Cómo manejar los berrinches
Tips para mamás, papás y cuidadores
Todos hemos vivido (o viviremos) un berrinche. Sabemos que pueden ser momentos desafiantes, intensos y, muchas veces, desgastantes; a veces pueden generarnos mucha frustración y no sabemos ni cómo actuar. Pero también son oportunidades para enseñar y construir una relación de confianza con nuestras hijas e hijos.
Aquí te dejamos unas recomendaciones prácticas para saber qué hacer antes, durante y después de un berrinche, desde la mirada de la crianza positiva.
¿Qué es un berrinche?
Lo primero que debes saber es que un berrinche no es manipulación ni capricho, ni desobediencia. Es una descarga emocional intensa que ocurre cuando niñas y niños se sienten frustrados, cansados o desbordados.
No pierdas de vista que sus cerebros se están desarrollando y no tienen las mismas herramientas que tenemos las personas adultas para autorregular sus emociones.
Imagina una olla a presión: si no tiene una válvula de escape, estalla. Los berrinches son justo eso: la válvula de escape de emociones que aún no pueden nombrar ni controlar y por eso te necesitan a ti.
¿Qué hacer para PREVENIR un berrinche?
La prevención es poderosa. Aunque no siempre podemos evitar un berrinche, sí podemos reducir su frecuencia o intensidad si atendemos hacemos estas acciones:
- Detecta y cubre necesidades básicas: hambre, sueño, sed, calor, incomodidad.
- Establece rutinas claras que les den seguridad y anticipación a tus niños y niñas.
- Evita situaciones que sabes que los desbordan, hasta que estén listos para enfrentarlas.
- Ofrece opciones sencillas para que sientan control y que puedan escoger:
Ejemplo: “¿Quieres bañarte antes o después de cenar?” - Redirige con alternativas realistas cambiando el foco de la situación:
Ejemplo: “Hoy no podemos ir al parque, pero sí podemos armar un rompecabezas en casa.” - Ten a mano recursos que sabes que les ayudan a calmarse: un peluche, una manta; o actividades como respirar juntos o salir a caminar.
Está haciendo un berrinche… ¿qué hacer DURANTE?
¡No entres en pánico!, recuerda que tu niño o niña te necesita para regular sus emociones. Respira profundo y piensa antes de decir o de actuar. Ellos y ellas imitarán esta autorregulación para su vida futura.
Cuando estalla el momento, lo más importante no es “detenerlo”, sino acompañar desde la calma, el cariño y la conexión:
- Si ves que está por iniciar, puedes ofrecer un abrazo o una caricia. Muchas veces lo único que necesitan es consuelo, te sorprenderás de cuántas veces esto puede ser la solución. Si no le gusta el contacto físico, quédate a su lado.
- Acompaña sin juzgar ni abandonar, quédate cerca, disponible emocionalmente.
- No regañes, no castigues, no abandones ni ignores durante el berrinche. Evita decir “ya verás cuando lleguemos a casa”, “le voy a contar a tu papá/mamá” y mucho menos “si sigues llorando te voy a dar una nalgada”. Recuerda que las formas autoritarias hacen que el niño o la niña actúe desde el miedo y no porque entienda realmente las situaciones.
- No invalides sus emociones: evita frases como “no es para tanto” o “ya estás grande”.
- No pidas explicaciones, ni uses etiquetas como “dramático” o “manipulador”.
En ese momento, tu calma es su ancla.
Ya pasó el berrinche, ¿qué hacer DESPUÉS?
Una vez que la tormenta pasó, llega el momento más valioso: la reparación, la enseñanza y la conexión. Sigue estos pasos:
- Calma y escucha: No hables hasta que ambos estén tranquilos.
- Explica con palabras simples lo que ocurrió y valida lo que sintieron.
- Conversen: “¿Qué sentiste? ¿Qué podrías hacer la próxima vez?”
- Lleguen a acuerdos juntos, sin castigos, para ir desarrollando habilidades emocionales.
Apego seguro: la base de todo
La crianza positiva se construye sobre la base del apego seguro, una relación emocional sólida que da seguridad para explorar y confianza para volver. Recuerda que no se trata de dejar que los niños y las niñas hagan todo sin límites, sino es establecerlos firmemente desde la confianza, el cariño y el respeto.
- Las personas cuidadoras debemos ser sensibles a las necesidades de niñas y niños y responder a ellas de forma consistente, para establecer un vínculo afectivo sólido.
- Un vínculo emocional y físico fuerte en los primeros años es fundamental para el desarrollo.
- Si el vínculo es firme, el niño o la niña se sentirá seguro/a para explorar el mundo.
- Si el vínculo es débil, sentirá inseguridad y temor a alejarse.
El apego seguro crea una relación de confianza que permite, más adelante, confiar en los demás y en sí mismos.
Te dejamos una Regla de oro:
Trata a tu hijo o hija como te hubiera gustado ser tratado.