Una familia a cuatro tiempos
Un hogar en Artemisa donde el amor se multiplica y el apoyo de UNICEF ayuda a responder a necesidades esenciales como el acceso al agua.
Los domingos en casa de Mayda Leydis en Artemisa son siempre dinámicos. Mientras la abuela termina de recoger la mesa del desayuno, el niño grande va a la iglesia y la niña juega con sus muñecas. El más pequeño se abraza a su madre mientras el otro mira los muñequitos en el televisor.
Mayda Leydis siempre está haciendo cosas en la casa. Friega un plato por aquí, dobla una sábana por allá, seca el piso y, entre una tarea y otra, va dándole amor a sus cuatro hijos. Desde la cocina, ella escucha sus vocecitas: “Mami, yo quiero agua” “¿Mamá dónde está mi bicicleta?” “Me voy a jugar” “Mamá, teta”. A lo lejos canta un gallo, suena la olla donde hierven los frijoles del almuerzo y ella, paciente y dulce, responde a cada hijo con dedicación. Cada respuesta de la madre a un tiempo diferente.
Toda la tranquilidad se acaba cuando debe ir detrás del travieso Oscar, que juega con la tapa del tanque nuevo, emocionado con la adquisición de la casa. El niño abraza el tanque sin saber, en su inocencia, la utilidad real y el beneficio tan grande que traerá a su familia, gracias a UNICEF.
Ella tiene 31 años y está divorciada del padre de sus niños aunque mantienen una buena relación. El primer embarazo a los 23 años fue una gran alegría para toda la familia. Nació Lázaro Oscar rodeado de mucho amor y gratitud. A los tres años llegó Lys Heydis para completar eso que muchas familias llaman “la parejita”. A pesar de ser una madre feliz, Mayda Leydis confiesa: “Si te soy sincera, yo quería tener dos hijos. Pero vinieron dos más y ya… palante…” Luego tuvo a Oscar y el último embarazo lo descubrió con 30 semanas. Así nació Yisandi Junior, de imprevisto, para convertirse en el más pequeño de la familia. Ella tiene la dicha de haber pasado todas sus barrigas sin riesgo y sin malestares. Sus hijos son saludables y demuestran, con su comportamiento, que han sido criados en un ambiente sano, de amor y respeto.
Hoy Lázaro tiene 8 años y está en tercer grado, Lys Heydis tiene 5 años y comenzó el primer grado. Los pequeñitos Oscar de 4 años y Yisandi Junior de 2 años van al Círculo Infantil. La dinámica con cuatro niños es muy compleja, sobre todo si se enferman. Además, para una familia humilde como la de Mayda Leydis todo se complica: buscar la comida, los productos de aseo, los medicamentos… Pero, a pesar de las adversidades, la familia también vive cosas lindas. A Lázaro, el primogénito, le encantan sus hermanos. Él ha visto pasar sus ropitas y zapatos por Lys, Oscar y Yisandi. Los mira con cariño y con el orgullo de ser el hermano mayor. “Si fuera por él, quisiera otro hermano más.” Dice la madre riéndose y con cara de “solavaya”.
Mayda Leydis tiene la suerte de que su madre Mabel vive muy cerca y entre las dos se distribuyen las tareas de la casa. Mabel tiene 52 años y trabaja en La Asamblea Municipal del Poder Popular en Artemisa. Además, es la delegada de la circunscripción desde el año 2010. Ella trabaja sin descanso y cuando está en casa ayuda a su hija. Además, lleva las riendas de un barrio vulnerable y dedica parte de su tiempo libre a atender y tramitar las necesidades de los vecinos.
Ella es “La única hija que tengo y me dio cuatro nietos. A veces me vuelven loca, pero yo los adoro con mi vida. Todo es para ellos: mi salario completo es para ellos, los caramelos, el yogurt, todo…” Se acuerda de cuando Lázaro, el mayor, era pequeño y se iba con ella para el trabajo.
Mayda Leydis trabajaba en un SAF, pero en el comedor comunitario tenía que ir días alternos y a veces coincidía con que su madre también tenía trabajo. A eso se le sumó que cuando se enfermaban los niños tenía que faltar. Entre las dos decidieron que esperaría un poco más para reincorporarse al trabajo pues el niño pequeño apenas cumplió los dos años. La abuela sostiene la familia en gran medida, con su apoyo en las tareas de la casa y con sus ingresos económicos. Pero lo más importante es el amor que la abuela le da a los niños y a su hija adorada. Ella los mira a todos juntos y suspira diciendo: “Yo espero que me cuiden en la vejez.”
La familia sufre los apagones constantes y cuando se va la corriente es un dilema porque los niños se despiertan con el calor. Entonces tienen que turnarse entre la madre y la abuela para echarle fresco a los cuatro pequeños. Sin embargo, el principal problema que tienen es la falta de agua. “El agua es la situación más crítica que tenemos ahora mismo.” Dice Mabel. “Con el apagón sobrevivimos, pero el agua es lo más importante y más en esta casa que son cuatro niños.”
El tanque donado por UNICEF es vital para guardar el agua de tomar. Cuando entra el “agua de la calle” llega solo un poquito y deben halarla con una turbina para llenar el viejo tanque que tienen en la azotea, pero no es suficiente. Cuando pasó el ciclón una rama golpeó el tanque y ya no se puede llenar competo. Con el apoyo de UNICEF, Mabel y su hija Mayda Leydis tienen un respiro y pueden almacenar agua limpia para abastecerse.
Lázaro, Lys Heydis, Oscar y Yisandi Junior disfrutan su infancia entre los mimos y las enseñanzas de su madre y su abuela. También reciben el cariño del resto de la familia, pero las que cuidan su sueño y bajan sus fiebres son estas dos mujeres hermosas y valientes que se enfrentan a la vida con la inmensa responsabilidad de educar a tres niños y a una niña.
Mayda Leydis y su madre Mabel velan porque a los niños no les falte nada, porque sean honestos y educados.
Ellas se esfuerzan cada día porque los domingos en su casita del segundo piso sigan siendo dinámicos. Y ese dinamismo se traduce en cuatro ritmos y cuatro motivaciones diferentes. Cuatro pequeños que aprenden a cada paso y que miran al futuro bajo la protección de su abuela y su madre.