Curas para el alma
A través de sesiones de apoyo psicoemocional con un kit de adolescentes para la expresión e innovación donado por UNICEF Cuba, niñas y niños de San Antonio del Sur construyen resiliencia
Es la segunda sesión con el kit de adolescentes para la expresión e innovación como apoyo psicoemocional a los adolescentes de la Secundaria básica urbana “Máximo Gómez Báez”, de San Antonio del Sur, donado por UNICEF Cuba como respuesta al paso del huracán Oscar en los municipios más afectados de la provincia Guantánamo.
Estamos en el cuarto piso del edificio docente. De un lado, nos observa el Pan de Azúcar, la montaña símbolo de ese terruño; del otro, las cimas verdeazules como marco de un palmar.
Son una veintena de estudiantes de séptimo, octavo y noveno grados, convocados por la instructora de arte Arianni Díaz Navarro, algunos vestidos de completo uniforme, otros con ropa de civil para los ejercicios de la mañana.
En el piso se sientan en un círculo. Es tiempo de escribir conceptos importantes en el camino hacia la resiliencia ante los desastres. Ante los abstractos, y ante el concreto, el que sufrieron tras el paso del huracán Oscar, en octubre del pasado año.
Escriben, en pequeñas pegatinas de colores, resiliencia, apoyo social, arte y teatro, recuperarse, habilidad humana, ayuda, familia, capacidades. Luego, la profesora las pega en la frente de cada uno y comienza el juego: El “etiquetado” o “etiquetada” debe adivinar su palabra, con las pistas que deja el resto.
Luego, es el turno de los vestidos para la ocasión. Escenifican una revista especial de televisión con una conductora y tres invitados: una arquitecta que explicará cómo construir comunidades resilientes, una psicóloga que abundará sobre las mejores maneras de enfrentar los desastres, y un bombero especializado en rescate y salvamento, que dará algunos consejos de supervivencia ante inundaciones.
“Ser resiliente, dice la ‘arquitecta’ no es dejar de ser vulnerable, sino ser capaz de reponerse y trabajar, en lo adelante, para reducir los riesgos”. Atesoro la frase. Es la frase.
Mientras sucede, hay quien pinta. Los materiales, contenidos en pequeñas cajas con el azul distintivo de la UNICEF, son más que suficientes. Lápices de colores. Hojas. Tijeras. Marcadores. Reglas.
Luego, la profesora convoca al Juego de los Silencios. Esta vez, se acuestan sobre sus espaldas, con las cabezas armando un círculo casi perfecto. Es una dinámica de relajación y concentración, una de muchas contenidas en la Guía de Actividades que integra el kit, con herramientas para que profesores y, en este caso, miembros de la Brigada de Instructores de Arte “José Martí”, trabajen con niños, niñas, adolescentes y jóvenes víctimas de desastres.
Cierran los ojos. Respiran profundo. Se toman de las manos. Acomodan la postura. La instructora emite varios sonidos. Simples. Dos veces. Luego, pide a sus alumnos repetir la secuencia. Quienes no chasquean los dedos, aplauden, dan un pisotón..., siguen con las manos entrelazadas. Tranquilos.
De los pisos de abajo, llegan los sonidos de la vida. El sonido metálico de las sillas escolares sobre el piso. Alguna risa. La voz engolada de un profesor. Un grito que insiste en “elevarse” desde las áreas deportivas. Pero aquí, cuatro pisos más arriba, hay paz.



