“Mi comida, mi derecho”
Inicia el movimiento por entornos alimentarios saludables para niños, niñas y adolescentes en Ecuador
La alimentación no empieza en el plato. Empieza mucho antes: en el precio de los alimentos, en lo que se ofrece en la tienda del barrio o en la escuela, en la publicidad que aparece en las redes sociales y en las decisiones que regulan qué productos se producen, venden y promocionan.
Todo ello forma parte de los entornos alimentarios: los espacios físicos, sociales, económicos, políticos y digitales que influyen en las decisiones sobre qué comemos. En Ecuador, estos entornos no siempre favorecen que niños, niñas y adolescentes accedan a alimentos saludables. Los productos ultraprocesados suelen ser más visibles y accesibles, mientras que las opciones nutritivas no siempre están al alcance de todas las familias.
Frente a esta realidad, adolescentes y jóvenes de distintos territorios del país comenzaron a organizarse alrededor de una idea: la alimentación saludable es un derecho y sus voces deben ser parte de las decisiones que afectan su presente y su futuro.
Así nació “Mi comida, mi derecho”, la adaptación de América Latina de FixMyFood, un movimiento global impulsado por UNICEF e inspirado en Bite Back. La iniciativa busca que las nuevas generaciones no sean únicamente destinatarias de políticas públicas, sino protagonistas en la construcción de entornos alimentarios más saludables, sostenibles y justos.
Aprendizajes globales para transformar la realidad de la región
El camino de “Mi comida, mi derecho” en América Latina comenzó con una jornada de capacitación virtual junto al equipo de Bite Back. Durante cuatro sesiones, delegaciones de la región conocieron la experiencia que dio origen a FixMyFood, con el objetivo de adaptar sus aprendizajes a las realidades latinoamericanas.
En octubre de 2025, el proceso continuó presencialmente en Panamá, con la participación de representantes de Colombia, Costa Rica, Guatemala, México, Panamá y Ecuador. Durante el encuentro, las delegaciones compartieron experiencias y fortalecieron sus conocimientos sobre sistemas alimentarios, liderazgo juvenil, comunicación, incidencia y construcción de movimientos.
La delegación de Ecuador estuvo integrada por los Youth Advocates Mariela Paredes, quien participó presencialmente, y Carlos Cañadas, quien se sumó de manera remota. Ambos estuvieron acompañados por la Oficial de Nutrición y Sistemas Alimentarios y la Especialista en Youth Engagement de UNICEF Ecuador; y representantes de la sociedad civil organizada.
Durante el encuentro, las delegaciones compartieron experiencias y fortalecieron sus conocimientos sobre sistemas alimentarios, liderazgo juvenil, comunicación, incidencia y construcción de movimientos. El intercambio permitió reconocer desafíos comunes, pero también la diversidad de contextos desde los cuales cada país busca promover cambios para garantizar una alimentación saludable desde los primeros años de vida.
“Poder escuchar las perspectivas de otros países me permitió pensar en cómo podíamos adaptar esos aprendizajes a las necesidades de Ecuador y abrir más espacios para que las voces de las juventudes sean tomadas en cuenta”, señala Mariela.
Para Carlos, el desafío era aprovechar esa experiencia sin perder de vista las particularidades del país. “Queríamos comprender cómo una experiencia que nació en otro contexto podía inspirar cambios en América Latina, sin perder de vista las realidades de nuestros propios territorios”, comenta.
Los aprendizajes regresaron a Ecuador convertidos en una ruta de trabajo: formar a más jóvenes, conectar experiencias territoriales y construir un movimiento desde sus propias voces.
Aprender para actuar
La convocatoria nacional para conformar el movimiento “Mi comida, mi derecho” en Ecuador recibió más de 200 postulaciones de adolescentes y jóvenes de 18 provincias. Ochenta participantes fueron seleccionados para iniciar un proceso de formación virtual entre abril y mayo de 2026.
A lo largo de un mes, y con el acompañamiento de expertos nacionales e internacionales, profundizaron en el funcionamiento de los sistemas alimentarios y en los factores que influyen en las decisiones de consumo.
Durante el proceso, las y los jóvenes conocieron las leyes y políticas relacionadas con la alimentación en Ecuador, incluido el Consenso de Cuenca. También analizaron la publicidad de alimentos, los derechos de la niñez y las acciones que pueden contribuir a mejorar los entornos alimentarios, prevenir la malnutrición y promover una alimentación saludable desde la primera infancia.
También incluyó herramientas para fortalecer el liderazgo, la vocería pública, la facilitación de espacios participativos, el diseño de campañas, la comunicación con medios y la presentación de propuestas ante tomadores de decisión.
La formación no se limitó a transmitir conocimientos. Invitó a las y los participantes a observar sus comunidades, identificar los retos que enfrentan y pensar en soluciones posibles desde sus propios territorios.
Como parte de este proceso, las y los jóvenes diseñaron proyectos comunitarios para responder a los desafíos relacionados con la alimentación que identifican en sus provincias, comunidades, instituciones educativas y organizaciones.
Estas iniciativas representan la primera etapa de acción territorial del movimiento. Son propuestas que buscan llevar el aprendizaje a la práctica, abrir conversaciones en las comunidades y generar respuestas conectadas con las realidades locales.
UNICEF Ecuador acompaña este proceso mediante el fortalecimiento de capacidades, la asistencia técnica y la creación de espacios de encuentro con organizaciones sociales, representantes de la academia y, a futuro, actores vinculados con la toma de decisiones. Este rol articulador conecta las experiencias locales con discusiones más amplias sobre nutrición, salud y políticas públicas, desde la primera infancia hasta la adolescencia.
El encuentro que convirtió muchas voces en una red
En julio de 2026, treinta representantes de “Mi comida, mi derecho” se reunieron en Quito para participar en su primer encuentro presencial.
Durante tres días compartieron sus proyectos comunitarios, intercambiaron aprendizajes, trabajaron en la identidad del movimiento y definieron prioridades colectivas. El encuentro reunió miradas y experiencias distintas, pero también confirmó que muchas de las preocupaciones que viven los jóvenes en sus territorios son compartidas.
Para Mariela, uno de los principales valores del proceso fue precisamente esa diversidad. “Cada territorio tiene necesidades y experiencias distintas. Escucharnos nos ayudó a comprender que esa diversidad también es una fortaleza y que podemos transformar nuestras preocupaciones en propuestas”, afirma.
Carlos destaca que el movimiento requiere sostener las ideas con organización y acción colectiva. “No basta con imaginar los cambios. Tenemos que organizarlos, ponerlos en marcha y sostenerlos desde nuestros territorios”, resume.
“Mi comida, mi derecho” apenas comienza. Pero ya reúne a adolescentes y jóvenes de distintos lugares del Ecuador con una convicción compartida: los entornos alimentarios pueden transformarse y las nuevas generaciones tienen el derecho, la capacidad y la determinación para liderar ese cambio.