Qué son las regresiones en la infancia y cómo ayudar a tu hijo o hija a superarlas
Una experta en psicología infantil nos explica que, aunque puedan ser frustrantes, son habituales y no suelen durar mucho
Muchos progenitores observan que su hijo o hija ha dado un enorme salto hacia delante (por ejemplo, ¡por fin ha aprendido a ir al baño!), pero después vuelve a retroceder (¡se niega a utilizar el baño!). Las regresiones son habituales en el desarrollo infantil, en especial cuando en los primeros años. Hemos hablado sobre las causas de las regresiones y las formas de ayudarl a los niños y niñas a superarlas con Nancy Close, doctora y profesora en el Centro de Estudios Infantiles de la Facultad de Medicina de Yale y Directora Adjunta del Programa de Yale sobre Educación en la Primera Infancia.
¿Qué es una regresión? ¿Cuáles son sus causas?
“Me gusta ligar la regresión a la idea de progresión”, expone Nancy Close. “Casi todos los niños y niñas tienen un gran deseo de avanzar en su desarrollo (la progresión). Los niños poseen una energía natural que los incita a explorar, manipular y dominar el mundo en el que viven”.
Sin embargo, el entusiasmo por ser capaces de hacer cosas nuevas va acompañado de estrés. Por ejemplo, una niña que aprende a caminar puede estar muy contenta por esa nueva habilidad que ha logrado dominar, pero quizás también se dé cuenta de que ahora mamá y papá están más lejos o de que podría caerse.
“Al encontrarse con estos obstáculos en su desarrollo, los niños y las niñas pueden sentirse extremadamente abrumados y padecer algún tipo de regresión”, explica la experta.
¿Cómo son los comportamientos regresivos?
La regresión se puede manifestar de diversas formas, pero en general, consiste en actuar como si se fuera más pequeño o más dependiente. Es posible que el niño o la niña sufra más rabietas, tenga dificultades para dormir o comer, o vuelva a adoptar formas más inmaduras de hablar. Si una niña ya ha conseguido, por ejemplo, vestirse sola, quizás se observe una pérdida de alguna de las capacidades asociadas. “De repente, tu hijo o hija ya no es capaz de hacer algo que sí hacía antes”, explica Nancy Close.
¿Cuándo se producen las regresiones?
Los comportamientos regresivos suelen observarse en los niños y niñas de hasta seis años, pero en realidad puede haber regresiones a cualquier edad, incluso en los bebés y en niños y niñas mayores. Las regresiones pueden ser menos evidentes en los bebés. Un bebé puede mostrar mayor dependencia, necesitar alimentarse más, quejarse un poco más o llorar más a menudo de lo habitual.
¿Las regresiones son habituales?
No te preocupes, las regresiones son algo común. De hecho, debemos esperarlas y son muy útiles para el desarrollo posterior. Podemos verlas como la forma que tienen los niños y niñas de prepararse para asumir más responsabilidad. “Algunos niños y niñas pueden padecer una regresión justo antes de realizar un gran avance, o justo después de avanzar”, explica Nancy Close. “Pienso que los motivos que causan la regresión varían de un niño a otro, como también lo hacen los patrones regresivos que parecen mostrar. En general, los progenitores reconocen en sus hijos el patrón de avanzar y a continuación necesitar retroceder un poco”. Las regresiones también son muy habituales cuando los niños deben adaptarse a nuevas situaciones, como cuando se convierten en hermano o hermana mayor o empiezan la escuela.
¿Cómo pueden los progenitores brindar apoyo a sus hijos durante las regresiones?
Transmítele tranquilidad. Hazle saber que está a salvo y que cuenta con tu apoyo. Intenta mostrarle que has notado el comportamiento regresivo sin que sienta vergüenza. Nancy Close sugiere que tratemos de explicarle la situación con frases como estas: “Estás aprendiendo a hacer muchísimas cosas de niño mayor y esa es una tarea muy difícil. A veces sientes que necesitas mi ayuda”.
El juego también puede ser una herramienta muy útil para abordar sentimientos complicados. “Los niños y niñas utilizan los juegos de simulación y simbólicos para desarrollar su lenguaje, su pensamiento y sus ideas sobre el mundo. Les ofrecen una forma de expresar social y emocionalmente dificultades para las que no siempre tienen palabras”, explica la experta. Observar a nuestros hijos mientras juegan y jugar con ellos son maneras de aprender mucho sobre lo que les pasa.
A veces, tu hijo o hija quizás necesite volver atrás durante un tiempo. Es importante ofrecerle consuelo, pero también tener expectativas y fijar límites. “A los niños pequeños les cuesta mucho aceptar que no son los reyes del mundo, y esto puede desencadenar rabietas”, explica Nancy Close. “No lo rechaces. Ayúdale a encontrar formas flexibles y adaptadas a su edad para expresar algunos de esos sentimientos más difíciles”. Siéntate con tu hijo o hija y ayúdale a calmarse, a relajarse y a reflexionar sobre lo que siente. Puedes decirle, por ejemplo: “Te enfadaste mucho porque tu amiga no te dio el juguete y la empujaste. La próxima vez, podrías preguntarle si te lo puede prestar un rato y pedir ayuda a tu maestro o maestra”.
¿Cuándo se deberían preocupar los progenitores?
Algunas regresiones pueden durar unas semanas, pero su duración varía de un niño a otro. En general, si eres capaz de detectar lo que le puede estar ocurriendo a tu hijo o hija y brindarle apoyo, podrá superarlo. Si te parece que la regresión está durando más de lo que debería, unas dos o tres semanas, Nancy Close recomienda consultar al pediatra. “A los niños y niñas les entusiasma avanzar en su desarrollo, por lo que yo me preocuparía cuando no existe esa motivación. Sin embargo, pienso que las regresiones que se producen dentro de un proceso de desarrollo adecuado suelen durar muy poco”.
Nancy Close es doctora y profesora en el Centro de Estudios Infantiles de Yale, Directora Adjunta del Programa de Yale sobre Educación de la Primera Infancia, profesora de Psicología y Directora Clínica de la alianza MOMS Partnership® y del Programa de desarrollo para progenitores y familias de Yale. También es madre y abuela.
Entrevista y artículo de Mandy Rich, Redactora de contenidos digitales, UNICEF.