Imaginando futuros de paz

Una propuesta de jóvenes en Ecuador

Sofía Toapanta
Imaginando futuros de paz
UNICEF/ECU/2025

Hola, soy Sofía Toapanta y tengo 25 años. Nací en Latacunga, una ciudad en la Sierra de Ecuador. Les quiero contar mi experiencia como representante de mi país en UNICEF Youth Foresight Fellowship (UYFF). Este proceso me permitió imaginar, junto a jóvenes de todo el mundo, cómo la educación puede transformarse en un camino hacia la paz en 2045. El UYFF es un programa global de UNICEF INNOCENTI que forma y acompaña a jóvenes a usar la prospectiva como una herramienta para analizar, imaginar y co-crear futuros posibles. 

La prospectiva (foresight) es un conjunto de herramientas que nos ayudan a explorar cómo podría evolucionar el mundo. No busca predecir el futuro, sino entender tendencias, identificar señales tempranas de cambio y abrir espacio para diseñar escenarios futuros más justos, inclusivos y deseables. A través de este proceso, descubrimos que el mañana no se adivina: se construye colectivamente.

Cuando vi la convocatoria del UYFF, sentí que conectaba profundamente con mi búsqueda personal y profesional: repensar la educación desde la esperanza.

Postular fue un acto de fe. No sabía si mi voz, desde este pequeño rincón del mundo, sería escuchada entre tantos jóvenes. Cuando llegó la noticia de mi selección, entendí que esta experiencia no solo sería un espacio de aprendizaje, sino también un compromiso con mi país, con mi generación y especialmente con los futuros que queremos construir.

Las primeras sesiones virtuales fueron un viaje de descubrimiento. Durante cuatro meses, no solo nos enseñaron herramientas de foresight; nos invitaron a imaginar desde la empatía y el cuidado. Aprendí que anticipar no es predecir, sino abrir posibilidades. 

Imaginando futuros de paz

Compartir con jóvenes de África, Asia, Europa y América fue profundamente enriquecedor. Aunque venimos de realidades diversas, nos une un mismo anhelo: transformar los sistemas educativos para que promuevan paz, equidad y dignidad. Cada sesión era un espacio de escucha profunda, de preguntas, de sueños compartidos y de construcción colectiva.

Traer este proceso a Ecuador fue una de las experiencias más significativas. 

Junto a jóvenes de distintas provincias, facilitamos talleres utilizando la metodología de los Tres Horizontes, a través de la cual imaginamos cómo sería una educación para la paz en 2045.

Las visiones que surgieron fueron poderosas: escuelas sin miedo; espacios donde aprender también signifique sanar; entornos donde se hable de emociones, se valore la diversidad y se construya comunidad. Comprendí que la educación puede ser profundamente transformadora cuando acoge, escucha y reconoce. 

Estos encuentros no se dieron en un solo lugar. Con el apoyo de la oficina de UNICEF en Ecuador y con jóvenes de su comunidad Generación Más realizamos siete talleres con 99 jóvenes de provincias de las distintas regiones del país: Costa, Sierra, Amazonía y Galápagos. Varias organizaciones juveniles también replicaron la metodología en sus propios espacios. Gracias a ello, se sumó una diversidad de voces, experiencias y realidades que enriqueció profundamente el proceso y permitió construir una visión colectiva mucho más amplia y representativa. Lo que emergió de esos encuentros fue claro: 

los jóvenes no solo quieren ser escuchados, quieren ser parte activa del diseño del futuro.

7 talleres

99 participantes

Fue justamente a partir de estas voces y sueños que comenzaron a delinearse los primeros resultados del proceso: hallazgos que no solo reflejan lo que la juventud imagina, sino también lo que necesita hoy para construir ese mañana. Estos resultados revelan patrones, aspiraciones y llamados urgentes que muestran hacia dónde debemos dirigir la educación si realmente queremos construir paz desde ahora.

Ese aprendizaje tomó aún más fuerza cuando salí del territorio y lo llevé al mundo.

Participar en el Leading Minds Conference 2025, en Nairobi, significó un momento clave que reafirmó mi propósito. Presentar las visiones construidas en Ecuador ante líderes globales me recordó que la juventud no debe ser solo consultada: debe ser incluida en la toma de decisiones. Ver cómo nuestras ideas viajaban desde Ecuador hasta África fue profundamente simbólico. Confirmó que los futuros de paz que imaginamos pueden convertirse en realidad cuando son construidos en comunidad.

Imaginando futuros de paz

Asimismo, en el Dubai Future Forum dimos un paso más: creamos a SUYAY, una niña del futuro, símbolo de esperanza y transformación. Su nombre, que en kichwa significa “esperanza”, no fue casualidad, sino la representación de todas y todos los jóvenes que creen que un futuro de paz sí es posible.

Suyay nació de una imaginación colectiva que se atreve a soñar con una educación más humana, justa y pacífica. Darle vida fue un ejercicio emocionante y profundamente político: una forma de decirle al mundo que el futuro también tiene rostros, historias y emociones.

Hoy, al mirar hacia atrás, comprendo que este proceso fue mucho más que una experiencia académica. Fue un ejercicio de memoria, imaginación y compromiso. En la forma en que nos escuchamos, en cómo compartimos saberes, en cómo soñamos juntos un porvenir diferente.

El Youth Foresight Fellowship me enseñó que el futuro comienza en el presente, cuando decidimos imaginarlo con otros. Y comprendí algo esencial: la imaginación también es un derecho. El derecho a soñar con un mundo distinto, a participar en su diseño, a visualizar soluciones más justas y humanas. Imaginar no es un lujo; es una forma de resistencia, de cuidado, de esperanza.

Porque cuando las juventudes imaginamos, estamos reclamando nuestro lugar en la construcción del mañana. Y ese es el primer paso hacia un futuro de paz.