La felicidad de ayudar a otros
Dar a quienes más necesitan llena el corazón de Rodrigo Cabezas, donante de UNICEF desde 2003.
Rodrigo Cabezas es un hombre de sonrisas. En la sala de su departamento en Carcelén, en el norte de Quito, donde vive desde hace 34 años, sus ojos brillan recordando cómo UNICEF se convirtió en el mejor camino para llegar a quienes más lo necesitan.
En 2003, escuchó en las noticias que era mejor no dar monedas a quienes piden en la calle, pues muchas veces el dinero termina en manos de personas que utilizan a niños o ancianos para mendigar. Unos días después, recibió la llamada de UNICEF y aceptó donar mensualmente. Así lo ha hecho desde hace 16 años, porque está seguro de que es la mejor manera de ayudar a muchos niños y contribuir a cambiar sus vidas.
“Comencé con 5 dólares, apenas un granito de arena. Pero fue a la vez un gran comienzo. Sabía que ese granito, junto a otro y otro más, al final se transformarían en una montaña de ayuda para los niños”, dice Rodrigo, quien ahora aporta 30 dólares mensuales a UNICEF. A sus 66 años se define como “un feliz jubilado”, después de haber trabajado más de tres décadas como servidor público. La vocación de servir a los demás es parte de la vida de Rodrigo y su esposa, Piedad Larco, quien se jubiló como profesora de escuela. Ambos son parte de la Pastoral Familiar, donde apoyan a parejas y dan cursos prematrimoniales en la parroquia Reina del Mundo. Este año Piedad y Rodrigo cumplirán 42 años de casados.
“Me gustaría ayudar a todos, pero no puedo. Por eso contribuyo con esta obra maravillosa que hace UNICEF, que está llegando a muchos niños y muchas familias”, comenta Rodrigo, quien da sin esperar nada a cambio. Por eso aconseja a sus tres hijos: “Si van a hacer un bien, háganlo de todo corazón sin buscar ningún beneficio”.
Con cada año junto a UNICEF, su compromiso se ha fortalecido. “No podría dejar de donar porque aún hay mucho que hacer. Aún hay niños que no van a la escuela, que pasan hambre o tienen otras necesidades. Para ellos toda ayuda es buena y apoyarlos me hace muy feliz. Sé que no es un gasto, sino una inversión a largo plazo, porque en la niñez está el futuro del país y del mundo. Por eso cuando recibo las noticias de UNICEF siento que se llena mi corazón”.
Él vuelve a sonreír y detrás de la alegría de ayudar está la felicidad de miles de niños que, gracias al aporte de Rodrigo y todos los Amigos de UNICEF, vuelven a reír.
¡Gracias, Rodrigo, por inspirarnos!
¡Tú también puedes poner tu granito de arena por los niños en Ecuador!