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Comunidades en Costa Rica trabajan por transformar sus sistemas agroalimentarios

Programa de Naciones Unidas Costa Rica financiado por el Fondo Conjunto para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se ejecuta en Buenos Aires de Puntarenas y Guatuso

Mariana Álvarez
Álvaro Cordero es un agricultor de la zona de Olán en Buenos Aires de Puntarenas. Su nieto Ian Cordero aprende con él y su padre sobre cómo sembrar.
UNICEF/Mariana Álvarez
20 Marzo 2025

Costa Rica se enfrenta a una encrucijada: la desigualdad y la inseguridad alimentaria siguen siendo importantes desafíos. En 2023, el Índice de Gini alcanzó un preocupante 50,2%, lo que indica un alto nivel de desigualdad que impacta especialmente a las comunidades más vulnerables, sobre todo en cantones rurales como Buenos Aires (zona Sur) y Guatuso (zona Norte). Además, datos de UNICEF revelan que “dos de cada tres niñas y niños no reciben los alimentos mínimos necesarios para un crecimiento saludable”, lo que agrava aún más la situación.

Frente a este desafío, el programa conjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) “Empoderando comunidades en sistemas agroalimentarios sostenibles” busca contribuir con la mejora en las prácticas agroproductivas y hábitos alimenticios de las personas que participan de la iniciativa. Este programa no solo promueve prácticas de producción más sostenibles, sino que  fortalece capacidades y empodera a las personas, garantizando que sus voces y conocimientos sean parte del cambio.

Los sistemas agroalimentarios son fundamentales para mejorar la calidad de vida en las comunidades rurales. Estos abarcan desde la producción hasta el consumo, asegurando que cada etapa contribuya a reducir pérdidas y desperdicios de alimentos. Además, fomentan un entorno donde las familias pueden adoptar dietas saludables y prácticas de alimentación adecuadas para prevenir la malnutrición y luchar contra el cambio climático.

El programa busca concienciar sobre la necesidad de que existan variedad de alimentos nutritivos disponibles y accesibles para las personas, priorizando la producción local y educando a las niñas, niños y sus familias sobre cómo tomar decisiones más sostenibles y saludables. Esto crea un círculo virtuoso que fortalece la nutrición, el bienestar y la resiliencia de las comunidades.

En Buenos Aires de Puntarenas, Álvaro Cordero, junto a su hijo José y su nieto Ian, cultivan una parcela familiar que representa mucho más que un medio de vida. “Llevamos muchos años dedicados al cultivo de hortalizas”, dijo con orgullo, mientras su nieto jugaba a cosechar junto a él. Estas historias evidencian cómo el conocimiento se transmite de generación en generación, garantizando un impacto duradero.

Empoderamiento femenino: agentes de cambio

Las mujeres, que históricamente han enfrentado barreras en el acceso a recursos productivos, están al centro de esta transformación. Maritza Cortés, una productora avícola de Guatuso, recuerda cómo su vida dio un giro gracias a conocimiento que ha ido fortaleciendo con el programa.

“Hace poco me visitó gente del Instituto de Desarrollo Rural (INDER) y del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y me brindaron ayuda, por medio de eso yo he hecho mejoras. Ya compramos una cantidad de gallinas más y comederos y la meta es mejorar y tener mejor el gallinero”. Para Maritza, el programa no se trata solo de herramientas técnicas, sino de esperanza y autonomía.

El programa ofrece herramientas que fortalecen la participación de las mujeres en la toma de decisiones en el marco de su actividad productiva, fortaleciendo su liderazgo en la comunidad. Esto no solo mejora la calidad de los alimentos producidos y consumidos, sino que también asegura que las presentes y futuras generaciones crezcan en un entorno más equitativo, reconociendo el rol transformador que tienen las mujeres en la actividad agropecuaria.

La niñez y adolescencia también juegan un papel esencial en esta iniciativa. El programa fomenta hábitos alimenticios saludables desde una edad temprana, vinculando a la niñez con el proceso de producción y el medio ambiente. Estas acciones no solo impactan en su salud actual, sino que también siembran conciencia para toda la vida.

Un llamado global inspirado en lo local

Este programa conjunto no sería posible sin las alianzas entre instituciones locales y el apoyo de donantes. Con el liderazgo de las agencias de las Naciones Unidas, el MAG, el Ministerio de Salud y las municipalidades, este programa une esfuerzos para garantizar que las comunidades sean las protagonistas de su propio desarrollo.

Sylvia Chaves, coordinadora del programa, comenta que: “cada historia que escuchamos, cada persona productora, cada mujer y cada niño y niña con quienes compartimos en Buenos Aires y Guatuso nos enseñan sobre la trascendental tarea de producir alimento sano y fresco, en momentos donde el trabajo agropecuario ha venido a menos; asimismo nos hablan de convicción, amor y lucha para lograr sistemas agroalimentarios sostenibles, recordándonos el poder transformador que tienen las comunidades rurales del país.”

Lo que está ocurriendo en estos dos cantones es un testimonio del poder de las comunidades para liderar su visión de desarrollo de la mano de gobiernos locales e instituciones que apuntan al mismo norte. Con el apoyo de la cooperación internacional, esta iniciativa demuestra cómo los Objetivos de Desarrollo Sostenible pueden convertirse en una realidad.

Este programa no solo busca acabar con el hambre y promover la sostenibilidad, sino también inspirar. Con cada semilla plantada y cada conocimiento compartido, las personas están cultivando algo más que alimentos: están cultivando esperanza, resiliencia y un futuro mejor para no dejar a nadie atrás.

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El Fondo Conjunto para los ODS recibe apoyo de la Unión Europea, Bélgica, Dinamarca, Alemania, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Mónaco, Países Bajos, Noruega, Polonia, Portugal, República de Corea, Arabia Saudí, España, Suecia y Suiza. Junto a nuestros socios y donantes trabajamos para transformar y empoderar a las comunidades, impulsando el desarrollo sostenible en todo el mundo y en cada país donde trabajamos para construir un mejor presente y futuro para todas las personas.