Acceso, dignidad y esperanza: la historia de Leticia
El acceso a productos de higiene menstrual y a agua filtrada ha cambiado la vida cotidiana de Leticia. Hoy puede cuidar mejor su salud, vivir su menstruación con mayor comodidad y sentirse más tranquila al ir a la escuela.
A Leticia Barrera, una adolescente de 14 años, la lluvia le provoca sentimientos encontrados. Por un lado, le alegra ver cómo se llenan los barriles, pues en la Colonia Teocinto del cantón Los Tablones (Santa Ana), nunca han tenido agua potable; por otro, le angustia ver cómo el viento levanta el plástico con el que han formado su vivienda, mueve las láminas del techo y el agua entra y moja la cama y sus pertenencias.
El agua de lluvia que recogen les da un respiro. Cuando se acaba o cuando hay periodos de sequía, Leticia y su mamá vuelven a estar pendientes para comprar agua de la pipa. En cuanto la oyen acercarse, corren a la esquina para pedirle al conductor que entre a su calle. A veces les promete que lo hará y sigue de largo. Si no logran comprar agua, su mamá acude a sus familiares y vuelve cargando dos o tres cantaradas para beber y cocinar.
Cada barril de agua les cuesta $1.25 y este gasto se suma al pago del terreno en el que viven y a los alimentos básicos, como arroz, macarrones o tortillas. En las semanas en que el dinero no alcanza, la familia compra agua una sola vez y la reserva para beber. Leticia ha aprendido a no desperdiciar, es decir, a no servirse un vaso y dejarlo a medias. “Lo que no nos gusta es que tiene sabor a cloro y que arde la garganta”, cuenta Leticia.
Tampoco le gusta quedarse sin agua para bañarse, especialmente cuando menstrúa y se siente incómoda. “No me gusta andar así. Le digo a mi mami si puedo agarrar un poquito de agua solo para lavarme y me dice que sí. Agarro poca, pero trato de restregarme bien”, cuenta. Su mamá, que también se llama Leticia, procura que siempre pueda asearse, aunque quede muy poca agua para el resto de los habitantes de la casa. Además, hace todos los esfuerzos que puede para que a su hija nunca le falten toallas sanitarias. “Si solo tengo una bolsita, se la guardo a ella y yo uso trapitos”, explica.
En la escuela, a veces no hay suficiente agua para lavarse las manos. Leticia cuenta que en el recreo prefiere no comprar nada de comer para dejar dinero para comprar agua. Si la menstruación le llega de sorpresa, le pregunta a su maestra si tiene una toalla sanitaria. “Si no, así me toca andar”, dice. Con sus amigas prefiere no hablar del tema, por temor a que otras personas se enteren: “Yo mejor me quedo calladita y solo tengo confianza en mi mamá y en la profesora”.
Para Leticia, menstruar sin agua para lavarse y sin la certeza de contar con una toalla sanitaria cuando la necesita puede hacer más difícil ir a clases. A veces, además, el dolor es tan fuerte que ni siquiera quiere levantarse de la cama. “Me enojo bien rápido. O si no, a veces solo quiero pasar dormida, porque me dan dolores muy fuertes”, cuenta. Había visto en el supermercado unos productos para colocar sobre el vientre y aliviarse, pero su familia no podía comprarlos.
Ahora Leticia tiene esos productos, además de varios paquetes de toallas sanitarias, protectores diarios, jabón, alcohol líquido para las manos y toallas húmedas para limpiarse, que puede llevar a la escuela. Los recibió en un kit de higiene menstrual que el Fondo Humanitario para El Salvador ha distribuido con el apoyo de UNICEF en su comunidad. Tenerlos a su alcance le permite atender sus necesidades con mayor comodidad y privacidad, y continuar cursando su sexto grado con más tranquilidad.
El kit que recibió Leticia forma parte de la respuesta humanitaria que UNICEF desarrolla junto con Visión Mundial, gracias al Fondo Humanitario para El Salvador. La intervención busca salvar vidas y atender necesidades más urgentes en comunidades donde los choques asociados a los fenómenos climáticos extremos, como las sequías y las lluvias intensas, dificultan el acceso al agua segura y a insumos de higiene, aumentando los riesgos para la salud y el bienestar, especialmente de niñas, niños y adolescentes.
Para atender estas necesidades, UNICEF y Visión Mundial apoyan a las familias con filtros, recipientes para tratar y almacenar agua de forma segura en el hogar y artículos de higiene personal. A nivel comunitario, se habilitan puntos seguros de abastecimiento de agua y se fortalecen las capacidades para la gestión y el mantenimiento de los sistemas. Además, la intervención responde a las necesidades específicas de niñas y adolescentes mediante productos que les permiten gestionar su menstruación con higiene, privacidad y dignidad.
La familia de Leticia también recibió un filtro purificador con capacidad de 15 litros y un dispensador de agua, así como un bidón y un cántaro para almacenarla.
“El día que le dieron el filtro a mi mamá, yo lo armé. Lo llenamos y nos esperamos durante tres horas”, cuenta. “El agua se siente diferente: ya no tiene cloro, se siente limpia y no nos duele la garganta”, agrega.
Leticia sabe que su familia seguirá pendiente de la lluvia y de la pipa, pero sueña con el día en que ya no tengan que salir a buscar agua y que nunca falte en su casa.