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Migrantes en pausa

Un accidente, una enfermedad, la denuncia ante autoridades de algún supuesto crimen, la pérdida de documentos o simplemente la espera de una remesa pueden cambiar los planes de cualquier migrante de un momento a otro.

Adela, una mujer migrante, recibe una mochila escolar junto a su nieto Marco y María
UNICEF/2023/Urdaneta

Desde las 4 de la mañana llegan los buses repletos de personas a la Estación de Recepción Migratoria (ERM) de Los Planes, en Gualaca, a una media hora de la capital de Chiriquí, provincia panameña colindante con Costa Rica. Vienen desde el Darién, provincia ubicada al otro extremo del istmo, a donde llegan después de haber caminado por las trochas de la selva darienita que entreteje el tramo más peligroso en su camino hacia el norte del continente.

En uno de esos tantos buses que llegaron a Gualaca a principios de abril, viajaron Carlos, su esposa Yanetzy y su hijo Mathías, de 19 meses, que nació en Colombia tras emigrar desde Venezuela hace cuatro años. 

Carlos, Yanetzy y Mathias son una de las familias que quedaron varadas en la Estación de Recepción Migratoria de Los Planes, Gualaca. at the ERM.

UNICEF/2023/Urdaneta

Carlos y Yanetzy salieron de su país por la escasez de oportunidades allí y se instalaron por unos años en Colombia, donde consiguieron algo de trabajo aunque no el suficiente. Ella quiere estudiar psicología infantil y actuación y él sueña con trabajar para sostener a su familia y poder conocer, algún día, el estadio de los Yankees de Nueva York.

Con los sueños en la maleta y el pequeño Mathías en brazos, Carlos y Yanetzy emprendieron desde Colombia el camino hacia el norte en búsqueda del sueño americano. Demoraron cinco días caminando por la selva darienita, un camino que –en palabras de Yanetzy– jamás volvería a repetir y que no le desea a nadie. El miedo de que algo le pasara a su hijo se apoderó de ella durante todo el trayecto. Carlos, por su parte, recordó momentos angustiantes como cuando Yanetzy rompió en llanto cuando él cargó a ambos para cruzar un río, o como cuando ella se resbaló con el bebé y él los sostuvo para que no cayeran al barranco. 

“Nos dijeron que la selva era peligrosa, pero hay que vivirlo, es tres veces más peligrosa de lo que dicen… hubo tramos en donde no cabían los dos pies juntos y había barranco por ambos lados”, recordó Carlos.

Carlos y Mathias juegan en una de los espacios seguros de UNICEF.
UNICEF/2023/Urdaneta

Pasado el tramo selvático, cuando vieron las piraguas, recuerda Carlos que fue como un milagro. Enseguida llegaron a Bajo Chiquito, una de las primeras comunidades de acogida para migrantes en Darién. Pero fue apenas llegar que el bebé se enfermó. El cuadro de fiebre, vómito y diarrea es común entre los migrantes, especialmente niños y niñas en primera infancia, que toman agua de río como en el caso de Mathías, pues el agua de esos ríos no es apta para consumo humano.

Tras unos días de atención médica en la ERM de Lajas Blancas, decidieron avanzar y llegaron con el niño aun enfermo a Los Planes, la ERM ubicada en Chiriquí, al otro extremo del país.

Yanetzy y Mathias lavan sus manos en los servicios provistos por UNICEF en la Estación de Recepción Migratoria de Gualaca.

UNICEF/2023/Urdaneta

La condición de Mathías los retuvo unos días en la ERM que está bajo la responsabilidad del Servicio Nacional de Migración (SNM), ente a través del cual el Gobierno de Panamá gestiona el flujo migratorio y le garantiza atención en salud, alimentación, albergue y servicios básicos en conjunto con organismos internacionales como UNICEF.

La ERM de Los Planes es mayormente de tránsito. Los autobuses empiezan a llegar desde antes del alba y los migrantes se quedan poco tiempo, entre 3 y 4 horas mientras se registran y toman el bus que los lleva hacia la frontera tico-panameña, que está a unos 60 km de ese punto, explicó Vianney Hidalgo, Voluntaria Internacional de Naciones Unidas para UNICEF. En ese lapso de tiempo es que las y los gestores de casos de UNICEF y sus socios brindan apoyo a los niños, niñas y adolescentes acompañados o no acompañados y sus familias, ya sea a través de sus Espacios Amigables o la carpa que alberga las actividades para “Cuidar de mí”.

Sin embargo, para la familia de Carlos, esas 3 horas que usualmente pasan los migrantes en Los Planes se multiplicaron por cien. Cuando Mathías empezó a mejorar, Yanetzy cayó enferma con el mismo cuadro de diarrea, fiebre y vómito. Luego, cuando en consenso familiar decidieron esperar hasta curarse ambos antes de seguir el camino, un dolor punzante en el abdomen llevó a Carlos a pedir atención en la estación de la Cruz Roja ubicada en la ERM. Al remitirlo al centro de salud más cercano, Carlos fue operado por apendicitis, intervención por la cual estuvo en reposo por varios días, lo que al final le supuso una espera de más de 15 días en la ERM de Los Planes. 

Vianney Hidalgo, de UNICEF, recalcó que, en efecto, así como Carlos y Yanetzy, hay varios casos de migrantes varados en esta estación y en otro albergue más cercano a la capital de Chiriquí. Contó que algunos son sobrevivientes del trágico accidente de bus ocurrido el 15 de febrero, otros se quedan varados porque no tienen dinero para costear el autobús hasta Costa Rica y esperan alguna remesa o a reunir el dinero para pagar el transporte. También hay quienes deben quedarse por cuestiones de salud como es el caso de Carlos y Yanetzy y otros que deciden acogerse a la repatriación voluntaria que conlleva un tiempo indeterminado de espera hasta que autoricen los vuelos humanitarios de regreso a sus países.

La finalización del Título 42 por parte de Estados Unidos también generó un flujo adicional de migrantes hacia la frontera mexico-estadounidense, lo que a su vez generó una cadena de expulsiones y deportaciones a migrantes que a diario intentaron entrar a Estados Unidos. Estos migrantes deben hacer todo el camino nuevamente pero ahora de regreso a sus países. “Nos estamos enfrentando a un incipiente flujo inverso de personas que cruzaron por Panamá pero que por alguna razón no pudieron llegar a Estados Unidos, que era su destino, y están volviendo. Llegan hasta esta ERM en espera de ser repatriados a través de otras agencias de las Naciones Unidas, o de sus consulados o embajadas”, explicó Vianney, quien aclaró que el proceso puede tomar varias semanas, incluso hasta meses. Es por esto que, al decir de Vianney, Los Planes pasó de ser una estación transitoria a una “casi permanente”.

María viajó hacia el norte con su madre Adela y su hijo Marco en 2022.
UNICEF/2023/Urdaneta

Adela y María son protagonistas de ese flujo inverso. Se trata de una madre venezolana que vivió por unos años en Ecuador antes de emprender el camino hacia Estados Unidos en busca de “una mejor vida” con su hija María de 17 años y su nieto Marco de un año y tanto. El cruce de la selva darienita fue muy difícil para los tres: casi se los lleva el río cuando se les inundó la carpa mientras dormían tras una fuerte lluvia una madrugada. A punta de vender caramelos en las calles lograron costear los pasajes entre los distintos países hasta que llegaron a Ciudad de México, donde tomaron un tren con destino a San Pedro.

En México fueron asaltadas por unos hombres que, según ellas, se rumoraba que pertenecían a un cartel. Perdieron todo y además sintieron el maltrato y la xenofobia que atribuyeron a su condición de migrantes. Entre trabajos de ayudante en restaurantes en San Pedro y Tapachula, Adela y María lograron reunir dinero para llegar finalmente, en los últimos días del año 2022, a Piedras Gordas, en la frontera mexicana con Estados Unidos. Se quedaron una noche en un albergue y se aprestaron a cruzarla al día siguiente.

Adela y su familia son algunos de los primeros mirantes en que realizan la ruta de retorno a su país de origen.

UNICEF/2023/Urdaneta

“Cruzamos el río, había una montañita y carros parados, nos fuimos pegaditas por la cerca y no se veían los de Migración, pero cuando salimos ahí estaban. Nos dijeron que no podíamos entrar así, que nos iban a ayudar, nos tomaron los datos, las fotos y las huellas. Nos dejaron esa noche allí y al día siguiente, como a las 10, sin decirnos adónde nos llevaban, nos volvieron a entregar a Migración de Piedras Negras, nos quedamos dos días y luego nos llevaron para Morelia. Estábamos nuevamente en México”.

Tras vivir en carne propia el peligro, la falta de dinero, la xenofobia, las necesidades del bebé y el rechazo en la frontera… fue cuando decidieron regresar. Pero el flujo inverso, según relatan, es más complicado. María y Adela cuentan que tuvieron que “rodear las fronteras” de regreso, pues los puestos fronterizos no proceden de igual forma si se viaja a la inversa. Es por eso que tuvieron que atravesar por caminos alternativos peligrosos para pasar de un país a otro. En enero llegaron hasta la ERM de Los Planes nuevamente, en donde esperan una repatriación voluntaria que aún está en proceso.

De acuerdo con cifras oficiales citadas, en los tres primeros meses del 2023 han cruzado unos 57 mil hombres, unas 30 mil mujeres y casi 17 mil niños, niñas y adolescentes por Los Planes de Gualaca. Todos y cada uno de ellos cargan una historia que no quisieran repetir.

María, la hija de Adela, siente que fracasó en su intento de cumplir un sueño. El deseo de ambas, ahora, es regresar a Ecuador y poder ver allí a su familia reunida: los cuatro hijos de Adela y sus nietos, entre ellos Marco, el niño que, con apenas un año, hizo el trayecto de ida y de vuelta por una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo.

Adela y su familia están varados en la Estación de Recepción Migratoria de Gualaca y son uno de los primeros grupos de migrantes que realizan el recorrido migratorio de vuelta a su país de origen.
UNICEF/2023/Urdaneta

La Estación de Recepción Migratoria de Los Planes, en la provincia de Chiriquí fue cerrada a finales de 2023 tras en acuerdo binacional entre los gobiernos de Panamá y de Costa Rica que ahora dirige el flujo controlado de personas migrantes y en búsqueda de refugio desde la provincia de Darién hasta el Centro de Atención Temporal Migratoria (CATEM) al sur de Costa Rica. 

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Ese trayecto en bus de más de 16 horas cuesta sesenta dólares por persona. El incremento en el costo del traslado, así como las muchas otras situaciones que pueden poner en pausa el trasegar de cientos de personas a través de Panamá, siguen poniendo en pausa los sueños de muchos.