Los niños y niñas aprenden mejor si juegan, leen, cantan y bailan
UNICEF invitó a especialistas para que hagan recomendaciones a los padres y madres sobre cómo apoyar mejor el aprendizaje de los pequeños ahora que la familia está más tiempo en casa.
El juego, la lectura, la música y la expresión corporal son cuatro pilares del aprendizaje durante la primera infancia, recalcan expertas que participaron en el webinar “Educación inicial en familia comunitaria en tiempos de Covid-19. ¿Cómo apoyamos a nuestros hijos e hijas de 0 a 5 años?”, realizado el 20 de junio de 2020 en el marco de la serie #unicefencasa.
“Los primeros años son fundamentales para el aprendizaje y el desarrollo integral de las personas. En los primeros mil días, que empiezan en la gestación, se establecen las bases fundamentales en todos los niveles. En este periodo el cerebro crece hasta el 80% de su peso”, destaca Adriana Ayala, Oficial de Educación Inicial de UNICEF Bolivia.
Las experiencias del infante durante esta primera etapa determinarán cuán desarrollados estarán los sentidos, habilidades y capacidades para asimilar el aprendizaje durante la vida. “Las personas podemos aprender hasta que morimos, pero es justamente es los primeros años en los que el aprendizaje se favorece”, indica Ayala.
¿Y cómo es posible optimizar este proceso? Para Adriana Valcarce, Especialista de Desarrollo Infantil de la oficina de UNICEF para América Latina y el Caribe, uno de los pilares del crecimiento de los niños es el juego.
La diversión como herramienta de aprendizaje
“Para desarrollarse en esta etapa, el cerebro necesita tres ingredientes: alimentos nutritivos, amor (protección integral) y juegos. Durante los primeros mil días, las habilidades más simples se desarrollan a través de juegos que fomentan la interacción, la confianza, la visión y la audición”, entre otros, afirma la experta.
Es sobre estas habilidades que se cimienta el perfeccionamiento de funciones cognitivas superiores más complejas. “Una casa que no tiene unos cementos sólidos será frágil, no va a ser una casa sobre la que podamos construir otro tipo de estructuras. Y a diferencia de las casas, los cerebros de los niños no se pueden tumbar y volver a construir: por ello tenemos que aprovechar esta oportunidad tan importante que es la primera infancia” subraya Valcarce.
El aprendizaje empieza desde la concepción, a través de estímulos e interacciones simples que les ayudan a descubrir el mundo que los rodea, como el observar los ojos y gestos de sus padres, y el que mamá se esconda detrás de una toallita y luego vuelva a mostrarse (así aprenden el concepto de permanencia del objeto). El proceso continúa luego con el desarrollo de las funciones ejecutivas: la memoria de trabajo, el autocontrol y la flexibilidad mental, habilidades que siempre serán necesarias para pasar de una actividad a otra.
Entre los tres y cinco años, los niños ingresan a un entorno de aprendizaje más estructurados. Con los juegos pueden poner en práctica su imaginación, crean sus propias reglas, asumen roles y turnos (autorregulación), e inventan sus propios cuentos. En esta etapa, que continúa hasta entrar a la escuela primaria, los adultos deben apoyar además a sus hijos a definir un plan y seguirlo; a ensayar, equivocarse y aprender de ese error; y a relajarse para que puedan concentrase mejor.
Al concluir su participación en el webinar, Valcarce recuerda a mamás y papás que el juego ayuda a que los niños y niñas estén más motivados y aprendan mejor –como sucede con los adultos– cosas que les interesan, los emocionan y apasionan.
Historias que ayudan a crecer
Patricia Velasco, directora del proyecto editorial Fomento al Desarrollo Infantil (FODEI), incidió por su lado en la importancia de los libros para el aprendizaje en la primera etapa de la infancia.
Esto es más importante debido a que en Bolivia se leen de 1 a 3 libros por persona al año, cuando esta cantidad en Brasil es de 4, en Argentina de 4,6, en Colombia de 5, en Chile de 5,4, en España de 10, en Estados Unidos de 17 y en Finlandia de 47.
En el país, muchos de los libros leídos son material de literatura y se leen de forma obligada, lo que puede ser “un trabajo penoso” o un “castigo” para los niños, lamenta Velasco.
Para crear el hábito de lectura en las futuras generaciones, la experta ofrece algunas pautas a la hora de tratar con un libro:
- ¿Cómo elegirlos? Que sean de calidad y resistentes, con relatos cortos y repetitivos, con imágenes muy claras y con contenido recreacional. Que sea de interés de ellos e incluyan posibilidades de aprender.
- ¿Dónde y cuándo leerlos? El lugar debe ser agradable. Cualquier momento es bueno, después de una comida, antes de la siesta o antes de dormir, porque la lectura de un libro para niños toma unos minutos. Eso sí, para interpretarlos correctamente, es decir, para que el niño viva la historia, el adulto debe leer el libro antes, para luego saber controlar el tono, el volumen y el ritmo de la voz, incluyendo de vez en cuando movimientos y gestos sorpresivos que siempre son del agrado de los pequeños.
- ¿Cómo explorar con las preguntas? Lo principal es que sean preguntas abiertas, para ayudarlos a reflexionar sobre los personajes y temas. Así pueden ir puliendo sus capacidades de observación, de opinión y de descripción. Con preguntas como ¿qué cambiarías tú de los personajes?, ¿cuál sería otro final?, ¿a qué te hace recuerdo?, ¿por qué te parece tan gracioso? el niño aprende a expresarse, pero con argumentos.
Actualmente, “no solo no tenemos el hábito de lectura en Bolivia, sino que no sabemos apreciar el libro. Cualquier otra cosa es más importante que invertir en unos libros”, lamenta Velasco, quien insiste en que es urgente cambiar esa tendencia.
La música, el lenguaje común de la comunicación
La educadora y compositora Montserrat Arze, por su lado, hizo énfasis en la importancia de la música como herramienta de la comunicación y el lenguaje en una época de acercamiento tecnológico global, pero de barreras sociales y culturales aún levantadas.
“Somos tan diversos y vivimos nuestras historias de formas tan distintas (…) que se hace necesario preguntarnos ¿qué tan efectivamente estamos llevando nuestra comunicación? ¿Somos lo suficientemente responsables para enseñarle a una persona pequeñita cómo comunicarse?”, cuestiona.
Aunque este parece un escenario triste, hay buenas noticias. Sí existe en estos tiempos un lenguaje común entre todos los seres humanos, una expresión que rompe todas las barreras y que nos comunica a niveles profundos; una herramienta con la que podemos decir lo que sentimos, pensamos, soñamos y creemos de una forma universal: la música.
“Con una canción la imaginación vuela y la mente trabaja”, resalta la compositora.
“Piensen en una canción de su infancia. Cuando mi abuela me cantaba yo era feliz y el aprendizaje que uno tiene mientras tiene ese sentimiento de felicidad es para siempre. Por este motivo las canciones son herramientas tan valiosas, porque generando un momento de felicidad podemos sembrar y cultivar las ideas por muchísimos años”, explica.
Pero esa herramienta viene con algunos retos para los adultos:
- es esencial generar un lazo de confianza con el niño, el cual parte de la confianza en uno mismo;
- se requiere retornar a la naturaleza musical, “volvernos niños otra vez y divertirnos al cantar y bailar”;
- dejar las estructuras adultas de lado, “para poder enamorarnos de todo lo que vamos a compartir”.
El movimiento, un flujo enriquecedor
Las charlas sobre el juego, la lectura y la música se complementaron en el webinar con las lecciones sobre el movimiento a cargo de Glenda Rodríguez, del teatro cruceño Chacana. Los espacios de expresión corporal, estimulación sensorial temprana y el movimiento son también de vital importancia para favorecer el aprendizaje de los niños, asegura la artista, actriz e instructora de yoga.
Desde sus primeros días es primordial para el bebé el contacto de ojos, manos y piel, llegando incluso los masajes a fortalecer el sistema inmunológico. La estimulación sensorial es una siguiente etapa, al presentarle al nene diferentes texturas que le pueden conseguir en casa: un recipiente con arroz o harina, una maceta o un jardín en los que haya tierra y una jarra de agua, entre otras, para articular a través de la piel lo que mira y siente.
“Telas, frutas, cortezas de árboles, tapitas de plástico, tubos de papel, la riqueza de los estímulos sensoriales es infinita” y nos permite “fortalecer la autoestima, la seguridad y la confianza (…). Es un aprendizaje vivencial” y vital ahora que estamos en confinamiento en casa, destaca Rodríguez. “Si el niño puede abiertamente jugar, tocar y bailar vamos a tener un adulto mucho más fortalecido y seguro”, subraya.
Las cuatro panelistas brindaron durante la conferencia virtual interesantes pautas para aplicar el aprendizaje con base en los libros, la música, el juego y el movimiento.
“Nos han dado consejos muy importantes para apoyar a nuestros niños durante la primera infancia. Hay muchas técnicas y estrategias que se pueden implementar en casa (…), pero es muy importante el cariño, el amor y que ustedes (padres) estén presentes para ellos”, finaliza Adriana Ayala.