Migrantes y comunidades locales se benefician por igual del acceso al agua potable.
Jhon Tovar Barrera, Ingeniero ambiental, especialista en agua, saneamiento e higiene para las comunidades en UNICEF.
Después de trabajar algunos años como ingeniero ambiental en Colombia, Jhon Tovar Barrera decidió aportar su conocimiento a las comunidades más vulnerables por lo que comenzó a trabajar con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, en el ámbito humanitario en aspectos de saneamiento, reciclaje y agua en regiones aledañas a la ciudad de Bogotá. A nivel global UNICEF es la agencia líder en coordinación y gestión en materia de agua, saneamiento e higiene en emergencias y contextos humanitarios.
Tras cuatro años en UNICEF en Colombia, a sus 30 años llegó en 2022 a Darién, provincia fronteriza de Panamá, precisamente para trabajar en pro de garantizar el derecho humano al agua y el saneamiento en 10 comunidades fuertemente impactadas directa e indirectamente por la migración; nueve de estas comunidades se encuentran en la comarca indígena Emberá-Wounaán. Jhon coordina el proyecto Baido, que en lengua emberá significa ‘agua’, que busca en optimizar o construir sistemas de agua en estas comunidades.
En 2018, UNICEF inició acciones en la provincia de Darién para apoyar la respuesta del Estado panameño a la creciente llegada de niños y niñas y sus familias como migrantes, refugiados y solicitantes de asilo por la selva, y a las poblaciones locales impactas por la migración.
“Cuando llegué a Metetí, ciudad base de UNICEF en Darién, me tomó algo de tiempo acostumbrarme. Es un pueblo disperso y casi todo el mundo se va de aquí los fines de semana, que es cuando tengo más tiempo para compartir y conocer el lugar”, señala Jhon. “Ese espacio lo he dedicado a la lectura, a cocinar con otros, a interactuar, escuchar música y hacer senderismo. Algunos lugares son muy lindos y su belleza a veces pasa desapercibida para los lugareños”.
Las acciones para la provisión de agua potable y saneamiento y distribución de kits de higiene adaptados a las necesidades específicas de la población por edad y género en las 3 Estaciones Temporales de Recepción Migratoria en Darién y en Chiriquí y las comunidades de acogida (Bajo Chiquito y Canaán Membrillo), así como el trabajo con las 10 comunidades impactadas por la movilidad humana para mejorar el acceso al agua potable y el fortalecimiento de las Juntas Administradoras de Agua, han beneficiado a unas 630 mil personas. “El agua nos une; migrantes, funcionarios y comunidades locales nos beneficiamos por igual del acceso al agua potable” indica Jhon.
Los retos tanto personales como laborales han sido muchos. “Yo trabajé en Necoclí en Colombia y desde allí empieza la ruta por la selva, que es el tramo más difícil que recorren los migrantes, y ahora en Darién, me toca verlos llegar.
Hay momentos en los que la situación migratoria es muy compleja y todo lo que podemos ofrecer se queda corto. Nos hemos organizado para escenarios muy complejos, pero nuestra imaginación muchas veces no llega a cubrir escenarios tan difíciles y cambiantes por día que estamos viendo en la realidad”.
En los primeros ocho meses del año 2023, según cifras oficiales del gobierno de Panamá, han atravesado la selva del Darién más de 71 mil niños, niñas y adolescentes de más de 50 nacionalidades. Más del 50% son menores de 5 años. Esta población, así como las poblaciones locales impactadas por la migración, tienen necesidades urgentes en términos de salud y nutrición, protección contra la violencia y acceso a servicios de agua, higiene y saneamiento.
A pesar del escenario cambiante y la acelerada llegada de más familias con niños y niñas a través de la selva, así como el impacto en las comunidades indígenas locales, a Jhon le cautiva la conexión con las comunidades y le inspira poder aportar un granito de arena para mitigar un poco sus vulnerabilidades y las brechas que tienen las personas que allí viven.