Sebastián, el joven emberá que, además de árbitro de fútbol, es técnico en saneamiento e higiene

Sebastián es el técnico que supervisa que las acciones y procesos de saneamiento e higiene se desarrollen efectivamente en las Estaciones de Recepción Migratoria en Darién y en las comunidades de acogida.

UNICEF
25 Abril 2022

Sebastián Contreras era muy joven cuando comenzó a trabajar en el Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC). Esa experiencia laboral cambió el curso de su vida y también su forma de ver a su comunidad y su entorno. “Nunca imaginé que podía interesarme, pero con el tiempo me di cuenta que me gustaba mucho trabajar con la gente, sobre todo en temas de derechos humanos”.

Sebastián, joven emberá  árbitro de fútbol y técnico en WASH
UNICEFPanamá /2022/Urdaneta

Originario de la comunidad Emberá de Lajas Blancas, árbitro de fútbol y fanático de la Selección Nacional y del Real Madrid, Sebastián es hoy el técnico de RET encargado de coordinar y velar que todos los procesos y acciones relacionadas al agua, saneamiento e higiene en las Estaciones de Recepción Migratoria (ERM) de Darién y la comarca Emberá Wounaan, se implementen adecuadamente, según la Estrategia de Manejo de Residuos Sólidos y Saneamiento que desarrolla UNICEF en San Vicente y Canaán, gracias a fondos de la Unión Europea – Ayuda Humanitaria.

UNICEF desarrolla este programa junto con RET Internacional, organización de la cual Sebastián hace parte, y SINAPROC como socios locales. El objetivo es definir procesos de limpieza e higiene dentro de las estaciones y comunidades receptoras y crear modelos comunitarios que permitan que esas comunidades puedan implementarlas con más independencia. Sebastián es quien da el pitazo inicial a las acciones del día. Y es muy probable que su experiencia como árbitro de fútbol lo ayude a no dejar pasar ningún detalle y a coordinar a todos los equipos de manera sumamente ordenada. Como si tuviera un VAR incorporado en su cabeza. Y eso le ha hecho ganar el respeto de todos en las ERM.

Delrin Chavarría, técnico especialista de saneamiento e higiene de UNICEF y promotor del programa en la zona, explica que la estrategia “se ha ido desarrollando de distintas maneras y ritmos y se ha ido acomodando según las necesidades, realidades y problemáticas propias de cada espacio, el flujo de migrantes y las particularidades de cada comunidad”.

Lo que se busca -apunta Delrin- es que las instituciones responsables del manejo de las ERM y las comunidades, a corto plazo, “puedan continuar y sostener los proyectos por su cuenta, profundizando su sentido de pertenencia, su sensibilidad hacia la población migrante y hacia el cuidado del medioambiente de la zona”.

Para él, este talento local termina siendo multiplicador en sus propias comunidades, replicando las buenas prácticas, amplificando el impacto positivo y generando un efecto dominó, como es el caso de Sebastián y otros colaboradores de las comunidades.

El equipo de RET Internacional se encarga de realizar capacitaciones y charlas con el Servicio Nacional de Migración, el Servicio Nacional de Fronteras (SENAFRONT) y el Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC), responsables de manejar los ERM. “Aprenden sobre clasificación de basura, tiempo de permanencia de desechos, entornos saludables y de control del incremento de vectores, mantenimiento de las áreas, etc., para evitar enfermedades como malaria y dengue, entre otras”, explica Sebastián.

Delrin agrega que en estas capacitaciones también se integra el factor intercultural, “ya que es clave para la toma de ciertas decisiones que permitirán el buen desarrollo de la estrategia: recibimos personas migrantes de más de 56 países y cada cultura tiene una manera diferente de manipular sus desechos y gestionar su higiene. Algunos están más familiarizados con nuestras costumbres, pero otras nacionalidades y culturas tienen otras visiones al respecto, válidas en sus contextos, pero que en el espacio migratorio no son las ideales”.

Los técnicos cuentan que los casos de diarrea estaban aumentando “principalmente porque muchos migrantes, después de utilizar los excusados, no se lavaban las manos. Pudimos controlar y disminuir los casos, no sólo de diarrea, sino también de otras infecciones, capacitando a las personas migrantes sobre lavado de manos, higiene menstrual y autocuidado, así como a través del mejoramiento del suministro de agua, la limpieza de los espacios y la higiene en general”.

Un respiro para los migrantes

“Adicionalmente a las capacitaciones, cuando las personas llegan a las estaciones, les entregamos unos kits de higiene con distintos productos de aseo personal que ellos podrán utilizar en las estaciones para asearse y que les servirán por unos días hasta llegar a su siguiente parada” explica Delrin. “Estos kits, ellos, los agradecen mucho y se los hemos podido ofrecer gracias al apoyo de la Unión Europea – Ayuda Humanitaria”.  Además de los kits personales, también se ha armado en cada ERM un cobertizo o bodeguita con un kit de saneamiento, que cuenta con hidrolavadora, escalera, palas, rastrillos, fumigadora, cortadora de césped y artículos de limpieza para ser utilizados a libre demanda por UNICEF, sus socios y la comunidad local para poder cumplir con el mantenimiento de las áreas.

Delrin entregando kits
UNICEFPanamá /2022/Urdaneta
La tiendita
UNICEFPanamá /2022/Urdaneta

UNICEF a través de su socio HIAS se encarga de capacitar a las mujeres y adolescentes sobre salud menstrual y les entregan kits que además incluyen productos de gestión menstrual.

San Vicente cuenta con baños químicos separados para hombres y mujeres, pero también algunos de uso exclusivo de niños y niñas y todos están instalados sobre planchas de concreto financiadas por UNICEF. Estos excusados son contratados externamente por el Servicio Nacional de Migración. UNICEF y RET coordinan para que la gestión de residuos y excrementos sea efectiva y frecuente”, apunta Delrin. La estación también cuenta con duchas y lavamanos que son periódicamente higienizados por voluntarios de SINAPROC. Los martes se recogen y almacenan los desechos sólidos que dejan los migrantes. Hay cementerios de botas de lluvia, carpas, ropa y decenas de otros artículos de camping que fueron utilizados para pasar la selva de Darién. Los jueves se limpian los espacios de uso común, los basureros y contenedores. Además, se adquirieron cinco bombas de fumigación que manipula el equipo de SINAPROC, para la desinsectación y control de plagas en los albergues.

Comunicación y organización, claves del éxito

Edgardo Figueroa es el director Encargado del SINAPROC en Darién y la comarca Emberá Wounaan y es el responsable de que su personal realice adecuadamente las acciones de salud ambiental y desecho de residuos sólidos en las ERM. La coordinación de las actividades se realiza entre RET y SINAPROC, pero es Sebastián la cabeza de la planificación y quien determina las acciones a seguir.

Camión remueve desechos en la ERM
UNICEFPanamá /2022/Urdaneta
Voluntarios de SINAPROC limpian la ERM
UNICEFPanamá /2022/Urdaneta

Los voluntarios y voluntarias asignados por SINAPROC se presentan en los ERM cada dos días. Todos vienen de comunidades y localidades cercanas. Además de las tareas de limpieza, “revisamos que haya agua disponible las 24 horas, que no haya vidrios ni materiales punzocortantes en el suelo, pozas que atraigan a los mosquitos, tuberías rotas y que, si las hay, sean reparadas. Que todo esté en condiciones saludables”, detalla el director Encargado.

Para Sebastián, el trabajo que se realiza entre todos los actores es sumamente eficiente, pero cree que los resultados serían aún mejores si contaran con una planta de reciclaje para toda la provincia: “Estamos buscando la manera de separar los materiales. Quizá poder revenderlos y reinvertir las ganancias en insumos de aseo como bolsas de basura, etc.” 

Hoy por hoy, en Darién y las Comarcas sólo se separan las latas. Todo el resto de basura es llevado a un vertedero municipal que funciona para toda la zona y que es gestionado por la autoridad de la zona y empresas privadas.

La selva se está llenando de basura

A dos horas y media en carro desde Metetí o después de unas 5 horas en piragua por río se puede llegar a Canaán, el más reciente punto de flujo migratorio a través del Darién. Canaán es un pueblo de la Comarca Emberá-Wounaan, ubicado al lado del río Membrillo. Se trata de una comunidad indígena tradicional muy amistosa. Sus habitantes tienen fama de ser empáticos y acogedores con los migrantes. Si ven que estos no cuentan con medios, la comunidad se organiza y les brinda apoyo o movilización cuando es necesario. Los perros, gatos, gallinas y cerdos pasean libres por el pueblo. Todo es muy tranquilo. Los únicos que corren y gritan son los niños y las niñas. Hay una escuela primaria, un centro de salud y baños de cemento repartidos en varios puntos del poblado y que, se espera, puedan ser utilizados por los habitantes una vez que se construya un sistema de acueductos. Tampoco cuentan con electricidad y dependen de un generador, que se enciende apenas algunas horas del día.

Casi de un día para otro pasó de ser una comunidad tranquila y fuera del circuito migratorio, a recibir hasta más de 200 personas diariamente (casi el doble de su población), lo que ha generado un aumento exagerado en la cantidad de basura.

Cuando los migrantes llegan a las estaciones y comunidades y realizan todos sus trámites de registro, además de los desechos por el consumo de productos alimenticios, también se deshacen de gran parte de los artefactos que utilizaron durante su travesía por la selva, “porque consideran que serán innecesarios e incómodos para el resto del viaje”.

Esto ha obligado a hacer cambios drásticos en las dinámicas de saneamiento y manipulación de los desechos sólidos y UNICEF, junto a sus socios, se han encargado de ayudar a esta comunidad en ese proceso para que el flujo de migrantes pueda transitar por la zona sin afectar grandemente a los locales y al medioambiente.

“En este momento estamos enfocados en capacitar en cuanto a cómo gestionar residuos, en identificar las necesidades y problemas que tienen en las comunidades, las prácticas dañinas, las necesidades en relación al saneamiento, como también cuando reciben a los migrantes, ya que es una carga para las comunidades que no tienen ni la capacidad, ni una economía sostenible para enfrentarlo. Necesitan comprar tinacos, insumos, bolsas de basura y luego, ver a dónde lo desechan o cómo lo sacan”, explica Delrin.

Una comunidad más consciente

El Nokó (líder) de la comunidad de Canaán había sido mordido unos días atrás por una serpiente por lo que, mientras se recuperaba, quedó a cargo Hetwander González, “el Segundo”, como es conocido por toda la población y los guardias de SENAFRONT.

“El Segundo” explica que la comunidad habitualmente ha quemado su basura para luego enterrarla. El problema es que, históricamente, siempre han enterrado la basura a orillas del río y cuando la corriente crece, se lleva esos desechos.

Cementerio de botas
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Luego, con la llegada de los migrantes, continuaban con esa práctica, pero la cantidad de desechos y basura aumentó demasiado, excediendo la capacidad de gestión de la población de Canaán y agudizando enormemente la contaminación que ya de por sí enfrentaban. Porque aparte de las botas de hule y las carpas, también se desechan (y queman) hornillas de metal, baterías, linternas plásticas y gran cantidad de latas de comida, sólo por nombrar los artículos más vistos. Toda esta contaminación también está afectando directamente a las mujeres de la comunidad. “Pasan muchas horas en el río, lavando ropa, trastos, se bañan ahí y el río no sólo trae desechos y excrementos, sino también más detergente y químicos. Entonces ahora se están dando infecciones vaginales en las mujeres de la comunidad”, afirmó Delrin.

quema de basura en Canaan Membrillo
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Los líderes de Canaán decidieron quemar la basura en una zanja mucho más alejada del pueblo para que el humo y los químicos “no nos afecten tanto”, comenta “el Segundo”. Ya se está gestionando un relleno sanitario comunitario de 10 metros cuadrados que se creará para que desechen la basura ahí. Y, por lo pronto, el foco está en concientizar a los habitantes y migrantes para que sigan las nuevas pautas de saneamiento.

Los encargados de replicar, coordinar y asegurar que estas medidas se cumplan, además de orientar y capacitar en higiene a los migrantes recién llegados son ‘Los Sarras’, una especie de policía comunitaria que, además, se encarga de mediar en conflictos internos de la población local y acompaña a las unidades de seguridad de SENAFRONT en sus guardias durante el toque de queda, que es a partir de las 8 de la noche. También ayudan a dirigir y orientar a los migrantes hacia las instituciones de migración.

La recolección de la basura la realizan, específicamente, voluntarios locales que necesitan algo de dinero y se ofrecen para realizar la tarea. Además, cuenta Hetwander que están reutilizando botellones plásticos de agua que desechan los migrantes para acarrear agua del río o para almacenar nance. Las latas se van en una piragua o camioneta periódicamente para revenderlas.

Influenciadores para un futuro sostenible

En Canaán, cuando los niños y niñas salen a recreo, se escapan al Espacio Amigable de UNICEF, la carpa infantil gestionada por RET para la atención de la población infantil y juvenil. En este Espacio Amigable, quien apoya las labores diarias es Fernanda Siciliano, joven emberá, estudiante de quinto año en la escuela Marco Alarcón de Metetí y, casi oficialmente, lo más parecido a una princesa que tiene la localidad. Su papá es el Nokó (el primero) del pueblo. “Me gusta mucho trabajar con los niños, pintar, hacerles las charlas y bailar, que es la actividad más popular de los pequeños acá en Canaán. ¡Les encanta!”.

La teacher Fernanda de RET
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Mónica Arcia, “la teacher” de RET
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Los niños hacen una fila y cada uno se lava las manos con un jabón y con agua traída en balde desde el río. Fernanda y Mónica Arcia, “la teacher” de RET, los organizan e instruyen. Todo es risas y juegos, pero los turnos se respetan y los niños se restriegan las manos con un profesionalismo digno de cirujanos. 

La idea es que Fernanda, eventualmente, siga a cargo de las actividades infantiles cuando UNICEF y RET ya no estén. Probablemente arme un club de fútbol porque, como Sebastián, también es fanática de ese deporte y, disciplinadamente, viaja a Metetí todos los fines de semana para entrenar con su club favorito: el Géminis de Darién. 

El día termina y, de vuelta en San Vicente, Sebastián se preocupa de dejar todo bien coordinado en la estación, porque termina su semana laboral y regresará a su comunidad y a su familia. En Lajas Blancas, donde vive, no se ve basura en las calles, todo se mantiene muy limpio, ordenado y es claro que todo lo que ha aprendido y presenciado el técnico emberá ha influenciado positivamente y se ha replicado en su entorno y en su propia comunidad. Sus hijos, al verlo llegar, corren a recibirlo y se le tiran encima felices. Uno de los chiquitos nos descubre sacándoles fotos y nos acusa: “¡Papa nos están filmando!” y corre a esconderse, muerto de la risa, detrás de las piernas de Sebastián. Este fin de semana irán a pasear con sus tres perros y por la tarde verán el juego de fútbol junto con toda la familia.

UNICEF, junto a sus socios locales RET y HIAS, implementan programas de saneamiento e higiene, potabilización y distribución de agua, así como de protección en sus Espacios Amigables, en beneficio de la población migrante en tránsito por Darién y comunidades de acogida, gracias a los fondos que recibe de la Agencia Humanitaria de la Unión Europea – Ayuda Humanitaria.