Niños en un salón de clase en Camerún

Para cada niño | un puente digital

Hoy en día, más del 29% de los jóvenes del mundo (346 millones de personas de entre 15 y 24 años) no están conectados a internet. Estar desconectados en un mundo digital puede privarles de las oportunidades de aprender, comunicarse y desarrollar las aptitudes necesarias para el siglo XXI. Si no logramos que el acceso y los conocimientos estén disponibles de un modo más igualitario, la conectividad solo aumentará la desigualdad y acentuará las carencias de una generación a otra.

En Camerún, el acceso a la educación de calidad –que incluye el acceso a internet– supone un desafío. La violencia en la República Centroafricana y Nigeria, dos países vecinos, ha llevado a que más de 300.000 personas se hayan refugiado en Camerún. Al mismo tiempo, más de 300.000 cameruneses han quedado desplazados, de los cuales dos terceras partes son niños.
La mayoría de los niños desplazados viven en zonas aisladas y no se benefician de un aprendizaje de calidad similar al de quienes viven en zonas urbanas; especialmente, del aprendizaje digital. En caso de que cuenten con acceso a algún tipo de educación, es posible que estos niños sepan qué es internet, pero no sabrán utilizarlo. Como consecuencia, la brecha digital se acentúa y los niños que están en riesgo tienen aún menos posibilidades de mejorar su situación.
Sin embargo, hay razones para ser optimistas. Al conectar a los estudiantes y las escuelas aisladas a la tecnología, una nueva iniciativa ha comenzado a tender un puente a esa brecha, empezando por quienes más los necesitan, en el norte de Camerún.

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Waibai Buka está sentada a la sombra de un árbol en el descuidado patio de su escuela de Baigai, Camerún, en la Región del Extremo Norte, cerca de la frontera con Nigeria.

La escuela es similar a las de la zona: amplias clases de cemento, filas de bancas y pupitres de madera alineadas frente a pizarras de tiza y grupos de niños vestidos con uniformes impolutos adornados con el rojo, verde y amarillo de la bandera del Camerún.
Pero, si miramos más de cerca, apreciamos una serie de detalles inusuales: un panel solar y una antena parabólica atornillada al tejado de estaño de una de las clases, y unas tabletas de color celeste apiladas sobre el escritorio del director de la escuela.

En una región en la que la introducción de internet ha sido escasa, la escuela pública Baigai es un caso excepcional: tiene acceso a internet. Y después de tan solo unos meses de aprendizaje, Waibai, de 12 años, es la experta digital de la zona.


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Conecta a mi escuela

Como la mayor parte de los niños que viven en la Región del Extremo Norte, Waibai nunca había accedido a internet. La casa de adobe de su familia, de una sola habitación, ni tan siquiera tiene electricidad.
“Recuerdo la primera vez que utilicé internet. Fue en enero de 2017”, explica. “Antes, no sabía ni lo que era”.
Al no tener conexión a internet ni herramientas digitales, los profesores de la escuela de Waibai mostraban a los niños fotografías de computadoras y trataban de describirles el funcionamiento de internet. Pero, ¿cómo podían los profesores, muchos de los cuales no habían accedido nunca a internet, explicarles el vasto mundo digital de forma que pudieran entenderlo?
Dos niños trabajan en una tableta mientras un maestro observa, Camerún.

Waibai Buka, de 12 años (derecha) y una compañera de clase, usan una tableta con la ayuda de su maestro en su escuela en Bagai, Camerún.

Todo cambió cuando la escuela pública Baigai obtuvo acceso a internet gracias a un programa piloto llamado “Conecta a mi escuela”. En enero de ese año, el proyecto instaló en la escuela una unidad satélite activada con energía solar que proporcionó conexión a internet en un radio de 500 metros. Además, la escuela recibió tabletas adaptadas para niños cargadas de juegos educativos y aplicaciones como Wikipedia, además de otras aplicaciones de dibujo, texto y fotografía.
Para Waibai, las tabletas le abrieron las puertas a todo un mundo de información. La aplicación que más utiliza es Wikipedia.
“En clase de ciencias hablamos sobre la digestión y el profesor nos da la tableta y nosotros buscamos información sobre el tema”, afirma. “Entonces, yo puedo explicar a los demás niños que la digestión es una transformación de los alimentos en el estómago”.
“Antes, cuando me encontraba con una palabra difícil, le preguntaba al profesor la definición. Pero no era como con la tableta, porque las tabletas te dan la explicación completa”, asegura.

“Antes, cuando me encontraba con una palabra difícil, le preguntaba al profesor la definición. Pero no era como con la tableta, porque las tabletas te dan la explicación completa”

Los profesores confirman que, para los niños, ser capaces de buscar palabras y conceptos y compartirlos después con sus compañeros ha sido infinitamente más satisfactorio que el aprendizaje de memoria.
“Es como una película que se queda grabada en sus cerebros”, afirma Djemegued Dieudonne, uno de los dos directores de la escuela.
Además de poner la información al alcance de los estudiantes, las tabletas han aumentado su curiosidad y también su confianza a la hora de utilizar la tecnología digital. Waibai se siente una pionera; ha aprendido rápidamente los entresijos y ahora enseña ella misma a los demás estudiantes.
“Mi cerebro es diferente”, asegura. “Para mí fue muy fácil aprender a usar la tableta”.
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Un largo camino al aprendizaje

Aunque ahora Waibai domina hábilmente nuevos conceptos con la ayuda de una tableta, el camino para convertirse en una alumna ejemplar de la escuela pública Baigai no fue nada fácil. Cuando tenía ocho años y vivía en la vecina Nigeria con su familia, Boko Haram atacó su aldea.
“Nos atacaron por la noche, mientras dormíamos; mataron a gente e incendiaron sus casas. Nosotros escapamos sin dinero para comer”, cuenta. Su padre no estaba en casa durante el ataque, y desde entonces no han vuelto a verlo.
La familia y los vecinos de Waibai pasaron semanas en busca de seguridad, avanzando con cuidado por el bosque y evitando las carreteras por el miedo a que los mataran. Por la noche, dormían en el suelo sobre trozos de tela. Pasaron un mes entero sin comer nada. “Solo nos alimentábamos de frutos silvestres”, explica Waibai.
En la escuela de Waibai hay muchas historias parecidas. Durante 2014 y 2015 llegaron a la escuela 400 estudiantes nuevos, todos ellos desplazados de sus hogares por el violento conflicto.

Enchufados al poder de la educación

En los últimos meses, las tabletas se han convertido en la herramienta para ayudar a los nuevos estudiantes a integrarse en la comunidad de acogida. Aunque la escuela ha registrado una disminución notable en el número de nuevos estudiantes desplazados, los que siguen llegando tienen poca experiencia con internet.
Cuando se les recibe en la escuela y se les enseña a utilizar las tabletas, Waibai y sus compañeros ayudan a algunos de los niños más vulnerables de Camerún a tender un puente sobre la brecha digital.
En África, concretamente, lograr que esos niños se conecten será la clave para responder a los desafíos del futuro. Se estima que el alfabetismo digital se convertirá en el nuevo requisito base para el mercado laboral, y los niños representan casi la mitad de la población en la actualidad. En ninguna parte del mundo los niños como Waibai son más importantes para el futuro de un continente como aquí.
Invertir en la educación de los niños, así como en su salud, su protección y el acceso a la tecnología, contribuirá a cumplir la promesa de sacar de la pobreza extrema a cientos de millones de personas de África.

Entre los sueños de futuro de Waibai está formar parte de esa promesa. “De mayor quiero ser directora de una escuela”, asegura. “Quiero que los niños tengan tabletas y quiero enseñarles a utilizarlas”.
Por el momento, está centrada en explorar el abanico de nuevas posibilidades que le ofrece la tableta: unas posibilidades que nunca podría haber imaginado que conseguiría en la red.
“Me gustaría poder conversar con personas que están lejos para saber cómo interactuar con ellos de forma pacífica”, afirma. “Quiero conversar con los niños de Europa. Me gustaría preguntarles: ¿cómo se vive en tu país? ¿Se parecen a los niños de aquí? ¿Van a la escuela? ¿Juegan a los mismos juegos? ¿Viven juntos, comparten las cosas como nosotros?”

UNICEF en Camerún

El programa “Conecta a mi escuela” de UNICEF se ha llevado a cabo satisfactoriamente en seis escuelas: dos de la Región del Extremo Norte (la escuela pública Baigai y el campo de refugiados Minawao), dos del Este (Abou Boutila y Timangolo) y dos de Yaundé, la capital.
Dado el éxito del programa piloto, UNICEF ha trabajado con donantes públicos y privados para llevar unidades satélites a más de 100 escuelas de las regiones más vulnerables del país. Entre los objetivos futuros del proyecto se prevé incluir en las tabletas lecciones grabadas con audio y hacer videollamadas para conectar a los estudiantes de Camerún con otros estudiantes de distintas partes del mundo, lo que haría realidad el sueño de Waibai.
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