Julito Díaz, una escuela que renace
Con el aporte del Fondo Central de Respuesta a Emergencias (CERF), UNICEF ha contribuido a la recuperación de escuelas afectadas por el huracán Rafael en la provincia de Artemisa.
La primaria Julito Díaz González, en Artemisa, tiene la magia de las escuelas rurales. El interior de las aulas, pequeñas y arregladitas, contrasta alegremente con los espacios abiertos. La yerba recién crecida, el cielo azul y el olor del campo cubano se conjugan en un paisaje escolar que invita a aprender junto a las bondades de la naturaleza.
Pero no siempre ha habido calma en ese paisaje de pañoletas y pájaros que vuelan bajito. En el mes de noviembre de 2024, el huracán Rafael azotó gran parte del territorio artemiseño. La Julito Díaz fue una de las tantas escuelas que recibió la furia de los vientos. El techo de la segunda nave ya se había partido con aquel rabo de nube que pasó por Puerta de la Güira. Después “vino Rafael y acabó”, como dicen todos por allí.
Casi un año después del paso del huracán, todavía se pueden ver los desastres que hizo. No solo se llevó los techos y dejó a los niños y a las niñas sin aulas, también arrancó el sistema eléctrico y los tubos de luz fría salieron volando. La mata de mangos que se alza sobre la primera nave también salió lastimada por los vientos huracanados. Ahora se caen los mangos verdes, algunos nunca llegan a crecer y la gente sabe que eso también es cosa de Rafael.
Maylexi García Mesa, directora de la escuela primaria, cuenta cómo pudieron retomar el curso escolar con la alternativa de dividir a los 97 estudiantes que componen la matrícula, en dos sesiones. Después del ciclón se usó un solo bloque de aulas, que compartieron los grupos entre la mañana y la tarde. Maylexi lidera un colectivo de 30 trabajadores entre maestros y personal no docente. Es significativo que 27 sean mujeres. Y precisamente ha sido una mujer, Ainadi González Osorio, secretaria del sindicato, la principal gestora de la recuperación. Todos tienen un gran sentido de pertenencia con la comunidad. Y eso se revierte en el apoyo que la comunidad le brinda a la escuela.
A pesar de los daños, se va rescatando la alegría poco a poco. En el proceso de recuperación recibieron la ayuda de la Fábrica de Asbesto Cemento y de la Empresa Eléctrica. Los techos entregados por UNICEF ya están puestos. Los esposos de las maestras y la directora, acompañados de algunos padres, conformaron una brigada especial y en tiempo récord lograron colocar los techos. Gracias a la voluntad de otros padres al tanque de agua, enviado también por UNICEF, adquirido con el aporte del Fondo Central de Respuesta a Emergencias (CERF), se le construye una base para su correcta instalación.
Aún faltan detalles para terminar las aulas del segundo bloque, como el retaqueo, la pintura y la limpieza que serán realizados por familiares de las maestras y de los estudiantes. Otras cuestiones más complejas deben resolverse como sustituir las puertas dañadas por otras nuevas, colocar algunas ventanas, la iluminación y el cableado. Sin embargo, los trabajadores de la escuela se muestran entusiastas y afirman con gratitud: “Lo importante es que ya tenemos techo”.
Los estudiantes que, durante sus vacaciones, pasaron por la escuela para saludar a sus maestros, vieron cómo se hacía realidad su sueño de aulas nuevas. Esa alegría es incomparable, pues los niños y las niñas de Zaporte y Puerta de la Güira pasan mucho tiempo entre las aulas y la mata de mango. Desde que la guagua de la escuela los recoge en diferentes puntos, los padres entregan a sus hijos a las maestras y saben que estarán bien cuidados hasta que la guagua los regrese al mismo lugar.
Andy es hijo de la maestra de Informática y la acompaña a menudo en las labores de recuperación. Él comenzó en este septiembre el tercer grado en una de las aulas recién reparadas. Otros estudiantes participaron en las vacaciones de la reconstrucción. Lo más lindo es que han podido ver cómo va cambiando su escuela y cómo sus propios padres han sido protagonistas, junto a sus maestras de esa transformación.
Detrás la felicidad de las maestras por ver todo lo que se ha logrado, hay vidas complicadas, hijos de diferentes edades y algunos con necesidades especiales. Detrás de las sonrisas y el trato afable hay trece horas de apagón y carencias económicas de todo tipo. Pese a las adversidades, los maestros regresan para cortar el césped, regar las plantas, acomodar las aulas y que, cada día, se parezca más a la escuelita soñada para las niñas y los niños de Zaporte y Puerta de la Güira.
Entre la gratitud por los apoyos recibidos y la esperanza de recibir lo que les falta, transcurrieron los días previos al inicio del nuevo curso escolar. Yaquelín Ayes, la maestra de sexto grado esperó a sus muchachos para comenzar el curso en un aula bonita. Maylexi, la directora, cuidó cada detalle para la vuelta a clases el 1ro de septiembre.
Ellas como otros docentes de esta escuela, no quisieron perderse la felicidad de esos casi cien niños el primer día de escuela. Y la satisfacción de los maestros por poder iniciar un curso más. Las niñas y los niños de Julito Díaz seguirán aprendiendo sobre Matemática, Lengua Española y también sobre como recuperar la esperanza después de los ciclones.