Cocinar para niños y niñas como vocación

Leonardo trabaja en el CAIF Pyporé donde cocina a diario para 155 niños. Conocé qué particularidades tiene cocinar para niños de 0 a 4 años, cómo reciben sus comidas y por qué elige este trabajo.

Paula Lago
Leonardo, vestido de cocinero, en la puerta del CAIF Pyporé
UNICEF/Uruguay/2019/Lebrato
11 Febrero 2020

El menú: croquetas de pescado con ensalada de lentejas y guacamole. Los niños no solo lo comían y se terminaban el plato, sino que pedían para repetir, especialmente el pescado.

Leonardo trabaja como cocinero en el CAIF Pyporé, ubicado en el km 12,500 de Camino Maldonado. Con 28 años, hace tres que trabaja allí, atendiendo desde la cocina a las 155 familias que envían a sus niños y niñas a diario.

Desde su rol y la pasión que le despierta la gastronomía, Leonardo ha aprendido a entender a sus comensales, niños y niñas de 0 a 4 años: no solo los nutrientes que necesitan para tener energía y crecer, sino también las cantidades y la frecuencia con la que deben comer. Es consciente de que lo que comen hoy determina su salud y sus gustos a futuro, y por eso diseña y ejecuta un menú saludable y con una amplitud de ingredientes. Además de esto, pone especial cuidado en la higiene y la calidad de los alimentos, con procesos definidos y proveedores de excelencia, siempre bajo los estándares de plan CAIF y el Instituto Nacional de Alimentación (INDA).

“Los niños buscan un plato con color, no precisa demasiada azúcar o sal. Su paladar se adapta a cualquier plato que les preparemos”.

Niña mostrando plato con croquetas de pescado y ensalada de lentejas y tomates cherry.
UNICEF/Uruguay/2019/Lebrato

Pero además de todo esto, Leonardo reconoce en sus comensales a seres ávidos de conocer nuevos sabores, texturas, colores y olores; niños y niñas que son tan curiosos con la comida como con el resto de las experiencias que enfrentan día a día.

Las preparaciones de Leonardo son muy bien recibidas. A diferencia de otros trabajos en el mundo de la gastronomía, la retribución y el reconocimiento son moneda corriente en el CAIF, así como el contacto entre los comensales y el equipo de cocina, que lleva personalmente el plato a la mesa, no sin antes chocar los cinco.

Leonardo choca los cinco con una de las niñas del CAIF, mientras otras dos niñas los miran.
UNICEF/Uruguay/2019/Lebrato

A pesar de que lo que comen en el CAIF es saludable, Leonardo observa el consumo extendido de productos ultraprocesados: “Es un problema grave. Nosotros no los utilizamos; el tema es en la casa, cuando no tenés tiempo o no sabés preparar otra cosa”. Por esto, considera que es esencial que las familias tengan acceso a información sobre el daño que provocan estos productos, y que tengan herramientas para poder elaborar y consumir otros tipos de alimentos.

Menú semanal del CAIF impreso, colgado en la cartelera de la cocina del CAIF.
UNICEF/Uruguay/2019/Lebrato
Menú previsto para la semana en el CAIF.
Leonardo pasando ensalada de lentejas y tomates cherry de una asadera a un bowl en la cocina del CAIF. También se pueden observar croquetas de pescado en una asadera.
UNICEF/Uruguay/2019/Lebrato
Leonardo sirve la ensalada de lentejas para llevar a los salones, donde los niños almuerzan.

En este sentido, Leonardo destaca: “Los librillos que tiene UNICEF están muy buenos, son bien concretos”, en referencia a las guías que UNICEF publicó recientemente con consejos de alimentación saludable para cada etapa de la niñez y la adolescencia. Además, realiza talleres con padres, para dar a probar nuevos productos y preparaciones, así como para aprender a cocinarlas con las herramientas disponibles en casa. Aunque nota que es más difícil influir en el gusto de los adultos que en el de los niños, el placer por sus preparaciones cala también en las familias.

“Tengo padres que vienen hasta la puerta a pedirme una receta”.

“Si tengo que elegir, vuelvo acá”, expresa Leonardo, que con formación y gusto por la gastronomía, así como experiencia pasada y actual en cocinas de restaurantes, elige trabajar en el CAIF Pyporé, imbuyendo su labor diaria de creatividad, empeño y profesionalismo, que se refleja en la aceptación de sus platos por parte de los niños y las niñas que allí asisten.