Los niños y niñas en Venezuela te necesitan
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La decisión de migrar

La necesidad de ser fuerte para dejar todo atrás

UNICEF en Panamá
Bajo Chiquito
UNICEFPanamá /2023/Urdaneta
29 Marzo 2024
Bajo Chiquito
UNICEFPanamá /2023/Lepage Después de atravesar la selva de Darién, cada día llegan cientos de migrantes a la comunidad de Bajo Chiquito.

En los últimos años, la espesa selva del Darién ha sido testigo de la travesía de miles de personas, que por diversas razones han tenido que dejar sus países en busca de un destino que les permita tener una vida mejor.

Detrás de cada migrante existe una historia, una razón, una decisión para tomar el rumbo hacia el norte de América buscando el aquel llamado “sueño americano”, que para ser alcanzado demanda grandes sacrificios. Atravesar los riesgos y peligros de una selva de más de 17.014 km2 está muy lejos de parecer el camino ideal para cumplir aquellos sueños, pero ante la desesperación, la realidad es otra.

En 2023, Panamá registró el paso de 113,180 niños y niñas y más de 1,000 mujeres embarazadas a través de la selva del Darién, de un total de 520,085 personas de más de 70 nacionalidades en tránsito por esta vía. Esto representa un incremento de tres veces el número de niños y niñas en comparación con el año 2022 (40,438 niños y niñas). Más del 50% son menores de 5 años. En lo corrido de 2024, ya se han vuelto a romper los récord históricos. Pero ¿qué está sucediendo para que el fenómeno de la migración se intensifique tanto en los últimos años en esta parte del mundo?

Ender es venezolano, viaja junto a su esposa, sus tres hijos, su hermana, sus sobrinos y su perrita. La delicada situación que vive Venezuela, desde hace varios años, los llevó a salir de su país para buscar oportunidades en Colombia. Allí vivieron por aproximadamente cinco años hasta que decidieron volver a su país de origen, donde al poco tiempo de su regreso fueron víctimas de extorsión. Ante la angustia y la presión, Ender tomó la decisión de sacar a su familia de Venezuela y migrar hacia Estados Unidos. Atravesar la selva les tomó cinco días y cuando recuerda cómo fue esa experiencia hace una pausa, se frota los ojos, toma aire y continúa. El mayor desafío que vivieron en la selva fue cruzar los ríos crecidos y las altas piedras resbalosas, de las que un paso equivocado podría costarles la vida. “Uno como padre debe cuidar que nada malo les pase a sus hijos. Mis niños fueron unos guerreros”. Con la sonrisa en el rostro tras haber conseguido algunos alimentos después de varios días sin comer, Ender y su familia aguardan en la fila para tomar la piragua desde la comunidad de Bajo Chiquito y así, continuar su camino hasta la Estación de Recepción Migratoria de Lajas Blancas. Todavía les queda un largo camino por delante.

Desde 2018, UNICEF junto a sus socios locales, y gracias a los fondos que recibe de la Agencia Humanitaria y Protección Civil de la Unión Europea, del gobierno de los Estados Unidos, el Fondo de Emergencia de la ONU y fondos propios, implementa acciones de protección infantil, provisión de agua potable, saneamiento y distribución de kits de higiene, protección en casos de violencia basada en género y otros servicios esenciales para devolver la dignidad y salvar vidas de la población migrante y en búsqueda de refugio en tránsito por Darién y la comarca Emberá Wounaán.

Espacio amigable
UNICEFPanamá /2023/Lepage En el Espacio Amigable de UNICEF en Bajo Chiquito, los niños y niñas migrantes y de la comunidad pueden aprender sobre sus derechos a través del juego, la lúdica y el arte.

En Bajo Chiquito, UNICEF a través del socio implementador RET Internacional, brinda servicios de protección infantil en el Espacio Amigable, un lugar para que los niños y niñas puedan jugar y reconectarse con su infancia, tras haber vivido experiencias difíciles durante el viaje. Lizbeth, una mujer venezolana de 26 años, acompaña a sus hijos pequeños mientras juegan. Viaja también con su esposo y su papá. Con la tristeza en su rostro cuenta las vivencias de haber atravesado el Darién. Fue la necesidad y la desesperación lo que los llevó a tomar la decisión de migrar hacia Estados Unidos. Vivieron en Colombia durante cuatro años. Su esposo realizaba trabajos ocasionales, mientras ella vendía dulces en la calle. Fueron sus amigos los que les recomendaron buscar el “sueño americano”. Sin embargo, para ella “esto no es por un sueño, es por darles un futuro a mis hijos y es duro, uno tiene que sacar las fuerzas de donde no las tiene. Mis hijos me pedían comida y no tenía para darles”.

Luis de 29 años migró solo desde Ecuador, de donde es oriundo. Planificó viajar hacia el país norteamericano junto a su esposa y su pequeño hijo; pero varios días antes de salir de Ecuador, decidieron que sería mejor que él viaje primero y luego su familia. Sin embargo, esto no será posible, debido a que Luis solicitó la repatriación voluntaria al llegar a Panamá. Durante su travesía por la selva del Darién, su salud se deterioró por el excesivo esfuerzo físico que hizo. Cuando llegó a la Estación de Recepción Migratoria de San Vicente, pidió al Servicio Nacional de Migración que lo ayuden a tramitar el retorno a su país. Mientras espera una respuesta de la Embajada de Ecuador en Panamá, comparte que la crítica situación que atraviesa su país, la delincuencia, la inseguridad, la extorsión por “las famosas vacunas”, como él mismo describe, están provocando que cientos de ecuatorianos migren hacia Estados Unidos. Ahora y después de lo que ha vivido en su viaje, solo anhela volver a su hogar junto a su familia.

En la selva del Darién, los migrantes se enfrentan a una serie de peligros que incluyen animales salvajes, crecidas súbitas de ríos, enfermedades, accidentes, robos, extorsiones e incluso violencia sexual. Muchas personas no saben sobre estos riesgos y pueden ser víctimas de engaños o estafas. A pesar de todos los peligros, para miles de personas la migración es la única opción para buscar un futuro mejor para su familia.

Una mujer proveniente de Venezuela, y cuyo nombre prefiere mantener en el anonimato por su seguridad, viajó con sus dos hijos. Con los pies heridos e hinchados, toma un descanso en el espacio Cuidado de mí, un lugar proporcionado por UNICEF para dar acompañamiento y apoyo psicosocial a los migrantes que llegan a la ERM de Lajas Blancas. Mientras espera a que su hijo mayor se reencuentre con ella, tras haberse separado en Bajo Chiquito para tomar una piragua que los lleve hasta Lajas Blancas, cuenta cómo esta experiencia la marcó. “No le recomiendo a nadie que se venga. Esa experiencia es horrible. El que no sabe nadar se ahoga, todo allí dentro de la selva es muy duro”. Bajando la mirada y con mucho recelo, prefiere no comentar la razón por la cual tuvo que salir de su país.

César, un joven cubano de 23 años, viajó junto a su esposa y un grupo de 6 personas más. Bajo el intenso sol y con mucho cansancio lograron llegar a la comunidad de Bajo Chiquito. En diciembre de 2022 salieron de Cuba hacia Uruguay en búsqueda de mejores oportunidades, pues a pesar de que él era basquetbolista profesional y su esposa dentista, sus sueldos no eran suficientes para seguir viviendo en Cuba. “No alcanzaba el sueldo para comprar una cubeta de huevos. ¿Cómo vas a sobrevivir así?”, expresa. Después de varios meses viviendo en el país sudamericano, emprendieron el viaje hacia Colombia para cruzar a Panamá a través de la selva y continuar su camino hacia Estados Unidos.

Cada una de las personas que ha atravesado la selva del Darién tiene una historia diferente, pero la mayoría de ellos comparten el mismo objetivo: oportunidades para prosperar. La necesidad, la falta de trabajo, de esperanza, los peligros, la delincuencia, la extorsión y otros motivos más, son las razones que han provocado que miles de niños, niñas, adolescentes, mujeres, hombres y adultos mayores deban dejar su país y buscar un nuevo horizonte.