Educar para el futuro

Una familia de Artemisa, beneficiada con un tanque de agua aportado por UNICEF, cuenta cómo este apoyo les alivia la dificultad para almacenar de forma segura el agua potable

Isabel Cristina López
Entre los dos llevan adelante la crianza de sus tres hijos varones evadiendo estereotipos de género y luchando cada día por un futuro mejor para ellos.
Jorge Ricardo Ramírez
09 Diciembre 2025

En la calle 54, cerca de la terminal de Artemisa vive una familia singular. Uno de los tantos hogares beneficiados con un tanque de agua donado por UNICEF que alivia una de las complejidades de la vida cotidiana: la dificultad para almacenar de forma segura el agua potable. 

Milayne y Leidén llevan 21 años siendo pareja. Ella tenía 19 y él 22 cuando se conocieron y se enamoraron. A los tres años de relación tuvieron a Deniel, que hoy tiene 17 años. Luego llegaron Dainel, que tiene 13 años y Darío de 6 años. Milayne ha pasado complicaciones con sus embarazos, ha tenido que hacer reposo y dice que más nunca ha subido una libra después de sus hijos. Ella es una mujer delgada de rostro sereno y dulce. Es ama de casa y dedica sus días a cuidar a su hijo más pequeño. Leidén además de trabajar de estibador en unos almacenes para el Estado, tiene un estudio de tatuajes. Comenzó hace más de siete años en ese mundo y por un tiempo fue el único ingreso económico de la familia. 

Entre los dos llevan adelante la crianza de sus tres hijos varones evadiendo estereotipos de género y luchando cada día por un futuro mejor para ellos. 

Milayne y Leidén comparten la vida, la crianza y las tareas del hogar.
Jorge Ricardo Ramírez Milayne y Leidén comparten la vida, la crianza y las tareas del hogar.
Dainel, amante de los gallos y la naturaleza.
Jorge Ricardo Ramírez Dainel, amante de los gallos y la naturaleza.

A Dainel le encanta la naturaleza. El pequeño patio de su casa es su lugar favorito. Desde chiquito es quien se encarga de regar las plantas y cuidar a los animales. Su mayor tesoro son sus gallos. Él los cuida con mucho cariño y responsabilidad. Les limpia el pico y las espuelas con una esponjita mojada. Les acaricia las plumas y con su mano les da brillo y fuerza. Dainel mira a sus gallos como si entendiera lo que le quieren decir con sus ojos redondos. 

Definitivamente tiene un don, una sabiduría natural que le permite entender los ritmos de la naturaleza y eso lo convierte en un adolescente feliz. Dainel estudia para sacar buenas notas y coger la carrera de Veterinaria cuando termine la secundaria. Sus padres lo apoyan y fomentan esa afinidad, sabiendo que su hijo será un hombre noble y sensible. “Él quiere una gallería, quiere criar un puerquito, quiere un curiel… Y todas esas matas que tenemos las siembra él. Tiene una mano divina, lo que siembra se le da lindísimo.” La madre orgullosa ansía mudarse para la otra casa, donde hay una tierra roja buenísima, para que su niño tenga más espacio para sus gallos, sus plantas y otros animales. 

Deniel es un joven callado y de mirada tierna. Tiene dos pasiones: el dibujo y la culinaria. Ha crecido viendo a su padre entre lápices, pinceles y agujas. Le gusta hacer dibujos sobre el universo manga y recrear personajes conocidos con sus nuevas ideas. Además de ser divertido, dibujar es un ejercicio de concentración y creatividad que el joven realiza con mucho placer. “Muchacha, ese no duerme por las noches, lo de él es dibujar hasta tarde. Le encanta.” La madre sabe que ya no vale la pena decirle que se acueste temprano. 

También le gusta el arte de tatuar, que ha visto a su padre practicar desde hace años. Ya ha hecho sus tatuajes con diseños propios y, dice su papá que lo hace muy bien. 

Deniel también es un amante de la culinaria. Estudia gastronomía y en su casa, de vez en cuando, le gusta preparar platillos especiales para sus hermanos y sus padres. Con sus 17 años, así se va haciendo grande, con sus pasiones compartidas entre el dibujo, el tatuaje y la cocina.   

Deniel y una de sus creaciones nocturnas.
Jorge Ricardo Ramírez Deniel y una de sus creaciones nocturnas.
Darío con su pequeña amiga y confidente.
Jorge Ricardo Ramírez Darío con su pequeña amiga y confidente.

Darío es el más enérgico de los hermanos. Es la algarabía hecha niño. Salta, corre, abraza a su madre y parece que quiere hacer tres cosas al mismo tiempo. Siempre se está riendo y es cariñoso con su familia y con las visitas. 

Como no ha ido a Círculo está muy apegado a la mamá. Pero en el prescolar encontrará nuevos amigos y otras actividades que lo hagan reír. Desde hace un tiempo tiene una pequeña tortuga a la que le cuenta sus secretas travesuras.

Darío se demoró en comenzar a hablar, por lo que sus padres lo han tenido que llevar a psicólogos y logopedas. En la actualidad con 6 años, Darío “habla hasta por los codos”, como dicen los viejos. Es un niño desenvuelto y carismático. Un ángel de la jiribilla que alumbra a la toda la familia. 

Su casita está en el patio de una vivienda familiar en Artemisa. Para entrar, la familia debe atravesar toda la casa principal, que es propiedad de unos parientes. Aunque tienen su espacio y ahí han nacido sus tres hijos, les falta privacidad y comodidad. Como tantas familias cubanas viven con lo poco que tienen, en un espacio reducido. 

La familia unida pensando en el futuro.
Jorge Ricardo Ramírez La familia unida pensando en el futuro.