La armonía está en la naturaleza
A través de dibujos, lecturas y simulacros los niños y niñas de una escuela rural, en el municipio santiaguero de Guamá, aprenden cómo actuar ante el paso de un huracán o la ocurrencia de un sismo
- Español
- English
La clase de quinto grado permanecía atenta, mientras el representante local de la Cruz Roja les hablaba sobre la importancia de mantener la calma durante la aplicación de los primeros auxilios. Uno de los estudiantes levantó la mano. Quería preguntar algo que no pudo expresar porque, de pronto, se escuchó el sonido insistente de la campana. No tocaban avisando el inicio del receso escolar. Así sonaba la alarma rústica indicándoles a los alumnos de la escuela primaria Lidio Rivaflechas, del municipio santiaguero de Guamá, que algo muy serio sucedía: debían protegerse de un sismo.
No hubo pánico ni desesperación. La reacción fue instantánea. Los niños y niñas se metieron debajo de las mesas, con sus manos entrelazadas sobre la cabeza simulando una posición fetal. Al cabo de un tiempo prudencial, el profesor les indicó que el peligro había pasado. Cuando Lietys logró incorporarse, se dio cuenta de que uno de sus compañeros se quejaba de dolor en el brazo derecho. Rápidamente tomó un pañuelo de su mochila y le hizo un cabestrillo. Otros niños auxiliaron a algunos heridos y, junto a sus maestros, les condujeron en camillas improvisadas hasta el puesto médico más cercano, armado provisionalmente.
Por fortuna, no hubo sismo, o al menos no en esa ocasión. Era un simulacro, de los tantos que se realizan en la institución, como parte del círculo de interés denominado “La escuela y las medidas preventivas ante los desastres”.
Las dos caras de Guamá
Guamá es el municipio más largo de Cuba y el que cuenta con la mayor cantidad de afluentes en el país, con 22 ríos y 32 arroyos. Pero eso es apenas una caracterización geográfica en un libro de texto. Guamá es un municipio que vive desde los extremos, si de eventos naturales se habla: desde intensas sequías hasta inundaciones por lluvias.
Sus ríos solo son ríos la mitad del año; de enero a junio, en la etapa de la “seca más dura”, son largos y anchos senderos rocosos. Es más fácil transitar sus rutas llenas de piedras castigadas por el sol, que por el propio camino vecinal.
Además, Guamá posee 175 kilómetros de costa y cuenta con nueve consejos populares cercanos al mar. Uno de ellos es Chivirico, especie de capital municipal rodeada de montañas de mediana estatura.
Al norte de Chivirico se ubica la comunidad de Las Calabazas, donde se encuentra la primaria Lidio Rivaflechas. Es una escuela pequeña, con cubierta ligera de fibrocemento. Más de un centenar de niños acuden a sus aulas cada día, desde diferentes zonas aledañas a esa comunidad.
Pero Guamá es otro cuando llega la época de lluvia, como en estos días de junio. Ya se decía, los extremos. Cuando dice “a llover”, todo empeora. Los senderos de piedras secas vuelven a ser ensanchados ríos que cuando se intensifican las precipitaciones inundan todo: caminos, puentes, caseríos.
“Aquí el río se pone ‘guapo’. Baja por ahí para allá y no cree en nada”, comenta un lugareño. Guapo es, según los códigos de la zona, duro, difícil. Y así es el río cada vez que sale de su cauce y ocupa carreteras y poblados. Pero no solo las crecidas son preocupación, sino los incendios cuando arrecia la sequía, o los huracanes que han dejado su huella en las plantaciones y las casas de la comunidad.
UNICEF Cuba acompaña al Ministerio de Educación en el fortalecimiento de capacidades en más de 800 docentes de escuelas de comunidades expuestas a multirriesgos, en los municipios II Frente, Songo-La Maya y Guamá, en la oriental provincia de Santiago de Cuba.
Mantener la calma y actuar con inteligencia
Cuando el huracán Sandy atravesó Santiago de Cuba, en el año 2012, Érika Camila Rodríguez Aguilera aún no había nacido. Conoce de su impacto en territorio santiaguero gracias a la maestra Saday Mojena Perera, quien le ha explicado cuáles son los tipos de desastres y sus características, las diferentes fases que establece la Defensa Civil cubana ante la inminencia de un ciclón tropical, y qué medidas tomar.
A sus once años, Erika Camila sabe que, en el poblado de Las Calabazas, donde está situada su escuela Lidio Rivaflechas, hay probabilidad de que ocurran desastres naturales ante los cuales es preciso actuar con inteligencia y mantenerse informada. Lo dice con naturalidad, porque estos no son conocimientos adquiridos de memoria, sino incorporados en su día a día. El proyecto coordinado por el Ministerio de Educación (Mined), con el apoyo de UNICEF Cuba, le ha permitido aprender qué hacer si ocurrieran huracanes, inundaciones e, incluso, un sismo de gran intensidad.
“Tenemos que cuidarnos, protegernos bajo la mesa y no estar cerca de las ventanas. A mi familia le he enseñado que cuando está pasando un ciclón no podemos salir de casa”, dice la estudiante de quinto grado.
Lo confirma la pequeña Keyla Ramírez, de primer grado, quien advierte que el río puede ponerse muy grande y peligroso. “Si crece, no podemos pasar. Hay que esperar a que se vaya”, asegura, con la vivacidad de sus seis años.
“Cuando crece, hay niños que deben quedarse en casa de un compañero a esperar que se calme”, añade Daniel Cardenal, de cuarto grado, y en sus palabras advertimos las alianzas que se establecen en la comunidad para apoyarse ante estos fenómenos.
Con la contribución de la Unión Europea, UNICEF Cuba apoya que alrededor de 4,315 niños, niñas y adolescentes, de ellos 175 con alguna discapacidad, adquieran habilidades y participen en acciones para la reducción del multirriesgo de desastres y el empoderamiento adolescente ante los efectos negativos del cambio climático.
El mapa de multirriesgos de la escuela primaria Lidio Rivaflechas, elaborado por los propios estudiantes, refleja los riesgos que existen en la zona de Las Calabazas: intensas lluvias, desbordamientos del río, inundaciones, sequías e incendios forestales.
La maestra Saday lo sabe porque para conformarlo realizaron una exploración por los mismos caminos que todos los días transitan estudiantes y maestros, para identificar a cuántos peligros pudieran estar expuestos. Por eso no se cansa de buscar formas creativas para que el alumnado los conozcan y puedan actuar correctamente, si les tocara enfrentar alguno.
Como prueba de su entusiasmo por comunicar estos temas, muestra una decena de dibujos colgando de un cordel extendido al aire libre, en el jardín de la escuela. Es una exposición multicolor donde destacan un río fuera de su cauce y un bosque envuelto en llamas.
“La exposición es el resultado del concurso de dibujo ´Los desastres naturales´, explica la maestra. Los niños escogieron cuál de ellos querían representar. Esta es una de las actividades desarrolladas en el círculo de interés, donde también hacemos promoción de la lectura, sobre todo con los libros del Mapa de multirriesgos y el Glosario climático para jóvenes, donados por UNICEF”.
El Ministerio de Educación articula acciones de apoyo socioemocional a niños, niñas y adolescentes antes, durante y después de desastres naturales. Para ello implementa actividades didácticas y lúdicas con el apoyo de kits de recreación y los juegos Riesgolandia y Caminata sísmica, que UNICEF Cuba ha dispuesto en alrededor de 15 escuelas en el municipio Guamá.
Los alumnos de la escuelita de Las Calabazas saben que deben prepararse. En el círculo de interés les han mostrado las diferentes maneras de actuar ante la inminencia de un desastre y les han inculcado el amor y la convivencia con la naturaleza como la base de toda la educación ambiental y de prevención, tal y como lo resumen las pequeñas Jennifer Batista y Yinelis de la Caridad Matos: “cuidando las playas, sembrando árboles y limpiando la basura de los ríos, porque la armonía está en la naturaleza”.