Volver a la escuela

Un gran augurio para el presente y el futuro de los niños en Uruguay

Luz Angela Melo Castilla, representante de UNICEF en Uruguay
Dos niños y uno adulto, los 3 con tapabocas, están entrando al predio de la escuela, donde los reciben dos mujeres de túnica y tapabocas.
UNICEF/Uruguay/2020/Alva
22 Febrero 2021​

El 30 de junio de 2020, Uruguay completó el proceso de reapertura de escuelas luego de poco más de tres meses de suspensión de las clases presenciales ante la detección de casos de COVID-19 en el país. De esta manera se convirtió en el primer país de la región, y uno de los primeros países del mundo, en retomar la educación presencial durante la pandemia. A lo largo del año, y a pesar del incremento de los contagios, las escuelas se mantuvieron abiertas y cerraron solamente cuando se presentaban brotes de la enfermedad en los centros educativos. Asimismo, las autoridades educativas fueron ajustando los protocolos sanitarios de manera frecuente, a medida que se acumulaba evidencia nacional e internacional, para aumentar la presencialidad protegiendo a la vez la salud de las comunidades educativas.

Hoy, casi ocho meses después, Uruguay sigue distinguiéndose por su política de apertura de escuelas. Mientras en América Latina y el Caribe algunos países todavía debaten si retoman las clases presenciales o las postergan, en Uruguay las autoridades educativas se han mostrado firmes en mantener la decisión de volver a la escuela. A pesar de un contexto menos favorable con relación a la evolución de la pandemia, el próximo 1° de marzo las clases comenzarán de manera presencial y obligatoria en todos los centros educativos del país. Y eso es una muy buena noticia para todos los niños, niñas y adolescentes en Uruguay.

UNICEF ha venido insistiendo en la necesidad de que los países den prioridad a la educación y brindado herramientas[1] para facilitar la apertura de los centros de enseñanza, con las medidas necesarias para proteger a las comunidades educativas. Hoy hay evidencia suficiente sobre cuatro realdades: los niños se encuentran últimos en las cadenas de transmisión de la enfermedad; las escuelas no son el principal promotor del aumento de la transmisión de la COVID-19; los estudiantes no se encuentran más expuestos al virus cuando se aplican las correctas medidas de mitigación y; el personal escolar no presenta mayores contagios en comparación con la población general.

Por otro lado, el cierre prolongado de escuelas sí tiene efectos devastadores en las vidas de los niños, niñas y adolescentes, ya que genera rezago en los aprendizajes e incrementa el riesgo de desvinculación educativa, especialmente entre los más vulnerables. Experiencias pasadas, como por ejemplo la crisis del ébola, nos han demostrado que cuanto más tiempo permanezcan los niños fuera de la escuela, es menos probable que regresen.

Además de lo estrictamente educativo, no concurrir a la escuela amenaza su salud, desarrollo, seguridad y bienestar: se afectan sus emociones, cambia su alimentación por no contar con los comedores escolares o por el aumento de tiempo frente a las pantallas, no hacen ejercicio, presentan desórdenes en el sueño, y pueden estar más expuestos a múltiples formas de violencia, que van desde la violencia intrafamiliar hasta la violencia en línea. A estas amenazas también se suma la afectación sobre la salud mental, tanto de los estudiantes como de sus familias, que también ha sido una de las consecuencias más graves de la suspensión de las clases presenciales.

Por eso, UNICEF agradece los esfuerzos de autoridades, docentes, directivos, auxiliares de limpieza, madres y padres, que han trabajado duro durante todo el año para mantener las escuelas abiertas. Y celebramos la decisión del gobierno nacional de retomar la educación presencial en los centros educativos ante el comienzo de un nuevo año lectivo, siguiendo la recomendación del Grupo Asesor Científico Honorario GACH y de UNICEF a nivel global. Esta determinación reafirma el compromiso del Estado uruguayo con los derechos más fundamentales de los niños, niñas y adolescentes.

El país debe abordar ahora el desafío de asegurar una educación equitativa para todos. La decisión de ampliar espacios y mejorar la infraestructura para que los estudiantes tengan las condiciones para poder asistir a clases es un paso fundamental que va en ese sentido. Es importante que la brecha entre los estudiantes de mayor vulnerabilidad y los que han tenido más oportunidades no se siga ampliando. Aún con los altos grados de conectividad del país, únicos en la región, y con el Plan Ceibal, ejemplo de plataforma de educación digital en el mundo, muchas familias carecen de las herramientas para acompañar el aprendizaje remoto de sus hijos. Lo que significa que los niños más vulnerables se podrían quedar muy atrás de sus compañeros y correr el riesgo de abandonar la escuela definitivamente. Pero, además, es necesario identificar las consecuencias que el año 2020 ha dejado en las trayectorias educativas de los estudiantes, así como los nuevos desafíos surgidos a raíz de la pandemia. Esto es importante para el diseño de estrategias que permitan atender de manera adecuada las necesidades educativas del presente y garantizar la continuidad del aprendizaje.

A pesar de los grandes desafíos, al elegir reabrir las escuelas, Uruguay se ha posicionado como uno de los países pioneros en este tema alrededor del mundo, dando prioridad al derecho a la educación de los niños, entendiendo que los costos del cierre de escuelas superan ampliamente los riesgos, incluso en condiciones sanitarias desfavorables. Enhorabuena por todos los niños, niñas y adolescentes que viven en Uruguay.

 


[1] UNICEF, junto a la Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, desarrolló en marzo de 2020 la Guía provisional para la para la prevención y el control de la COVID-19 en las escuelas.