en el portal o lobby de cada centro, detalla la directiva.
A su vez, el frecuente lavado de manos y la limpieza e higienización diaria de todos los locales de la institución, medios y juguetes, también integran las medidas implementadas.
Gallo Sánchez insiste que, además, se han mantenido funcionando, con estricto control, los 15 Hogares de niños sin amparo familiar, con una matrícula que sobrepasa los 90 niños, niñas y adolescentes.
En función de todo ello, el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), contribuyó con recursos de higiene y de pesquisa (termómetros infrarrojos) para que estos círculos infantiles y Hogares tuvieran condiciones para implementar los protocolos de prevención y control de la COVID-19.
De igual forma, en coordinación con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Ministerio de Educación se produjeron más de 6 mil carteles con medidas de higiene destinadas a familias y personal educativo de la primera infancia que acude a estas instituciones.
Asimismo, en convenio con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) se elaboró la serie “Educación para la atención socioemocional”, que permite identificar y manejar situaciones de estrés.
En este mes de abril los círculos infantiles cumplen 60 años de creados, en un escenario complejo ante la COVID-19.
Entre incomprensiones y seguridades
Para Adys ha sido una etapa tensa, de muchas preocupaciones e, incluso, incomprensiones por parte de otras personas. “Me dicen que lo expongo, que no cuido a mi niño lo suficiente. Algunas de ellas tienen sus advertencias que son entendibles, pero siempre les digo que estoy tranquila cuando Carlos Ernesto está en el círculo”.
Adys tiene responsabilidades directivas en el Instituto Central de Ciencias Pedagógicas (ICCP), hay compromisos que no puede cumplir por correo electrónico o teléfono. “Su papá y yo tenemos funciones laborales que no nos han permitido cuidarlo en casa. En ocasiones hemos encontrado personas que nos han apoyado, pero mi mayor paz es cuando está en su círculo, bien cuidado y con menos posibilidades de enfermarse. Es una gran estabilidad para poder trabajar”.
Carlos Ernesto asiste desde septiembre casi todos los días al círculo infantil Los becaditos de Playa. Aunque es “muy apegado” a Adys, cuando llega en la mañana se despide con un adiós a mano extendida y sin llorar. “Eso me anima a empezar el día, que entra contento”, confirma Adys.
La investigadora argumenta que ha sido una etapa provechosa en su aprendizaje. “Es notable sus habilidades en el lenguaje. Hace pipi solo, avisa cuando desea y va al baño, come con menos niveles de ayuda, disfruta y sabe cuándo ha logrado algo”, enumera orgullosa Adys, dándose aliento ante tanta preocupación pandémica.
Amalia asiste con menos frecuencia a su círculo Amiguitos de Polonia en el municipio Plaza, solo cuando su mamá Elaine o su papá José Ángel deben acudir a sus respectivas oficinas. Ambos cumplen funciones administrativas, y en ocasiones el trabajo debe ser presencial e impostergable. Pero algo comparten: la tranquilidad, al igual que Adys, que Amalia en su círculo está “en buenas manos”.
“Cuidan de ella con mucho esmero y dedicación, son educadoras muy preparadas y disciplinadas. Les han enseñado sobre esta enfermedad y cómo prevenirla. No dudaría nunca en dejar a mi pequeña en el círculo, es un lugar seguro donde puede estar en el tiempo que cumplo mis obligaciones”, insiste ella.
Elaine, además, es la presidenta del Consejo de Padres de la instalación. “Hemos desarrollado un trabajo educativo con las familias de cada año, hemos creado grupos de WhatsApp donde se comparten dudas que son contestadas por el personal docente”.
En ese periodo, tanto Elaine como Adys no han escapado tampoco de los “sustos”. En alguna ocasión se han suspendido las clases por existir sospecha de algún contagio. “Como cumplen las medidas, no ha existido ningún problema. Tenemos mucha seguridad en la instalación y la responsabilidad de sus ´seños´”, cuenta Elaine.
Para Amalia y Carlos Ernesto su círculo infantil es una extensión de su casa. Para Adys, Maikel, Elaine y José Ángel es un lugar confiable y seguro donde tener a sus hijos e hijas mientras trabajan. Así lo recalca Elaine: “cuidan de nuestros pequeños de manera laboriosa. Me siento feliz, pero sobre todo, en paz”.
El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en Cuba apoya al gobierno cubano con la adquisición de medios de higienización y pesquisa para contribuir con la continuidad de la prestación de servicios en más de mil círculos infantiles de todo el país, incluso en los escenarios más complejos de la pandemia. En el periodo también se elaboraron varios folletos de atención socioemocional y la serie “Vamos a jugar” con postales y animados para el manejo del estrés en la primera infancia. A su vez, colaboró con la sistematización “Educación en tiempos de COVID-19. La experiencia cubana” que expone las principales estrategias empleadas por las autoridades cubanas para la continuidad del aprendizaje.