“La partida de un ser querido es una pérdida afectiva importante e irremplazable”

Conversamos con nuestra especialista sobre cómo apoyar a los niños y niñas frente a la pérdida o enfermedad de un familiar por el coronavirus.

UNICEF
Duelo
UNICEF/Chile/Concurso de fotografías 2010
31 Agosto 2020

La pandemia provocada por el Covid-19 no solo ha cambiado nuestras rutinas, sino que también nos ha acercado de manera abrupta a la experiencia de la enfermedad y de la muerte. Cada día se informa, con gran cobertura mediática, sobre el nuevo número de contagiados y de fallecidos por coronavirus. Una realidad impensada hace unos meses y que hoy forma parte de la cotidianeidad. Así como los adultos, los niños y niñas no son ajenos a esta información y deben convivir con ella y lidiar con los sentimientos que les provoca.

En este contexto, conversamos con Francisca Morales, psicóloga y Oficial de Educación de UNICEF, sobre cómo podemos ayudar a los niños, niñas y adolescentes a enfrentar y procesar esta nueva realidad, donde las pérdidas han sido parte de la vida cotidiana.

¿Cómo se puede abordar con los niños y niñas el tema de la muerte?

En términos generales, independiente de la edad, es necesario que los adultos se den un espacio para conversar con los niños, niñas o adolescentes sobre la muerte. Es bueno que los niños nos vean llorar si tenemos pena. Es bueno que los niños y niñas expresen su propio dolor y que los adultos les transmitan que ese dolor se irá calmando, aunque la pena permanezca.

El duelo es un proceso, no un momento: la partida de un ser querido es una pérdida afectiva importante e irreemplazable. El proceso de duelo implica pasar por diversos estados emocionales, desde la angustia de la partida, la tristeza profunda, la rabia hasta llegar a un estado de pena más tranquila. Es como una herida profunda que duele y que con el tiempo va cicatrizando hasta que después deja una huella en la piel que siempre estará, pero no genera angustia al mirarla. Lo importante para que sane, es haber hecho el proceso de limpiarla, y eso implica conectarnos con la pena, la impotencia, el dolor, no evitarlo.

En el caso de niños y niñas que hayan sufrido la pérdida de un familiar en el contexto del Covid-19, ¿cómo podemos acompañarlos en el proceso del duelo?

En caso de vivir la muerte de una persona cercana o un ser querido es necesario entender que los niños y niñas lo van a procesar y vivir de manera diferente según la edad, pero siempre es necesario conversar con ellos y explicar lo que pasó con palabras adecuadas a su etapa de vida, respondiendo a sus preguntas con honestidad y haciéndolos parte de algún rito de despedida.

Los niños y niñas menores de 5 años no necesariamente entenderán la pérdida tan claramente ni tendrán la capacidad de entender que no volverán a ver a esa persona. Esto no significa que no sientan emociones como pena, rabia o ansiedad y probablemente esto se irá manifestando en el tiempo de maneras diferentes como problemas al dormir o comer, y cambios de humor. En el caso de los niños y niñas de entre 6 y 11 años, ellos tienen una capacidad de comprensión mayor frente a la pérdida o muerte de un ser querido. Para ellos es claro que no volverán a ver a esa persona. En este caso es necesario acoger sus manifestaciones de pena y dolor, acompañarlos cariñosamente a vivir día a día la experiencia del duelo sin esperar que sea un proceso rápido. Probablemente querrán saber más acerca de nuestras creencias sobre lo que pasa después de la muerte, a lo cual es bueno contestar con honestidad de acuerdo con las creencias de cada uno, o asumiendo que es posible no saber. Lo fundamental es no cerrarse a conversar, escuchar con atención, acoger lo que el niño o niña siente y piensa y nunca hacerle sentir que su preocupación o sentimiento es poco importante.

“Es necesario que los adultos se den un espacio para conversar con los niños, niñas y adolescentes sobre la muerte. Es bueno que nos vean llorar si tenemos pena”.

¿Y en el caso de los hijos e hijas más grandes?

En el caso de los adolescentes, el proceso puede ser bastante intenso, porque las emociones en ellos son poderosas y cambiantes. Pueden pasar de una gran pena a a la risa, lo que no significa necesariamente que el dolor se haya ido. Probablemente buscarán consuelo entre sus pares más que dentro de la familia, lo que puede hacerlo más reticente a conversar. Sin embargo, lo importante es estar atentos de manera permanente a cómo evoluciona este proceso y manifestar siempre la disponibilidad a conversar o solo abrazar.

¿A qué conductas deberían estar atentos los padres y madres en el caso de los niños y de los adolescentes?

En general, los cambios de humor más permanentes que lo hagan ser una persona muy diferente a la que era antes de la pérdida de un ser querido por un tiempo prolongado, es una señal de preocupación. También si hay cambios drásticos en la alimentación (aumento excesivo o dejar de comer), si hay trastornos del sueño, aumento de la ansiedad de separación o de los miedos en los más chicos. Los síntomas preocupantes en general están asociados a cambios que duran mucho en el tiempo o si son muy intensos. En los adolescentes es importante estar atentos a las señales de ansiedad como realizarse cortes en el cuerpo, o la aparición de pensamientos suicidas. En estos casos siempre es necesario consultar un especialista.

¿Cómo podemos hablar con los niños y niñas sobre la muerte?

Cada familia puede explicar la muerte de acuerdo con sus propias creencias, lo importante es que el niño o niña entienda que ya no verá más a esa persona, que no se fue porque quisiera irse sino porque su cuerpo no pudo resistir una enfermedad. Lo importante es ser claros con la explicación. Por ejemplo, puede decir algo como: “Tengo una noticia muy triste que darte. Tu abuelo murió. Eso significa que su cuerpo dejó de funcionar y que ya no le veremos más”. Aunque decir algo tan directo puede ser muy difícil para un adulto, es importante ser honesto y transparente. Aceptar la muerte de alguien es muy difícil, pero es mucho peor que el niño quede en un estado de confusión o con la expectativa de volver a ver a esa persona.

En términos simbólicos, ¿qué podemos hacer?

Siempre es bueno hacer un rito de despedida. En tiempos como los que vivimos, en que es restringida la posibilidad de participar en un funeral, la recomendación es hacer algún tipo de rito de despedida para esa persona que murió. Puede ser una conversación familiar, con una fotografía de esa persona, en la que cada uno pueda contar alguna experiencia que recuerde, o donde se destaquen características positivas de esa persona. De esa manera se genera un momento especial para familia que vive junta su cuarentena, al que se pueden sumar otros familiares o amigos por videollamada, en que se puedan acompañar en la pena, y atesoren un momento específico como la despedida de este ser querido.

Por último, es importante señalar que el duelo es un proceso relacionado con las pérdidas, no sólo con la muerte, y en estos tiempos los niños, niñas y adolescentes han vivido muchas pérdidas: la relación con sus amigos, la posibilidad de salir a jugar a la calle, la vida escolar, el último año de colegio para los que están en cuarto medio, etc. Todas estas pérdidas pueden generar sentimientos de tristeza, rabia, frustración frente a los cuales es bueno poder abrir un espacio de conversación en las familias.