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UNICEF abre una nueva era en la vacunación de pueblos indígenas amazónicos

Se asegura la cadena de frío con energía solar en el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS)

UNICEF Bolivia
Bolivia, TIPNIS, cadena de frío, pueblos indígenas, vacunas
UNICEF Bolivia/2023/Ruiz
11 Marzo 2024

Gracias a UNICEF y al Gobierno de Canadá, ahora en la comunidad de Puerto San Lorenzo, al sur del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), cuenta con un refrigerador que funciona con energía solar. Este refrigerador es crucial para apoyar el sistema de vacunación contra el COVID-19 en localidades remotas que carecen de acceso a la red eléctrica. El apoyo proporcionado a través de CanVAX ha hecho posible la adquisición y transporte de estos refrigeradores a comunidades remotas de la Amazonia boliviana.

En el Centro de Salud de Puerto San Lorenzo, una comunidad al sur del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis), había que hacer milagros para mantener la calidad de las vacunas. Sus refrigeradores funcionaban a gas licuado porque no tienen energía eléctrica y debían hacer peripecias para que este combustible aguante un mes.

Esa situación dio un cambio radical el pasado 12 de octubre de 2023, cuando, después de un viaje de siete días en un bote deslizador, llegó un refrigerador a energía solar donado por UNICEF. En él se almacenan ahora todas las vacunas del Esquema Nacional de Inmunización, especialmente aquellas que se emplean contra el COVID-19.

El Ministerio de Salud y Deportes recibió el 15 de agosto de UNICEF diez refrigeradores con paneles solares que fueron distribuidos a diferentes comunidades indígenas del país. Una de ellas es la comunidad de Puerto San Lorenzo, en el departamento amazónico de Beni, habitada por 60 familias mojeñas trinitarias.

Iván Gutiérrez Mamani es el médico que está a cargo desde hace dos años del centro de salud de Puerto San Lorenzo. Al ver las grandes cajas que protegen el refrigerador, el panel solar y sus accesorios, se emocionó y contó cómo lograban hasta ese momento –junto a dos enfermeros– garantizar la calidad de las vacunas que llegaban a la comunidad indígena.

Señaló que por mes se necesitan al menos cuatro garrafas de gas para que las vacunas se mantengan en la temperatura adecuada; sin embargo, en tiempos de calor se pueden requerir hasta siete cilindros para mantener la cadena de frío. Las garrafas llegaban en botes por río a un costo muy elevado. En tales condiciones, el acceso a la vacunación resultado muy limitado, por lo que en estas localidades existen niños y niñas con esquemas de inmunización incompletos.

“Recorrí todos los ríos del Beni como médico de brigada. ¿Qué es lo que hacíamos para conservar lo más que se pueda la vida útil de las vacunas? Debíamos conseguir unas cajas de corcho y comprar bloques de hielo para rellenarlas bien, de manera que la temperatura ideal aguante unos tres días. Cuando nos enteramos de que alguien viene en avioneta, le pedimos que nos traigan las vacunas y no hay problema, en una hora están acá. Lamentablemente, para llegar a nuestra comunidad no hay un transporte establecido, no hay barcazas públicas, como en otras comunidades. Si alguien desea llegar a Puerto San Lorenzo hay que ver quién está bajando (a Trinidad) y pedir que lo lleven a uno”, relata Gutiérrez. 

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UNICEF Bolivia/2023/Ruiz
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UNICEF Bolivia/2023/Ruiz
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UNICEF Bolivia/2023/Ruiz
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UNICEF Bolivia/2023/Ruiz

Viaje marítimo, terrestre y fluvial. En territorio boliviano el refrigerador a carga solar salió de los depósitos de El Alto en la zona andina del país hasta llegar a la Amazonía.

Los refrigeradores solares los adquirió UNICEF Bolivia a través de su División de Suministros en Copenhague. El transporte y la logística fueron financiados por CanVax. Los aparatos iniciaron su viaje marítimo en un barco carguero desde el puerto de Copenhague, Dinamarca, hasta Arica, Chile.  Allí los subieron a camiones de transporte pesado y llegaron hasta Bolivia, primero a un almacén temporal en la ciudad de El Alto, y luego a diferentes puntos del país. Uno de ellos llegó hasta el cruce Los Puentes en la Amazonía beniana para iniciar su tramo final por vía fluvial hasta Puerto San Lorenzo.   

La travesía empezó el 7 de octubre de 2023. Cuatro jóvenes indígenas, tres varones y una mujer, llegaron en dos barcazas al cruce Los Puentes para ser parte del periplo histórico. Ellos fueron testigos de toda la logística que se requiere para llevar un equipo moderno de cadena de frío a la espesura del bosque amazónico. Personalmente lideraron el último tramo de la travesía con la navegación por los ríos Mamoré, Isiboro y el Sécure.

Ya listos, Lorgio Moye Mutimo, el encargado de las barcazas, agarró algunos palos que encontró en las orillas del Mamoré y construyó con ellos un techo improvisado en una de las barcazas para que la tripulación se proteja del imponente sol. 

De mirada firme, el joven capitán comenzó la travesía sin temor gracias a su vasta experiencia en la navegación. A sus 26 años domina las ubicaciones de los ríos y también conoce muchas técnicas de supervivencia, conocimientos que le permitió a todos viajar con tranquilidad durante los siete días de travesía. Claro que hubo momentos difíciles, como cuando un fuerte viento con arena les jugó una mala pasada al iniciar el periplo, pues afectó la visibilidad. El río tenía, además, un oleaje diferente, pero Lorgio y sus amigos pudieron sortear sin problemas estos obstáculos. 

Para hacer todo el recorrido se utilizaron 300 litros de gasolina. En esta época la navegabilidad en los ríos amazónicos es peligrosa, ya que los afluentes, sumando la sequía que vive Bolivia, están con niveles bajos, sobre todo el Sécure, que es la principal vía para llegar a este pueblo. La comitiva llevaba consigo unos 800 kilos de carga en las dos embarcaciones: solo el refrigerador pesa 200 kilos y el panel 60; el resto del peso se distribuyó entre el combustible, el material de viaje y las personas. 

El refrigerador llegó vía fluvial hasta Puerto San Lorenzo gracias al experto pilotaje del indígena mojeño trinitario, Lorgio Moye.

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UNICEF Bolivia/2023/Ruiz

“Sabemos de la gran responsabilidad que tenemos. Estamos llevando estos equipos para que la comunidad tenga una buena cadena de frío y así las vacunas puedan ser utilizadas sin problemas. El pueblo está alegre”, resaltó Lorgio.

“Pasamos 16 comunidades en todo el trayecto. La última parte fue la más difícil porque debimos buscar la forma de pasar algunos tramos. Nos bajamos a empujar, quitar los palos del río y hasta tuvimos que parar en algunas playas para cocinar; pero, para ganar tiempo, hubo momentos en los que solo comimos sardinas con pan en los mismos botes para evitar detenernos. En las noches buscamos lugares seguros para dormir tranquilos, ya que en varios puntos hay tigres, leones, lagartos. Felizmente, todo este esfuerzo dio buenos resultados. Hoy, la cadena de frío está garantizada y ya no vamos a estar preocupados por buscar garrafas de gas. Es un beneficio para toda la comunidad y me alegra ser parte de esta historia, ¡muchas gracias a UNICEF!”, destaca Lorgio Moye.


La vida en Puerto San Lorenzo
Puerto San Lorenzo tiene grandes limitaciones de acceso. La señal de telecomunicación es muy baja y no hay vías de conexión; el río Sécure es su única vía de ingreso y salida, pero no hay barcazas que trabajen como transporte público. La comunidad carece de energía eléctrica y la comunidad consume agua de pozos y del río.  

Allí viven 75 niños y niñas menores de 11 años y 30 adolescentes quienes asisten a una unidad educativa que tiene el nivel inicial, primaria y secundaria.

La cobertura de educación y salud están mejorando. Ahora, con el sistema de cadena de frío con carga solar para las vacunas se dio un paso vital. Gutiérrez se emociona al saber que la inmunización estará garantizada: “Es una alegría, no hay muchas palabras”, admite el profesional médico.