Lizeth Erazo: “Reconocer, redistribuir y dignificar el cuidado no es un favor: es justicia”
En la XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe
Mi nombre es Lizeth Erazo, tengo 17 años, soy de Tarija, Bolivia, y participo en la XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, que se realiza en México del 12 al 15 de agosto y estará centrada en el tema de sociedad del cuidado y la igualdad de género.
Estoy aquí en representación de la Federación de Estudiantes de Secundaria del Departamento de Tarija y de la Confederación de Estudiantes de Secundaria de Bolivia, pero, sobre todo, en representación de las niñas y adolescentes de mi país.
Estoy aquí gracias al apoyo de UNICEF, junto a Girl Up y Andhes, organizaciones con las que, desde mayo, hemos compartido un proceso virtual de preparación junto a adolescentes de Bolivia y de toda América Latina y el Caribe.
En ese espacio nos reunimos para hablar de nuestras realidades, reconocer que, aunque venimos de distintos países, enfrentamos problemáticas comunes, y construir demandas que respondan a nuestras vidas desde una mirada joven y adolescente.
Hoy quiero presentar tres demandas sobre el tema del cuidado que se alinean con las problemáticas más urgentes que vivimos en Bolivia.
Primero. La implementación de políticas que reconozcan las tareas de cuidado como un trabajo no remunerado que muchas veces realizan niñas y adolescentes.
Aclaro: no se trata de legalizar el trabajo infantil, sino de protegernos y evitar que estas responsabilidades nos quiten la oportunidad de estudiar, descansar y vivir plenamente nuestra adolescencia.
En Bolivia, esta problemática sigue invisibilizada por la falta de datos oficiales. Sin embargo, la reciente consulta nacional de U-Report (2025) muestra que más del 60 % de las y los adolescentes reconoce que las tareas de cuidado recaen principalmente en mujeres y niñas.
Además, 1 de cada 4 adolescentes dijo dedicar más de cuatro horas diarias a estas tareas, lo que afecta directamente su educación y su salud mental.
A nivel regional, un estudio de ONU Mujeres y UNICEF (2025) confirma que en América Latina el 22,3 % de las niñas de 5 a 17 años participa en trabajo de cuidado directo, frente al 17,2 % de los varones, y que la brecha en la adolescencia es de 14,4 puntos porcentuales.
Por ello, pedimos también licencias educativas para que las adolescentes embarazadas puedan continuar su formación sin ser expulsadas del sistema.
Segundo. Es urgente educar en igualdad mediante programas que promuevan la corresponsabilidad y rompan estereotipos de género desde la infancia, incluyendo la educación sexual integral en todos los territorios.
Los datos muestran que esta desigualdad se aprende temprano: en Bolivia, más de la mitad de las y los adolescentes encuestados cree que “cuidar” es principalmente responsabilidad de las mujeres.
A nivel regional, según UNICEF y ONU Mujeres, las adolescentes dedican en promedio siete horas más por semana que los varones al trabajo doméstico y de cuidados, y esta brecha se amplía en zonas rurales y comunidades indígenas.
Educar en igualdad, con enfoque de derechos y educación sexual integral, no solo previene embarazos adolescentes, sino que también rompe la cadena de estereotipos que perpetúa esta carga desigual.
Tercero. Planteamos la creación de un sistema integral de cuidados públicos con enfoque de derechos, articulando ministerios y garantizando servicios accesibles y de calidad. Esto significa contar con guarderías, atención para personas mayores y con discapacidad, y apoyo para quienes cuidan.
En la región, el acceso a servicios de cuidado infantil es limitado, especialmente para la primera infancia (0 a 3 años). Como consecuencia, la falta de estos servicios aumenta la probabilidad de que las y los adolescentes —especialmente las niñas— asuman estas responsabilidades.
A esta demanda sumo otra urgente: la creación de redes integrales de apoyo para madres adolescentes, que les permitan continuar estudiando, acceder a salud integral y vivir la maternidad con dignidad, sin abandonar sus proyectos de vida.
En Bolivia, aunque no contamos con estadísticas nacionales completas, datos de U-Report indican que las adolescentes embarazadas enfrentan altos niveles de deserción escolar, y que 7 de cada 10 afirman no contar con ningún tipo de apoyo institucional.
Todas estas demandas deben considerar un aspecto transversal muy importante: la diversidad. No todas las adolescentes enfrentamos las mismas barreras; en Bolivia, las jóvenes rurales e indígenas dedican más horas al cuidado y tienen menos acceso a servicios.
Los cuidados sostienen la vida. Sin cuidados no funciona la escuela, el trabajo ni la salud.
Pero no podemos seguir sosteniendo el mundo a costa del tiempo y los sueños de las niñas y adolescentes.
Reconocer, redistribuir y dignificar el cuidado no es un favor: es justicia.
Este año, Bolivia celebra el Bicentenario de su independencia. ¿Qué mejor forma de honrar estos 200 años que luchando por un país donde las niñas y adolescentes vivamos libres de estereotipos, con igualdad de oportunidades y con un sistema de cuidados que nos proteja?
Porque un país que no cuida a sus niñas y adolescentes no cuida de sí mismo.
Ciudad de México, 12 de agosto de 2025.