“Mi hijo se llama Natanael Isaac, tiene 2 años y ocho meses y nació en Colombia”

Migrar sin nombre, sin identidad ni nacionalidad: en riesgo de apatridia

Unicef
Misión apátrida
UNICEF Panamá
16 Diciembre 2022

El mismo día en que en el hospital le entregaron a su hijo Natanael junto con su CNV, Antonieta se dirigió directamente a inscribirlo en la registraduría local. Ella sabía lo importante que era el trámite, pero en la institución no le permitieron registrarlo “porque yo no andaba con mi cédula original. Me la habían robado un tiempo antes y sólo tenía una fotocopia”, confiesa. 

La enviaron a otras oficinas de registro donde, además del CNV, le exigían una “tutela” (mecanismo de la legislación colombiana que busca proteger los derechos constitucionales fundamentales de las personas sin distinción de su nacionalidad, etnia, estrato socio económico o situación laboral), y en reemplazo de su cédula original, le aceptarían una Constancia Consular de Identidad que confirmara que, efectivamente, ella era quien decía ser. “Pero en el consulado de Venezuela en Colombia no me tramitaron la constancia porque supuestamente ese día no tenían señal ni conexión de internet…”.

Ante tantos obstáculos, Antonieta decidió no proseguir con los trámites ya que en ese momento no contaba con el tiempo ni los recursos, pero un año más tarde lo volvió a intentar: “busqué todos los papeles y las firmas que me solicitaban, y cuando presenté todo en la Registraduría, me exigieron pagar una multa de 2 millones de pesos (unos USD 500) ¡por haberme presentado un año después! ¡¿Y de dónde yo iba a sacar esa cantidad de plata?!”.

Antonieta se decidió: “él era mi hijo y yo no me lo iba a dejar quitar”. Y así, sin documentos, partieron al norte, a trabajar para comprar “una casa digna” para su familia.

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