La comunidad protege el desarrollo de los niños y niñas en Alausí
Conoce la historia de Deisy Yamasca, quien es parte de los 90 vigilantes comunitarios que luchan contra la desnutrición crónica infantil en la provincia de Chimborazo, en Ecuador.
Deisy Yamasca, de 40 años, inicia su jornada cada mañana con el mismo ritual: se pone la gorra y la chompa que la identifican como vigilante comunitaria y revisa su mochila para asegurarse de llevar la Libreta Integral de Salud (LIS). Esta es su compañera infaltable en cada visita. En sus páginas, Deisy anota todo lo que necesita saber para acompañar de cerca a mujeres embarazadas y a familias con niños y niñas menores de 2 años: cómo está la salud de la madre, si el bebé crece como debería, si recibió sus vacunas a tiempo, si la alimentación es adecuada o si hace falta apoyo con vitaminas o consejería.
Esa libreta no solo le permite dar seguimiento, también le abre la puerta para conversar, orientar y construir confianza. Como vigilante comunitaria, Deisy promueve el acceso a la salud y el cuidado oportuno de las familias de su comunidad.
Desde hace seis meses, Deisy visita regularmente las comunidades de Alausí, Achupallas y Niza, en la provincia de Chimborazo, ubicada en la serranía de Ecuador. En cada casa conversa con madres, padres o cuidadores, verifica que las familias estén asistiendo a sus controles médicos y que accedan al paquete de servicios prioritarios del centro de salud: vacunas, consejería en lactancia materna, alimentación complementaria, chequeos mensuales de salud, suplementación con hierro, vitaminas y zinc. “Siento que voy a ayudar a alguien. Eso es una alegría. Es un gusto para mí ayudar”, dice con una sonrisa.
Su trabajo voluntario es parte de una estrategia nacional que busca prevenir y reducir la desnutrición crónica infantil (DCI), durante los primeros 1.000 días de vida del bebé, una etapa esencial que va desde la gestación hasta los dos años de edad. En este periodo se establece la base del desarrollo físico, cognitivo y emocional de una persona. Por eso, una atención oportuna y continua hace la diferencia.
La labor de Deisy y los vigilantes comunitarios es especialmente relevante en Chimborazo, una de las provincias más afectadas por la DCI. Según la Encuesta Nacional sobre Desnutrición Infantil (ENDI 2023-2024), el 40,1% de los niños y niñas menores de dos años en la provincia presenta desnutrición crónica. En menores de cinco años, la cifra alcanza el 34,1%. A nivel nacional, el promedio es del 19,3%, y entre niños y niñas indígenas menores de dos años, sube al 32,3%.
La DCI no solo afecta el crecimiento físico de los niños, también limita su capacidad de aprender, debilita su salud y reduce sus oportunidades en el futuro.
El programa de vigilancia comunitaria nació en la provincia de Imbabura en 2020 y desde entonces se ha expandido a otras zonas del país. En Chimborazo, los esfuerzos se concentran exclusivamente en la prevención y reducción de la DCI, y en garantizar una atención integral durante esos primeros 1.000 días.
Deisy lo sabe bien. Lo aprendió desde pequeña, viendo a su madre —también voluntaria— visitar hogares y acompañar a las familias. “Yo veía cómo mi mamá ayudaba a los demás. Entonces cuando ella se presentó como voluntaria, decidí hacerlo también”, recuerda.
Hoy, ella continúa ese legado, recorriendo caminos, tocando puertas y ayudando a que los niños y niñas de su comunidad crezcan sanos, fuertes y con más oportunidades desde el comienzo de su vida.