Wilker, de pelearse en clase a ser un líder del lavado de manos

Una historia de resiliencia en Petare

Por Sendai Zea y Alfonso F. Reca
Wilker, de pelearse en clase a ser un líder del lavado de manos
UNICEF/UN0318557/Velasquez
24 Julio 2019

PETARE (VENEZUELA).- Vive en Petare, una de los barrios más populosos y vulnerables de Caracas, la capital de Venezuela.  Tiene 9 años y es un gran aficionado al beisbol, deporte que acostumbraba a practicar con su hermano, hasta que su madre comenzó a viajar periódicamente a Colombia para comprar y vender productos y ganar algo de dinero, dado que su padre lleva 3 años en prisión. “Me aburro mucho”, explica Wilker al salir de la escuela.

La situación de su padre ha tocado a toda la familia, especialmente después de que su abuela le contara que cada vez que hay un apagón de luz en el centro de internamiento, su padre sólo recibe en la celda un vaso de agua. “Eso me afectó mucho”, reconoce Wilker, el mayor de cuatro hermanos.

Wilker cambió de escuela el pasado curso. Su nuevo colegio es una casa que ha sido modificada para convertirse en el centro educativo alternativo de 200 niños, quienes no han podido tener la oportunidad de incorporarse en el sistema educativo regular. Todo era nuevo para él: los compañeros, los profesores, las aulas. Su adaptación no fue sencilla en mitad de todas las circunstancias que rodean a la familia. Tenía una “conducta fuera de normativa”, según Odalis Centeno, una de sus profesoras. “Se peleaba, no quería trabajar”, resume Marga Machado, otra de sus actuales profesoras.

De pronto un día llegó UNICEF a su escuela con varios cubos llenos de agua y Wilker se interesó. Frente a él tenía no sólo un vaso de agua como el que recibe su padre cuando se va la luz, sino varios cubos llenos de agua. El equipo de UNICEF empezó a enseñar entre los estudiantes buenas prácticas de higiene como el lavado de manos. Wilker, junto con sus compañeros y compañeras de clase aprendieron la importancia de frotarse bien las manos con agua y jabón, la técnica de entrelazar sus dedos llenos de espuma, limpiar bien bajo las uñas... Y a repetir todo el proceso antes de cada comida, antes de ir al baño o después de jugar.

A partir de ese día, Wilker comenzó a cambiar. Sus nuevos conocimientos sobre el lavado de manos le empoderaron. Su actitud también cambió. De meterse en peleas con compañeros, Wilker pasó a querer convertirse en policía. De no trabajar en la escuela, a convertirse en un líder entre sus compañeros y su comunidad, e incluso a presentarse como voluntario para atender un improvisado punto de información sobre lavado de manos instalado en la calle junto a la escuela para enseñar a los vecinos estas prácticas de higiene.

Cada vez que UNICEF y sus aliados tienen intervenciones de WASH (Agua, higiene y saneamiento) en Petare, el barrio de Wilker, este pequeño alegre y vivaz destaca entre los más activos promotores del lavado de mano. Con entusiasmo y convicción persigue a los transeúntes para invitarles a detenerse unos minutos y les enseña la forma correcta de lavarse las manos.

Está demostrado que lavarse las manos con jabón es la vía más económica y la más eficaz, con respecto a su costo, para prevenir enfermedades asociadas a la higiene. Reduce en más de un 25 por ciento las infecciones de las vías respiratorias y hasta en un 50 por ciento las muertes por diarrea. Pero lo que nadie había imaginado nunca es que también pudiera transformar la vida de un niño de 9 años.

“Se siente importante, líder, y busca que las cosas mejoren”, asegura la profesora Machado. “De verdad que siento el cambio en él”, ratifica Centeno. Incluso su madre no parece salir de su asombro: “Ahora todos los días les explica a sus hermanos que tienen que lavarse las manos antes de comer”.

Pero sin duda el primer beneficiario es el propio Wilker, convertido en un agente de cambio. “Enseño a los padres y a los niños de mi comunidad cómo se deben lavar las manos correctamente para prevenir las bacterias y enfermedades”, explica mientras invita a acercarse a los transeúntes a su punto de información. “Tengo que ser sincero. En la escuela somos muy agresivos, también en mi comunidad… Pero me gusta venir a la escuela a aprender”, añade.

Como parte de su respuesta ante la deserción escolar en las comunidades más vulnerables, UNICEF Venezuela ha entregado a las escuelas materiales para la recreación de los niños, herramientas pedagógicas para los maestros, así como suministros de higiene y saneamiento. Estos elementos también mejoran sus procesos de aprendizaje y hacen que muchos niños y niñas, como Wilker, tengan nuevas motivaciones para acudir a la escuela.

En lo que va de año, UNICEF y sus aliados han ayudado a más de 180.000 personas a obtener acceso al agua potable y han proporcionado a más de 60.000 niños y niñas acceso a materiales de aprendizaje, entre otros. Se estima que más de un millón de niños y niñas están fuera de la escuela en Venezuela. Para poder seguir atendiendo las necesidades más urgentes de niños, niñas y adolescentes, UNICEF necesita US$70 millones.