Cómo proteger a la niñez frente a las violencias en el ámbito digital
Datos y acciones para prevenir el abuso y la explotación sexual infantil facilitados por tecnología
Para millones de niñas, niños y adolescentes en México, internet no es un espacio aparte de la vida: es parte de ella.
Casi 8 de cada 10 niñas y niños de 6 a 11 años usan internet, y entre adolescentes la cifra supera el 95%. En promedio, pasan ahí entre 2.6 y 4.5 horas al día.
Ahí aprenden, juegan, se expresan, conviven y construyen vínculos. Por eso, protegerles en internet es clave para prevenir la violencia y otras formas de abuso facilitadas por la tecnología.
Lo digital es parte de la vida de niñas y niños, también la violencia…
Tenemos que interrumpir el daño.
El estudio Disrupting Harm en México (Interrumpir el daño) presenta evidencia sobre el abuso y la explotación sexual de niñas, niños y adolescentes facilitados por la tecnología. Este término se refiere a situaciones en las que las tecnologías digitales, de internet o de comunicación intervienen en algún momento del abuso o la explotación sexual. Puede ocurrir completamente en línea o mediante una combinación de interacciones digitales y presenciales.
Disrupting Harm es una iniciativa global financiada por Safe Online e implementada por ECPAT International, INTERPOL y UNICEF Innocenti. En México, el estudio se realizó entre 2023 y 2025 para comprender cómo ocurre el abuso y la explotación sexual de niñas, niños y adolescentes facilitados por la tecnología, e identificar acciones para fortalecer la prevención, la atención, la justicia y la protección infantil. La investigación combinó una encuesta nacional con adolescentes de 12 a 17 años, entrevistas con actores clave y víctimas y sobrevivientes y un análisis de la legislación y las políticas nacionales.
Datos sobre la explotación y abuso sexual facilitados por la tecnología contra niñas, niños y adolescentes en México
1 de cada 8 adolescentes usuarios de internet sufrió explotación o abuso sexual facilitados por las tecnologías digitales. A escala nacional, esto representa alrededor de 1.6 millones de niñas, niños y adolescentes de 12 a 17 años usuarios de internet.
La forma más común identificada en la encuesta fue la exposición no deseada a imágenes sexuales, reportada por el 7% de adolescentes usuarios de internet. Además, casi la mitad de las víctimas, el 47%, sufrió al menos dos formas de abuso o explotación sexual facilitados por la tecnología.
El estudio también muestra que las personas agresoras no siempre son desconocidas. De hecho, en casi 2 de cada 3 casos (64%), las y los adolescentes ya conocían a la persona que les hizo daño. En la mayoría de los casos, se trataba de amistades, parejas o familiares.
Esto muestra que la protección en el entorno digital no depende únicamente de decir “no hables con extraños”. También requiere construir relaciones de confianza, fortalecer la educación digital, hablar sobre consentimiento, acompañar sin juzgar y garantizar que niñas, niños y adolescentes sepan dónde pedir ayuda y que haya mecanismos de respuesta ante estas situaciones.
Detrás de las cifras hay historias. Una joven de México que participó en la investigación relató:
“Sentí que todas las personas que me vieron no me vieron a mí, veían mis fotos. Que no era una persona, sino un cuerpo desnudo que todos podían ver. Me sentí expuesta, tenía miedo y, sobre todo, desde que pasó todo, empecé a dudar de todo y de todos”.
Su testimonio recuerda que estas experiencias no terminan cuando se apaga una pantalla. Por eso, es fundamental escuchar sin juzgar, creer, acompañar y garantizar apoyo oportuno.
¿Dónde ocurren los riesgos en línea?
El estudio documenta que estas formas de violencia pueden ocurrir en redes sociales, aplicaciones de mensajería, videojuegos y otros espacios digitales que niñas, niños y adolescentes usan todos los días.
Entre los incidentes reportados en la encuesta, Facebook y WhatsApp aparecen entre los espacios más asociados, seguidos de Instagram y TikTok; también se identifican riesgos en videojuegos como Roblox, Fortnite y FIFA.
Estos datos no significan que una plataforma por sí sola cause la violencia. El entorno digital no crea el abuso, pero si puede amplificarlo, ocultarlo y prolongar el daño. La protección de niñas, niños y adolescentes en línea no es opcional, sino que debe ser parte del diseño de las plataformas, de las políticas públicas y de la respuesta de justicia y protección.
El impacto de la explotación y el abuso sexual infantil facilitado por tecnología
El abuso y la explotación sexual facilitados por la tecnología pueden dejar una huella profunda en la vida de niñas, niños y adolescentes.
El estudio muestra que quienes vivieron este tipo de violencia tuvieron muchas más probabilidades de enfrentar graves afectaciones a su salud mental: 15 veces más autolesiones, 12 veces más pensamientos o conductas suicidas y 11 veces más ansiedad.
Detrás de estas cifras hay miedo, culpa, vergüenza, baja autoestima, problemas de sueño y un impacto que puede extenderse mucho más allá de la pantalla.
Muchas víctimas no hablan de lo ocurrido por miedo a ser juzgadas, porque sienten vergüenza, porque no saben a quién acudir o porque no reconocen que lo que vivieron puede y debe ser atendido.
De acuerdo con el estudio, el 32% no le contó a nadie que había sufrido abuso o explotación sexual facilitados por la tecnología. Además, menos del 1% de los incidentes identificados fueron denunciados a la policía.
Esto no significa que niñas, niños y adolescentes no quieran pedir ayuda o no la necesiten. Significa que necesitan saber a quién acudir y confiar en que madres, padres, docentes e instituciones los escucharán, les creerán y actuarán para protegerles.
¿Qué se necesita para proteger a niñas, niños y adolescentes?
El estudio identifica la importancia de fortalecer la prevención, la atención especializada, el acceso a la justicia y los sistemas de protección infantil. Esto incluye impulsar la educación digital y las capacidades de niñas, niños y adolescentes para reconocer riesgos y pedir ayuda, así como acompañar a madres, padres y cuidadores para que sepan cómo protegerles, comunicarse y responder sin juzgar.
También se necesitan procesos que eviten la revictimización, servicios de apoyo psicosocial oportunos y mecanismos de denuncia claros, confidenciales y adecuados para niñas, niños y adolescentes.
Además, el informe reconoce áreas donde el marco legal puede actualizarse para responder mejor a las formas actuales de abuso y explotación sexual facilitados por la tecnología, incluyendo la extorsión sexual, el acceso deliberado a material de abuso sexual de niñas, niños y adolescentes, los contenidos generados digitalmente o mediante inteligencia artificial y el abuso transmitido en vivo.
También es necesario avanzar hacia una regulación que establezca responsabilidades claras para las plataformas digitales y les exija incorporar la seguridad desde el diseño, prevenir riesgos de forma proactiva y responder con rapidez ante situaciones de abuso.
Proteger a niñas, niños y adolescentes en internet no significa negarles el acceso a la tecnología. Significa garantizar que puedan vivir experiencias digitales positivas, seguras y significativas, conforme lo establece la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.
Un llamado a la acción por entornos digitales seguros
Desde UNICEF hacemos un llamado a fortalecer la protección integral de niñas, niños y adolescentes en el entorno digital, con base en evidencia y desde un enfoque de derechos.
Esto requiere la participación de gobiernos, la industria tecnológica, plataformas digitales y de redes sociales, sociedad civil, academia, familias, niñas, niños y adolescentes. También implica avanzar hacia una legislación nacional integral que actualice, armonice y fortalezca la protección frente a las formas actuales de abuso y explotación sexual facilitadas por la tecnología.
La tecnología forma parte de la vida de la niñez y la adolescencia. La protección también debe formar parte de ese entorno.
Conoce el estudio completo Disrupting Harm en México aquí.