Prevención de mala nutrición en niñas y niños en México ante la pandemia

Recomendaciones dirigidas a tomadores de decisiones

Puntos destacados

 

 

Las personas en situación de pobreza, las mujeres, las niñas y los niños son quienes se ven articularmente afectados por este tipo de coronavirus debido al impacto de las medidas para su contención. Análisis internacionales y regionales han mostrado que la pandemia de COVID-19 tiene efectos sobre las actividades del sistema alimentario (producción, transformación, distribución, comercio y consumo de alimentos) y sus resultados, sobre todo en términos de seguridad alimentaria y bienestar social. Según la FAO, los principales canales de transmisión de los impactos de la pandemia en la alimentación y la agricultura son tres: demanda, oferta y comercio internacional. Los que preocupan en México son:

a) Demanda, pues al verse afectados los ingresos, se afecta la capacidad adquisitiva y la proporción del gasto en alimentos de los hogares.

b) Oferta, pues la interrupción de la cadena desuministro debido a disrupciones logísticas puede traer fallas en la distribución de alimentos.

Por tanto, mantener viva la cadena de suministro es vital para evitar que se provoque un aumento en los precios de los alimentos que pueda tener un impacto en el estado de bienestar general de la población.

La población que ya es vulnerable, por estar en situación de pobreza y/o sufrir carencias alimentarias, es la que se ve afectada más rápidamente por la pérdida de sus ingresos, por lo tanto, su atención debe ser prioritaria. Se ha demostrado que las situaciones de emergencia y crisis económicas profundizan la inseguridad alimentaria entre las poblaciones vulnerables, sobre todo en aquellas que destinan una gran parte de sus ingresos en alimentos.

Los altos precios de los alimentos reducen la diversidad y la calidad nutricional de la dieta, y para muchos también reducen la cantidad de alimentos disponibles en el hogar. Estos grupos vulnerables de población se ven obligados a modificar su alimentación aumentando el consumo de alimentos ricos en energía, azúcar, sal y grasa, de baja calidad nutricional que, por lo regular, son ampliamente disponibles, convenientes y tienen una vida útil más larga y frecuentemente un bajo costo. Por el contrario, tienden a disminuir el consumo de alimentos frescos, como alimentos de origen animal, verduras y frutas que, en algunos casos, son más costosos.

La reducción en el consumo de alimentos saludables deteriora la calidad de la dieta. Asimismo, la reducción de la cantidad de alimentos consumidos afecta el estado de nutrición, aumenta las deficiencias de micronutrientes y el retardo del crecimiento, así como la morbilidad y mortalidad por enfermedades infecciosas, particularmente entre los grupos de población con grandes necesidades como niñas y niños pequeños, embarazadas y mujeres lactantes. Un estudio sobre la crisis financiera, del 2008 en México documentó que los hogares más vulnerables sufrieron un efecto mayor en sus niveles de inseguridad alimentaria, lo que profundizó también las desigualdades sociales y de salud. Incluso, se ha documentado que breves períodos de inseguridad alimentaria pueden causar daños a largo plazo en el desarrollo, psicológico, físico y emocional.

Hoy, la pandemia de COVID-19 amenaza la salud y la nutrición de todas las personas en México, pero particularmente la de las niñas y los niños de los hogares más pobres, con ingresos más bajos, con un estado nutricional y de salud deficiente, que ya los ponían en desventaja social. Se espera que la crisis económica por la pérdida de empleo y la reducción de ingresos, derivada de las acciones para reducir el contagio, intensifique aún más la vulnerabilidad de estos hogares.

De acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), la crisis por COVID-19 afectará principalmente a los grupos de la población más vulnerables y amenaza con revertir los avances en materia de desarrollo social alcanzados por el país. El CONEVAL estimó que, para el segundo trimestre de 2020, el porcentaje de la población con un salario inferior al costo de la canasta básica aumentará de 37.3% al 45.8%, lo que podría provocar un mayor número de población en condición de vulnerabilidad, inseguridad y pobreza.

Asimismo, según la encuesta ENCOVID19 en la primera quincena de abril 2020 entre 5.2 y 8.1 millones de personas perdieron su empleo o no pudieron salir a buscar trabajo en el contexto de la pandemia por COVID-19. Se estima que uno de cada tres hogares observó una pérdida de 50% o más de sus ingresos en marzo, respecto al mes anterior. El 37.7% de los hogares reportaron que uno omás de sus integrantes perdió su empleo oalguna otra fuente de ingresos.

Aunado a esto, desde el 23 de marzo del año en curso, las niñas y los niños del país no asisten a las escuelas, afectando la distribución de las raciones alimentarias diarias que se ofrecen en 80 mil 746 escuelas de nivel preescolar, primaria y secundaria en los 32 estados del país; así como los servicios de alimentos que se ofrecen en las más de 13 mil escuelas de tiempo completo. Un elemento esencial para mitigar el impacto en el estado nutricional de estos niños y niñas por la pandemia de COVID-19, es garantizar el acceso a los alimentos a aquellos que vieron interrumpida su distribución.

Prevención de mala nutrición en niñas y niños en México ante la pandemia
Autor
INSP / GISAMAC / FAO / OPS / UNICEF
Fecha de publicación
Idiomas
Español

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