El rol de la protección social para reducir el trabajo infantil

Día Mundial contra el Trabajo Infantil

Catalina Gómez
Día Mundial contra el Trabajo Infantil
UNICEF México / Giacomo Pirozzi
11 Junio 2020

El trabajo infantil puede tener consecuencias negativas para niños, niñas y adolescentes al interferir en su educación y en su salud mental y física, lo cual puede llegar a afectar su productividad en la vida adulta.

En el Día internacional en contra del trabajo infantil, desde UNICEF México reiteramos que las políticas de protección social son una de las medidas más eficientes para atender esta problemática.

En México, hay más de 29 millones de niños, niñas y adolescentes que tienen entre 5 y 17 años, pero el 11% de ellos han realizado algún tipo de trabajo infantil (Módulo de Trabajo Infantil del INEGI de 2017). De estos 3.2 millones de trabajadores infantiles, 2 millones realizan trabajos no permitidos como labores domésticas en condiciones no adecuadas, 1.2 millones llevan a cabo trabajo clasificado como peligroso o con exposición a riesgos y alrededor de 600 mil son menores de 15 años, lo cual está prohibido en la Constitución.

Hay además condiciones agravantes. La tasa de trabajo infantil es casi el doble en las áreas rurales que en las áreas urbanas, lo cual indica que la mayoría de los niños y niñas que trabajan lo hacen en el sector agrícola. También, involucra más a hombres que a mujeres (13.6% vs 8.4% del total de la población de la edad), aunque posiblemente se está invisibilizando el trabajo doméstico y de cuidados que afecta desproporcionalmente a las niñas y mujeres.

La decisión de una familia de involucrar a niños, niñas y adolescentes en trabajo infantil es fuertemente influenciada por factores como el ingreso familiar, la incertidumbre y la percepción que los padres o cuidadores tengan sobre los retornos que ofrece el trabajo inmediato respecto a la retribución que tendrá posteriormente la educación.

Dada la complejidad de esta problemática se recomienda adoptar medidas complementarias de protección social para atenderla pues ayudan a complementar el ingreso familiar, ya que este se identifica como uno de los principales factores que llevan a los hogares a involucrar a niños y niñas en actividades laborales.

En una compilación reciente de evaluaciones de más de 30 programas de protección social de alrededor del mundo (Dammert et al, 2018), se resalta que las transferencias monetarias a familias con niños y niñas tienden a contribuir en la reducción del trabajo infantil; los resultados y la efectividad de dichos programas varían y se vuelven aún más efectivos si estos se acompañan con intervenciones complementarias, como por ejemplo acceso a servicios de salud y a programas de uniformes, útiles escolares y actividades después de la escuela. 

Otros programas que pueden tener un efecto colateral positivo en la reducción del trabajo infantil son las pensiones para adultos mayores, puesto que también contribuyen al ingreso familiar y reducen la presión de involucrar a menores de edad en actividades laborales. Adicionalmente, los programas de nutrición -especialmente aquellos de alimentación escolar- contribuyen a que las familias tengan asegurado una buena comida para los niños y niñas, y por ende reduce la necesidad de involucrarlos en trabajo.

Sabiendo qué funciona y qué puede contribuir a una reducción del trabajo infantil, es importante que se tomen las medidas de política pública necesarias para coadyuvar a reducir el problema. El gobierno mexicano tiene en marcha varios programas de bienestar, tales como transferencias monetarias para estudiantes y adultos mayores, los cuales apoyan a reducir la vulnerabilidad económica de los hogares; también tiene en marcha algunos programas de alimentación en las escuelas, que funcionan adecuadamente. Por lo tanto, el llamado es a asegurar la cobertura adecuada y la suficiencia mínima necesaria para que no queden familias vulnerables sin acceso a estos programas.

Especialmente, es necesario que se dé protección a personas que viven en áreas rurales, extrema pobreza y con inseguridad alimentaria pues tienden a ser aquellas más propensas a involucrar a los niños y niñas en trabajo infantil. Adicionalmente, es importante revisar las condiciones de infraestructura y oferta educativa para asegurar que las familias tienen incentivos que permitan asegurar educación adecuada, y se puedan generar mejoras integrales y a escala que verdaderamente contribuyan a atender esta problemática. 

En el contexto del COVID-19, cuando muchas familias pobres y vulnerables están viendo reducido su ingreso familiar por las consecuencias económicas de la pandemia, es fundamental que el gobierno considere la expansión de la protección social para la población más vulnerable ya que es esta quien presenta más posibilidades de involucrar a sus hijos en trabajo, impidiendo que estén enfocados en su educación, aprendizaje y bienestar integral.