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para cada niño | atención digital

Muchos padres y profesores están preocupados por el tiempo que sus hijos pasan conectados. Sin embargo, es difícil decir si la hiperconectividad es buena o mala para los niños. Cada vez hay más estudios que demuestran que la repercusión de la tecnología sobre el bienestar está más relacionada con la calidad de la actividad que con la cantidad de tiempo que los niños pasan delante de sus pantallas.

Para determinar si las experiencias digitales aportan beneficios a los niños, es necesario atender a las circunstancias que les rodean. Los niños solitarios, estresados, deprimidos o que tienen problemas en casa, por ejemplo, notarán que internet agrava esas dificultades en lugar de darles salida. Pero los niños que cuentan con relaciones sociales y familiares sólidas pueden utilizar internet para reforzarlas, lo que mejoraría su bienestar.
¿Y si un niño solo puede estar en contacto con su familia por internet?
 En Moldova, donde la pobreza acrecienta la distancia física, los avances en la tecnología digital han ayudado a una adolescente a crear un vínculo más fuerte con su madre, que vive y trabaja en otro país.
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Una noche fría de octubre, en una aldea a las afueras de Chisinau, la capital de Moldova, Gabriela Vlad o “Gabi”, de 17 años, está sentada de mala gana en una silla situada en un rincón del comedor de su vecina. Frunce el ceño al mirar su teléfono. Después de un largo día, estaba deseando ver a su madre, pero parece que estará difícil.

En la mesa, su padre, su hermano y sus vecinos se ríen juntos delante de un guiso de carne y polenta y vino casero. Estos encuentros se han convertido en una tradición para las dos familias, que se han unido mucho en los últimos años. La madre de Gabi, Svetlana, suele participar en las cenas por Skype o Viber, pero hoy la conexión es lenta. Es un problema frecuente entre las 20:00 y las 21:00 horas en Moldova, cuando familias como la suya tratan de conectar con los familiares que viven fuera.
Gabi está atenta al teléfono conforme la cara pixelada de su madre parpadea en la pantalla y termina siendo sustituida por la oscuridad. Rápidamente, dejan la videollamada y hablan por teléfono. Juntas, se sientan a la mesa al tiempo que el padre de Gabi, su hermano y los vecinos se unen a ellas para ponerse al día con Svetlana e incluirla en la conversación. Parece como si estuviera ahí.
Para Svetlana y Gabi, esta es solo una de las varias veces que hablan a lo largo del día mediante aplicaciones como Viber. La suya es una relación a distancia de madre e hija: Svetlana está trabajando en Alemania desde hace unos cuatro años.
Aunque su relación podría resultar extraña en muchas partes del mundo, en Moldova se ha convertido en algo habitual.

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El país con la población que más rápido disminuye del mundo

Se calcula que un 21% de los niños de Moldova menores de 18 años (unos 150.000) tienen, como mínimo, a uno de sus padres biológicos viviendo en el extranjero, mientras que para un 5% (unos 35.000) ambos progenitores han emigrado.
La razón principal por la que emigran son las oportunidades económicas. Moldova es uno de los países más pobres de Europa, y muchas familias obtienen la mayor parte de sus ingresos mediante giros. Datos oficiales indican que, en la actualidad, más de 330.0000 moldavos están, o bien trabajando, o bien buscando trabajo en el extranjero, pero la cifra extraoficial de los que se han ido podría alcanzar el millón de personas.
El éxodo masivo de adultos, sumado a las decrecientes tasas de nacimientos, ha otorgado a Moldova el título del país con la población que más rápido disminuye del mundo.

La necesidad de adaptarse a una nueva dinámica familiar

Gabi tenía seis años cuando su madre se fue por primera vez de casa para trabajar en Italia. Ella acababa de empezar la escuela elemental y su hermano pequeño, Mihai, tenía tres años.
“Recuerdo el día antes de que se fuera mi madre; mi padre preparó la mesa y cenamos un pastel tradicional de queso. Mi padre dijo: ‘cenen bien, porque su madre se irá pronto y esta va a ser la última vez que comerán una buena comida’”, cuenta Gabi riéndose.
Gabi recuerda vagamente hablar con su madre por teléfono mientras estaba en el extranjero.
“Eso de la tecnología era difícil por aquel entonces. No usábamos computadora. Lo único que teníamos era una tarjeta SIM con 20 euros, que era el límite mensual”, dice. Ella y el resto de la familia solo podían hablar con Svetlana los fines de semana, el sábado, y disponían de un máximo de 10 minutos para hablar todos.
Svetlana regresó un año y medio después, sin haber podido ir a visitarlos en todo ese tiempo.
“Cuando volvió, fue un momento maravilloso para mí. Lo recuerdo con muchísima alegría”, dice Gabi. “Pero para mi hermano fue raro, porque era muy pequeño. Le preguntó a mi madre: ‘¿cuándo vuelves a tu casa?’”.

Una adolescente mira a su padre en su casa en Moldova

Gabriela (Gabi) Vlad, de 17 años, y su padre, Ion Vlad, le envían un mensaje a su madre Svetlana antes de iniciar la escuela y el trabajo en la aldea de Porumbeni, Moldavia.

Svetlana decidió quedarse en Moldova los cinco años siguientes para cuidar de sus hijos en un periodo tan decisivo de su crecimiento. Cuando llegó el momento de marcharse a Alemania para su próximo trabajo, el gobierno de Moldova había terminado una iniciativa para introducir internet en todo el país: un avance que resultaría determinante para familias como la de Gabi.
“En esa época teníamos un computador de escritorio antiguo que conectábamos a internet para hablar por Skype. La primera vez pasamos una hora hablando, porque era nuestra primera experiencia con la aplicación y era gratuito”, cuenta Gabi.
Las tecnologías fueron avanzando y en 2010 Gabi consiguió un teléfono móvil, lo que les permitió mantener un contacto más habitual. “No parecía que mi madre estuviese lejos porque la conversación no tenía límites. Hablábamos, sobre todo, de las amistades y de la importancia de hacer contactos con profesores y estudiantes”.
Su padre y sus vecinos se ocuparon de la mayoría de las tareas del hogar, pero Svetlana también ayudaba a Gabi con sus deberes, y estaba pendiente de que se vistiera adecuadamente para el clima y de que comiera bien.
Una adolescente mira a su teléfono móvil en Moldova

Gabi usa su teléfono móvil fuera de la escuela a la que asiste en Chisinau, Moldavia.

Una forma de apoyo digital

Gabi dice que lo que más agradece de la comunicación instantánea con su madre es cuando tiene algo positivo que compartir con ella, como una buena calificación o un recital de baile que le ha salido bien. Pero, además de eso, también necesita a su madre en momentos más difíciles.
“Uno de los mayores obstáculos que mi madre me ayudó a superar fue durante el octavo y el noveno curso”, recuerda Gabi. En esos años hubo una gran competitividad entre los estudiantes, porque ser de los primeros de la clase era decisivo para poder ir a la universidad o conseguir una beca.
Superada por la presión, Gabi a veces lloraba después de la escuela y llamaba a su madre, que la tranquilizaba. “Mi madre me aconsejaba que desahogara mis emociones, pero también me decía que no podía permitirme estresarme por estas cosas porque no tenían tanta importancia”, afirma. “Me decía que lo que importa es la salud, el bienestar y ser feliz”.

“Me decía que lo que importa es la salud, el bienestar y ser feliz”

Svetlana también ha estado ahí para orientar a Gabi en algunas etapas de la adolescencia.
“Toda la información que tengo sobre educación sexual, las consecuencias, los riesgos, los métodos de protección, las explicaciones detalladas de lo que debemos saber, todo lo he aprendido de mi madre, y solo de mi madre”, asegura Gabi. “No lo he buscado por internet. Mi madre se aseguró de enseñarme todo lo que necesitaba saber”.
Tal vez a causa de la distancia, Svetlana fue especialmente comunicativa con esta información; incluso por teléfono, algo que Gabi confiesa que le ayudó a tomárselo con más naturalidad.
“La primera vez que tuve el periodo sentía un dolor muy fuerte y no me sentía cómoda hablándolo con mi padre. Escribí un mensaje a mi madre y ella me ayudó a comprender que era algo normal, e incluso me recomendó un tipo de té que ayuda a calmar el dolor”, dice.

Sueños para el futuro

La presencia digital de Svetlana y su apoyo han sido determinantes para Gabi, que ha destacado en la escuela. En la actualidad es la presidenta de la asociación de alumnos y es de las primeras de la clase, y hace poco le ofrecieron un prestigioso trabajo para después de la escuela en la oficina del director.
Gabi cree que a su familia le ha ido tan bien gracias a su determinación y su actitud positiva, mérito que atribuye a sus padres. Ellos les explicaron a sus hijos desde el primer momento que su madre se iba a otro país para proporcionar una vida mejor a la familia.
Sin embargo, hace 20 años, la distancia física que los separa podía haber sido insalvable.
Sin los avances en la tecnología digital que les permiten estar en contacto permanente, Gabi es consciente de que la relación con su madre había sido completamente distinta. “Habría sido como hacer un papel”, dice. “Tendría que haber aceptado a una persona como mi madre sin sentir cariño o cercanía hacia ella”.
En lo que respecta a su futuro, Gabi sueña con estudiar ciencias sociales y, tal vez, dirigir un hotel en el extranjero algún día. “De lo que estoy segura es de que no quiero ser solo recepcionista”, afirma, y después de insistirle un poco, confiesa que le gustaría ser la jefa. “Me gustan los negocios; me gusta implicar a la gente y trabajar en equipo para lograr resultados específicos… Es como la maquinaria humana”.
Para el año que viene, se ha apuntado a clases de alemán y espera sacar buenas notas en la escuela para tener más posibilidades de conseguir una beca. “Me gustaría mudarme a Alemania para estudiar; mi madre vivirá allí”, dice. “Eso compensará el tiempo perdido, y espero que podamos convencer al resto de la familia para estar todos juntos allí”.

UNICEF en Moldova

El producto interno bruto (PIB) de Moldova es uno de los más bajos de Europa, con un PIB per cápita de solo US $ 5.657 en 2017. El hundimiento de la Unión Soviética y el consecuente declive del sector industrial, así como el entorno empresarial, han hecho que la economía de Moldova dependa enormemente de la agricultura y del dinero enviado desde el extranjero.

En Moldova, esto supone un desafío sin precedentes para los padres, que a menudo se ven forzados a elegir entre dejar a sus hijos o vivir en la pobreza. UNICEF está trabajando con el Gobierno para ayudar a abordar la pobreza infantil y enviar a los niños que se quedan solos a familias, en lugar de a instituciones.
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Conclusión

Que los niños están conectados es un hecho, pero su exposición a los abusos y los peligros que hay en línea no debería serlo.