Inspira, un refugio para el corazón de una voluntaria.
Estoy muy agradecida con este programa de UNICEF por abrir más mi mente y corazón, demostrarme que hay mucho porqué trabajar y seguir luchando
Mi nombre es Keylin Danelia Vasques Arrieta, soy nicaragüense, estudié Enfermería Materno Infantil en Nicaragua y estoy refugiada aquí en Costa Rica desde hace poco más de 1 año. Ha sido un país que me ha acogido con amor desde que vine y les estoy sumamente agradecida por eso.
Pero, como refugiada en este país, no siempre la he pasado bien, han habido momentos tristes, dolorosos, frustrantes y más, agregando una pandemia que puso el mundo de cabeza. Llegué a sentirme tan mal, al punto en el que no tenia deseos de seguir viviendo, el estar lejos de mi familia, lejos de mí país, perder familiares y no poder despedirme de ellos fue demasiado duro, pero un día apareció Unicef Costa Rica, con el programa Inspira, que fue para mí una luz entre tanta oscuridad.
Este programa en pro de la Niñez y la Adolescencia, no solo impactó a las familias con las que trabajé, sino que produjo en mí un cambio radical. Me llenó de ilusión saber que me habían seleccionado para ser parte de este gran equipo y que a través de mí se podía llegar a algunas familias.
En mi caso, puedo decir que la pandemia no ha sido tan mala después de todo y aunque ha sido todo un reto adaptarnos a la realidad tecnológica de hoy en día, ha sido también un proceso enriquecedor, en el que, gracias a esta nueva modalidad, pude ser parte del Programa Inspira, Voluntad por la Niñez y la Adolescencia.
Desde aquel 10 de Julio, mi vida cambió, encontré un motivo para seguir adelante y aunque desde que vine he perdido mucho, he ganado demasiado, mi alma no es la misma que al inicio del 2020, nunca se sabe que depara el destino, tampoco las sorpresas y enseñanzas que este nos va a dejar. En la vida hay muchas oportunidades pero pocas son para hacer el bien, desde mi sentir como Enfermera de Materno Infantil he tenido desde siempre ese deseo de servir y ayudar al más necesitado. Unicef ha sido esa plataforma que me dio la oportunidad y la cual he tratado de aprovechar al máximo.
Cada capacitación, taller y actividad que fue para prepararnos para acompañar a las familias, estuvo a la altura del voluntariado, en mí personalmente me hizo mejorar en muchos aspectos, otros los fortaleció, y si bien nos decían que no volveríamos a ser los mismos después de esto… ¡TENÍAN TODA LA RAZON!
Ha sido un programa tan inclusivo e innovador, que prácticamente nos ha ¨inspirado¨ a seguir, primero nos preparó muy bien para dar los talleres y en el transcurso del voluntariado nos animó a no darnos por vencidos con las familias ni con nosotros mismos, nos guio para resolver algunos retos que se presentaban en el camino.
Estoy personalmente, muy agradecida con este programa por abrir más mi mente y corazón, demostrarme que hay mucho porqué trabajar y seguir luchando, que hay muchos niños, niñas y adolescentes que necesitan nuestro apoyo, muchas familias a las que les podemos aportar un granito de arena.
Reconozco y admiro la labor tan humanitaria de Unicef en Costa Rica, espero que sigan así, llegando a cada hogar con ese amor y dedicación que nos han demostrado tener en estos meses en los que hemos trabajado juntos.
Ojalá más y más personas en todo el país se sigan sumando a la labor de Unicef, ayudando de diferentes maneras y promoviendo la seguridad y bienestar de los Niños, Niñas y Adolescentes de todo el mundo, empezando por cambiar desde nuestros hogares y actuar con amor y dedicación para que todos crezcan felices y sanos.
No paremos de trabajar en pro de la niñez de este país, sé que con pocos cambios que hacemos desde nuestros hogares, en las escuelas, comunidades y familias, podemos cambiar la sociedad, podemos ir construyendo un mundo mejor para que las generaciones venideras no tengan que sufrir tanto como en el pasado.
Para culminar, quiero agradecer nuevamente a cada funcionario de UNICEF Costa Rica que hizo posible la realización de este proyecto tan hermoso y de haber cambiado nuestras vidas para siempre. ¨Un acto amable nunca se pierde, se queda grabado en la mente del que lo recibe. ¨