“La violencia tiene un impacto directo en el desarrollo y crecimiento de los niños y niñas”

El Oficial de Salud y Desarrollo Infantil Temprano de UNICEF explica las principales consecuencias que tiene el uso de prácticas violentas en la primera infancia.

UNICEF Chile
UNICEF Chile
UNICEF Chile
20 Enero 2022

Las prácticas violentas de crianza, sobre todo las sicológicas, siguen siendo utilizadas por padres y madres como métodos de disciplina con sus hijos e hijas. Según el estudio de Conocimientos, Actitudes y Prácticas (CAP) con relación a la violencia en la niñez en Chile, https://www.unicef.org/chile/informes/violencia-contra-la-ni%C3%B1ez-y-adolescencia-en-chile, realizado por UNICEF junto al Centro de Estudios Justicia y Sociedad (CJS) y Dirección de Estudios Sociales (DESUC), de la Pontificia Universidad Católica, muchos cuidadores recurren a estas prácticas porque carecen de herramientas para ejercer una crianza positiva.

El Oficial de Salud y Desarrollo Infantil Temprano de UNICEF, Fernando González, explica que la violencia en la crianza tiene un profundo impacto en los niños, niñas y adolescentes. Los castigos físicos y sicológicos en los primeros años de vida dejan huellas en su desarrollo emocional, cognitivo y social.

El doctor González señala que uno de los temas que detecta el estudio CAP es que no todos los padres y madres cuentan con herramientas para ejercer una crianza positiva y eso los hace oscilar entre disciplinas punitivas y permisivas, generando un desequilibrio que anula la autoridad parental y deja a los niños y niñas sin una estructura para su propio desarrollo socioemocional. “El estudio CAP muestra una generación (de padres y madres) en transición, desde una cultura que valida la crianza basada en prácticas violentas y de castigo físico, hacia una que valora una crianza basada en la cercanía, la comunicación y la reflexión, pero que carece de estrategias concretas para llevarlo a la práctica”.

El Oficial de Salud y Desarrollo Infantil Temprano dice que es posible usar prácticas positivas en la crianza y que éstas tienen enormes beneficios para los niños y niñas, y también para sus padres y madres.

 

El estudio CAP muestra que los padres y madres siguen aplicando prácticas violentas en la crianza de sus hijos e hijas. ¿Cuál es el impacto de estas conductas en la primera infancia en particular?

La disciplina violenta tiene un impacto directo en el desarrollo y en el comportamiento de los niños y niñas. Aquellos que han estado expuestos a castigos corporales presentan un desarrollo menor que otros niños y niñas de su edad, lo que se intensifica cuando han sido víctimas de prácticas severas de castigo físico. Además, la exposición sostenida y prolongada a un estrés tóxico* de esta naturaleza puede alterar el desarrollo fisiológico del cerebro y repercutir en el crecimiento físico, cognitivo, emocional y social del niño o niña. Aquellos que crecen con padres autoritarios, que emplean métodos disciplinarios violentos de forma regular, tienen mayor probabilidad de mostrar una menor autoestima y peores resultados académicos, son más hostiles y agresivos, menos independientes y más proclives al abuso de sustancias peligrosas durante la adolescencia, y a lo largo de la vida. Sin embargo, existen mecanismos que pueden interrumpir la exposición al estrés tóxico, e incluso desarrollar resiliencia a partir de estrategias protectoras y promotoras del desarrollo.

 

¿Por qué los padres y madres siguen recurriendo estas prácticas?

El estudio CAP muestra una generación en transición, desde una cultura que valida la crianza basada en prácticas violentas y de castigo físico, hacia una que valora una crianza basada en la cercanía, la comunicación y la reflexión, pero que en muchos casos, carece de herramientas concretas para llevarlo a la práctica. Esto genera que padres y madres utilicen estrategias intermedias que oscilan entre lo punitivo, es decir, castigo en sus diferentes manifestaciones, que resulta relativamente efectivo para el control de la conducta, pero con consecuencias negativas para el vínculo afectivo y desarrollo socioemocional del niño, niña o adolescente; y lo permisivo, con ausencia de consecuencias ante conductas trasgresoras o disruptivas que resulta inefectivo para regular la conducta, pero que aparentemente preserva el vínculo afectivo. Esta transición, si bien representa un avance a nivel de las creencias, también es una amenaza para una crianza positiva toda vez que los padres, madres y cuidadores no cuentan con herramientas para ejercer adecuadamente una disciplina positiva, surgiendo un desequilibrio que anula la autoridad parental y deja a los niños, niñas y adolescentes carentes de normas y estructura para su desarrollo socioemocional y el logro de una creciente autonomía.

 

¿Cómo se puede apoyar a los cuidadores en la primera infancia para que utilicen prácticas positivas y no violentas?

Para fortalecer el desarrollo de las prácticas de disciplina positivas es necesario atender, entre varios factores, a los conocimientos y actitudes en torno a la parentalidad que subyacen a dichas prácticas. Los programas que promueven la parentalidad positiva estimulan el desarrollo de prácticas que permitan fijar reglas realistas, expectativas y límites adecuados a la edad, pero tendiendo al buen trato y considerando al niño, niña o adolescente como agente del aprendizaje. Los modelos basados en la disciplina positiva buscan simultáneamente incrementar las interacciones positivas con los niños, niñas y adolescentes como el aprendizaje en base al juego, la asignación de responsabilidades domésticas según la edad, y el establecimiento de actividades y rutina familiares y, a la vez, reducir las prácticas parentales coercitivas e inconsistentes, como el maltrato físico o emocional en relación al mal desempeño escolar o no cumplimento de responsabilidades o acuerdos familiares, o la negligencia afectiva frente a fracasos o situaciones que le afecten emocionalmente al niño o niña.

Las investigaciones de esta línea aseguran que la violencia hacia niños, niñas y adolescentes sigue y seguirá siendo un problema hasta que en las normas sociales no se la redefina como inaceptable.

“… la violencia hacia niños, niñas y adolescentes sigue y seguirá siendo un problema hasta que en las normas sociales no se la redefina como inaceptable”.

¿Qué es la parentalidad positiva? ¿Cómo se relaciona con la disciplina infantil?

La parentalidad positiva, entendida como una serie de prácticas de crianza que favorecen el desarrollo saludable de los niños, niñas y adolescentes, responde a un enfoque de enseñanza que los ayude tener éxito, es decir, a lograr sus objetivos y responsabilidades adquiridas con sus pares, familias y comunidades, a manejar sus frustraciones cuando no lo logran, y en definitiva a crear entornos promotores del aprendizaje y así apoyar su crecimiento y desarrollo integral.

La promoción de la parentalidad positiva es la principal estrategia de la política pública para erradicar la violencia contra la niñez. Se resume en cinco principios: garantizar un ambiente seguro, acogedor y estimulante; crear ambientes de aprendizaje positivos; utilizar métodos de disciplina consistentes y asertivos; tener expectativas razonables de los niños y niñas y de los padres; y el autocuidado por parte de los padres.

 

¿Podría darnos algunos ejemplos de prácticas positivas de crianza durante la primera infancia?

Es importante explicarle a los niños y niñas las normas y límites que deben respetarse, y el por qué existen estas reglas. Como estrategia, se puede ofrecer opciones entre distintas alternativas, todas elegibles, cosa de que luego no se les diga que “No”. Para que los niños y niñas colaboren hay que plantear las frases en positivo, por ejemplo: si un niño o niña golpea o muerde a un/a compañero/a para quitarle un juguete, explicarle que lo que hizo está mal ya que “no se pega” o “no se muerde” bajo ninguna circunstancia (marcar el límite), intentar que el niño o niña entienda que le hizo daño a su compañero/a (empatía), y luego salir del lugar de la crisis y buscar otro juguete que sabemos que le gusta y cambiar su atención (no validar el mecanismo para conseguir lo que quería). Otro ejemplo: frente a una pataleta por querer seguir viendo televisión, explicarle que ya se cumplió el tiempo previamente acordado (límite previamente acordado), contener y explicar que “mucha televisión hace mal” (explicación lógica) e invitarlo a jugar a otro lugar, o realizar otra actividad (contención emocional).

También es importante mostrarles que las personas pueden equivocarse, tanto adultos como niños, y cuando eso ocurre se puede aprender y reparar el error cometido. La mejor forma de conseguir cooperación de los hijos e hijas es involucrándolos en las soluciones.

Otra forma puede ser informar a los niños y niñas de lo que está por venir. Planificar el día y sus actividades, de modo que estén preparados mentalmente para dejar lo que está haciendo. Se pueden utilizar recursos como el juego y el humor, eso los alegra, motiva y dispone de una manera positiva a las actividades que tengan que hacer. Dejar que hagan las cosas ellos, acompañándolos y asistiéndolos en lo que no puedan hacer, que vean a los papás o mamás hacer algo y que luego lo intenten ellos.

 

En el caso de los niños y niñas pequeños, ¿cuáles son las consecuencias de las prácticas violenta ¿Cómo afectan estas prácticas su desarrollo?

Las prácticas violentas como las palmadas, golpes con objetos como cinturones, y otras formas de castigo físico son más comunes de lo que quisiéramos. El castigo físico se asocia con consecuencias negativas de corto, mediano y largo plazo en el desarrollo de niñas, niños y adolescentes, como a un menor desarrollo cognitivo, a un mayor riesgo de padecer problemas de salud mental, y a tener un menor autocontrol y mayor agresividad. Otro punto muy importante es que afecta las relaciones con sus cuidadores, pierden la confianza en ellos y se alejan emocionalmente. Es muy importante que los niños, niñas y adolescentes se sientan queridos y apoyados por sus padres y madres.

 

¿Cómo pueden enfrentar los padres o madres las “pataletas” o cambios de ánimo de los niños y niñas, a través de prácticas positivas de crianza?

Lo más importante frente a una pataleta es que el adulto no pierda el control, y en caso de que así sea, se recomienda tomar distancia, pedir relevo en caso de ser posible, o bien tomarse el tiempo necesario para volver a la calma y retomar el manejo de la situación. Para eso puede ayudar bajar la tensión del ambiente (ruido, estrés, o pantallas), acercarse amorosamente al niño o niña que está teniendo la pataleta, ojalá a su altura (agachándose y mirarlo a los ojos), tomar la mano, ofrecer un abrazo, con ello se puede lograr la conexión emocional y bajar la frustración rabia o pena. Si los padres o madres responden con gritos, castigos u otros métodos disciplinarios se entrega una señal errónea como modelos. Hay que lograr que los niños puedan comprender y denominar su emoción, y así comunicar lo que sienten y desean por medio de las palabras. De esta manera se puede dar un refuerzo positivo, felicitar, alegrarse por lo logrado, y mostrar que los problemas se resuelven con diálogo y conversando. Se recomienda buscar la conexión afectiva, por medio del cariño, el juego o incluso del sentido del humor.

 

¿Qué prácticas no son recomendables?

No es recomendable recurrir a los gritos, enviarlos a pensar, o la “ducha fría” para que recapaciten. Estos mecanismos de disciplina violenta físicos y psicológicos aumentan la frustración y desregulación emocional, agudizándola, y no les permiten comprender la situación y manejar sus emociones. El castigo físico produce efectos totalmente contrarios al que madres, padres y cuidadores buscan a través de su uso, ya que incrementa comportamientos indeseables y problemas de desarrollo. Dadas las afectaciones cerebrales, cognitivas y de comportamiento producidas por el castigo físico, esta práctica empeora el mal comportamiento de niñas, niños y adolescentes, al reducir su autorregulación y aumentar su agresividad. Adicionalmente, la ciencia sugiere que el castigo físico no le permite a las niñas y niños entender e interiorizar las razones por las cuales su comportamiento es inadecuado, por lo cual no es efectivo como método de disciplina.

“El castigo físico produce efectos totalmente contrarios al que madres, padres y cuidadores buscan a través de su uso, ya que incrementa comportamientos indeseables y problemas de desarrollo”.

*El estrés tóxico ocurre cuando un niño o niña experimenta una adversidad que es intensa, frecuente y sostenida en el tiempo, y no cuenta con el apoyo adecuado de un adulto.