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¿No estás tatuado… aún?

Por Juan Enríquez

La mayoría de ustedes, queridos lectores, se habrán precipitado a responder a la pregunta con un no rotundo. Los tatuajes son dolorosos de poner, bastante permanentes y a menudo embarazosos más tarde en la vida. Casi todos los padres y madres son tajantes al respecto: No te pongas un tatuaje. Punto. Y si lo has de hacer… tómate tu tiempo, mucho tiempo, y ten cuidado con lo que eliges. Parece un buen consejo. Pero entonces, ¿por qué la mayoría de los padres permiten que sus hijos se hagan tatuajes virtuales? Permítanme explicarlo…

Cuando utilizan Facebook, Twitter, Instagram, Google, LinkedIn y muchos otros servicios, están compartiendo partes de ustedes mismos. Fotografías, actividades, pensamientos, citas, tweets, amistades, comentarios… todos ellos son como miguitas que, en conjunto, reflejan en línea lo que ustedes son, lo que piensan, sus intereses, actividades, talentos, logros; sus amores, sus rupturas y sus vidas. Esas imágenes y palabras reflejan lo que ustedes consideran importante, lo que valoran. Lo mismo que los tatuajes. Así que en cierto sentido, son una especie de tatuajes electrónicos, pero mucho más íntimos y descriptivos que los que se imprimen con tinta sobre tu piel.

Salvo que decidas ponértelo en la cara o en las manos, la mayoría de los tatuajes pueden ocultarse, por ejemplo, si vas a una entrevista de trabajo o si tienes una cita y no lo quieres enseñar. Pero con los tatuajes electrónicos no es así, pues son casi imposibles de ocultar. Quitarse un tatuaje real es doloroso y complicado, pero es posible; quitarse un tatuaje electrónico es casi imposible. Mira en línea y encontrarás un montón de información sobre cualquier persona. En cierto sentido, todos estamos tatuados de forma permanente. Y cada vez es más difícil permanecer en el anonimato, siquiera parcialmente.

Legislar sobre la intimidad de las personas es mucho más fácil en los casos extremos que en el día a día. La mayoría de los debates sobre intimidad se centran en actos como el “porno por venganza”, que ocurre cuando un ex, airado, publica fotos o videos comprometedores de su antiguo amor. Pero eso no es ni de cerca tan habitual como la información que nosotros y nuestros amigos compartimos voluntariamente después de una fiesta inocente, tras visitar un lugar, para comentar sobre el trabajo o al interactuar con la familia. Puesto que es tan fácil acceder a esta información décadas después y su difusión es tan amplia, habrá muchos que con el tiempo se diviertan, se entretengan, se ofendan, se sorprendan o se enojen con los tatuajes electrónicos más inocuos.

Perspectivas de personas influyentes

En cierto sentido, todos somos celebridades. Según dice un ex alcalde de Londres, “cuando caminas por las calles de Londres, eres una estrella del cine. Estás siendo filmado por más cámaras de las que puedas imaginar”. Esto no es ninguna sorpresa, pues, según cálculos, hay más de un millón de cámaras de circuito cerrado de televisión que nos vigilan. En la actualidad vivimos bajo un escrutinio más intenso que el que habría experimentado cualquier estrella de Hollywood o cualquier jefe de estado hace unas décadas. Pero mientras que antaño se necesitaba un equipo de reporteros de investigación o de paparazzi muy experimentados para sacar a la luz las vidas de los ricos y famosos, hoy día es muy fácil compartir y escudriñar lo que decimos, a quién, sobre qué, y el aspecto que tenemos.

Los niños y adolescentes de hoy, cuando sean adultos, estarán sometidos a un grado de escrutinio y de registro histórico que no podemos ni imaginar. La mayoría de nosotros tuvimos, por suerte, la posibilidad de olvidar, de redibujar o de reinventar partes de nuestra vida anterior, nuestros amores, nuestros trabajos, pensamientos, actos, comentarios y errores; pero los niños de hoy se encontrarán en una situación muy diferente. Un solo comentario estúpido puede acarrearles décadas de rechazo y de ciberacoso. Un solo acto estúpido que cometan podrá ser visto por autoridades, votantes o empresarios décadas más tarde.

Para bien y para mal, cada uno de los niños de hoy se ha convertido en una figura individual histórica sometida a un panóptico cada vez más intenso y permanente. Incluso en el útero, los rasgos de la persona a veces comienzan a ser un tatuaje público cuando los progenitores comparten ecografías o incluso datos sobre su secuencia genética. Antes que estos niños lleguen a la adolescencia y comiencen a compartir sus propias historias, ya habrá ahí fuera un gran tatuaje que describa quiénes son a ojos de los demás: ¿Dónde vives? ¿Se divorciaron tus padres? ¿Por cierto, quiénes son? ¿A qué escuela ibas? ¿Qué aspecto tenías? ¿Practicabas algún deporte? Todo fácil de hallar.

Esconderse quizás no sea una opción viable. En un mundo donde los tatuajes digitales son cada vez más frecuentes y visibles, encontrar a alguien que carece por completo de un perfil virtual nos daría realmente que pensar. Debido a que nuestros hijos enfrentan desafíos que nosotros jamás experimentamos, es importante que mientras son aún pequeños les hablemos de la imagen y los perfiles públicos de la persona, de la historia de cada uno y la reputación a largo plazo. Del mismo modo que los progenitores enseñaban modales a sus hijos en una edad temprana, los niños necesitan que se les instruya acerca de las reglas y las consecuencias de hacerse un tatuaje electrónico. La realidad es que todos estamos tatuados, y llevamos más tinta electrónica en el cuerpo que la banda de motociclistas con los tatuajes más vistosos…

Juan Enríquez

Juan Enríquez es director general de Excel Venture Management, un fondo que invierte en empresas dedicadas a la biología y en plataformas de grandes datos. Es un orador de fama mundial, futurista y autor de diversos libros sobre política, ciencia y asuntos internacionales que han sido éxitos de ventas.

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