Capítulo 1

Una oportunidad para sobrevivir

La mortalidad infantil se ha reducido enormemente a nivel mundial. Pero a menos que intensifiquemos nuestros esfuerzos, en 2030 morirán 69 millones de niños antes de su quinto cumpleaños, la mayoría en países pobres. 

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Kaltum Mallamgrema, de 40 años, en su hogar en Maiduguri, Nigeria. Tres semanas antes, el octavo hijo de Kaltum nació muerto.

Cuando comenzó el trabajo de parto, Kaltum procedió como lo había hecho con sus siete hijos anteriores: en su hogar, sola.

Sin carreras al hospital; sin nadie que pudiera actuar en caso de presentarse alguna complicación; sin una partera cualificada para controlar la frecuencia de sus contracciones o medir la dilatación del cuello del útero. Solamente sangre en abundancia, náuseas y las desnudas paredes de concreto de su hogar provisional.

Su bebé nació muerta. Kaltum no pudo darle un nombre ni mecerla en sus brazos. Nunca pudo preguntarle a un médico qué había salido mal. “Es la voluntad de Dios y debemos tener paciencia”, es lo único que sabe con certeza. Para cerca de 1 millón de bebés nacidos en 2015, su primer día de vida también fue su último día.

Muchos de estos bebés llegaron al mundo con todo en su contra. Numerosos factores explican las inmensas desigualdades en materia de supervivencia durante el período de lactancia y los primeros años de vida; por ejemplo, la capacidad económica de las familias, el hecho de nacer en una ciudad o en el campo, la pertenencia a un grupo étnico o religioso mayoritario, y la riqueza o pobreza del país de nacimiento.



A pesar de que la mortalidad de niños menores de 5 años ha disminuido en todo el mundo desde 1990, los niños nacidos en África subsahariana, donde vive Kaltum, todavía tienen 12 veces más probabilidades de morir antes de su quinto cumpleaños que los niños nacidos en países de ingresos altos.

 

 

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La gran mayoría de estas muertes podrían evitarse mediante intervenciones conocidas, de bajo costo y de fácil aplicación. Los controles periódicos permiten detectar las complicaciones en etapas tempranas y abordarlas antes de que acaben con la vida del niño o de la madre. Los suplementos de micronutrientes ayudan a las madres gestantes a permanecer saludables y a que sus bebés obtengan los nutrientes necesarios para su desarrollo. La asistencia de personal calificado durante el parto y la atención esencial que estos trabajadores sanitarios prestan a las madres y los recién nacidos también aumentan significativamente las probabilidades de que los nacimientos se produzcan en condiciones de seguridad, y de que los niños sobrevivan su primer mes de vida, cuando ocurre el 45% de las muertes de menores de 5 años. Sin embargo, el acceso a estos servicios básicos se caracteriza por una extrema disparidad, una de las principales razones de las enormes desigualdades en las probabilidades de supervivencia durante los primeros años.


A menudo, sencillamente no hay suficiente personal sanitario para prestar a todas las madres y los niños estos servicios de importancia fundamental. De acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cubrir las necesidades sanitarias básicas requiere al menos 23 trabajadores de la salud por cada 10.000 personas. Los países que no cumplen este requisito tienen serios problemas para ofrecer atención calificada durante el parto, así como los servicios especializados y de emergencia que algunos bebés requieren.

 

Grandes disparidades en supervivencia infantil dentro de los países

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Remi y Temitoye Falayi miman a su hija de tres meses, Oluwatomini. A pesar de un embarazo complicado, llegó al mundo sana y a tiempo, mediante una cesárea programada que se realizó en un hospital bien dotado de Abuja, la capital de Nigeria.

En todo el mundo, las mujeres que pertenecen al 20% más pobre de los hogares tienen menos de la mitad de probabilidades que las mujeres del 20% más rico de contar con asistencia calificada durante el parto. Kaltum pertenece al 20% más pobre. Su vecindario, en el nordeste de Nigeria, tiene una clínica de atención primaria, pero ella no asistió porque no tenía dinero para pagar sus servicios.

 

 

Los niños de las familias más pobres, como los hijos de Kaltum, tienen más del doble de probabilidades de morir antes de su quinto cumpleaños que los niños de las familias más ricas.



Los datos regionales ocultan vastas disparidades dentro de los países. Incluso en los países más ricos, las perspectivas en salud y supervivencia de los ciudadanos más pobres y desfavorecidos pueden ser bastante desalentadoras frente al promedio. Por ejemplo, en los Estados Unidos, datos de 2013 indicaban que los hijos recién nacidos de padres afroamericanos tenían más del doble de probabilidades de morir que los hijos de padres blancos.


En Europa, los niños y las familias de la comunidad romaní tienen mayores dificultades para acceder a los servicios de salud que necesitan, en comparación con los niños y las familias de poblaciones étnicas mayoritarias. En 2012, apenas el 4% de los niños romaníes de 18 a 29 meses nacidos en Bosnia y Herzegovina habían recibido las vacunas recomendadas, en comparación con el 68% de los niños pertenecientes a otras comunidades. Las consecuencias se manifiestan en la salud y el bienestar de los niños; por ejemplo, uno de cada cinco niños romaníes en Bosnia, Herzegovina y Serbia presenta retraso del crecimiento moderado o grave.

 

 

La supervivencia de los niños comienza con la salud de las mujeres

En la familia Dervišaj es tiempo de celebración. Ermina y Durmiš acaban de tener otra hija. Sus parientes les obsequiaron una nueva estufa para mantener caliente su habitación durante los fríos meses del invierno serbio.


Pero su felicidad no es completa. La pareja está preocupada, pues la bebé, Kaja, nació hace un mes y aún está en el hospital. Ermina la visita cada tercer día y, cuando no puede ir, llama al hospital a través de la línea telefónica de su padre para averiguar cómo se encuentra.

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Ermina Dervišaj con su esposo, Durmiš, y su hijo de 6 años, Davjid, en su hogar en Kotež, un suburbio de Belgrado, Serbia. Un mes antes, Ermina dio a luz a una bebé prematura. Ella tiene acceso a una clínica, pero no pudo tomar la medicina que le prescribieron para su embarazo, de alto riesgo.

Los servicios sociales consideran que los bebés como Kaja corren el riesgo de ser abandonados. Si para sus padres sería difícil mantener a un bebé saludable debido a su falta de recursos, mucho más difícil es tratándose de una hija con necesidades especiales, como Kaja, que nació a los siete meses de gestación. La situación de la bebé habría sido distinta si Ermina hubiera tenido acceso a controles médicos durante el embarazo. Debido a que su hijo anterior nació muerto, a Ermina le prescribieron un medicamento para mantener su embarazo. Pero no pudo comprarlo con regularidad. “Cuando tenía el dinero, compraba la medicina. Pero cuando no lo tenía, debía esperar”.


Ermina pidió ayuda al Centro de Bienestar Social, pero no se la dieron. “Quise inscribirme en una lista para el comedor de beneficencia, pero nos dijeron que no cumplíamos los requisitos porque estábamos en capacidad de trabajar”. Al igual que muchos miembros de la comunidad romaní en Serbia, el esposo de Ermina, Durmiš, trabaja en la economía informal como recolector de basura, pero ese trabajo no es permanente. Ermina cuida a su hijo, que todavía no asiste a la escuela. Incluso si quisiera trabajar fuera del hogar, sus posibilidades laborales son escasas. La tasa oficial de desempleo en Serbia es del 18,5% y Ermina carece de educación primaria.


Ermina y su esposo trabajan duro para mantener a sus hijos. La vivienda de dos pisos que comparten con la familia de Durmiš en un pintoresco suburbio de Belgrado es fruto de los ahorros que hicieron durante nueve años. Todos los miembros de la familia reunieron sus recursos, centavo tras centavo. Hasta ahora han terminado únicamente dos habitaciones, y no tienen los 1.000 euros que cuesta la conexión a la red de suministro eléctrico.


La joven pareja no podría sobrevivir sin el apoyo de su familia extensa. Y sin una mayor ayuda de la comunidad, Ermina y su marido seguirán luchando para ofrecer un mejor futuro a Davjid y Kaja. Por ser romaníes, las probabilidades que tienen sus hijos de algo tan básico como la supervivencia son menores que el promedio nacional.


Gracias a los esfuerzos concertados del Gobierno, los organismos internacionales y las organizaciones no gubernamentales, el panorama ha ido mejorando gradualmente, aunque todavía queda un largo camino por recorrer, como bien lo sabe Ermina. Ella nació durante un período de guerra civil y, a pesar de que Serbia está actualmente en paz, afirma: “Yo no diría que mis hijos tienen mejores oportunidades hoy en día”.

Los trabajadores sanitarios de la comunidad marcan una diferencia

En un parque de casas rodantes en las afueras de Belgrado, Sonja Selimović se siente más optimista. En ese asentamiento hay agua corriente, retretes y electricidad. Vive allí desde hace seis meses, cuando el Gobierno desmanteló el barrio donde residía anteriormente, una “ciudad de cartón”, como ella lo describe, sin agua ni electricidad.


Sonja dice que su vida se ha transformado gracias a Vesna Jovanović, una mediadora de salud romaní que visita el asentamiento cada tercer día. “Vesna nos ha ayudado inmensamente. No solo a mí, sino a todos”.


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Sonja Selimović con sus hijos, Andela y Alen, fuera de su hogar, en Palilula, Serbia. Sonja recibió asistencia médica de una mediadora de salud de la comunidad romaní.

La labor de Vesna consiste en conectar a las familias romaníes con los servicios sociales y de salud. Dispersos por todo Serbia, los 75 mediadores pertenecen a la comunidad romaní, por lo que hablan el idioma y comprenden las preocupaciones de la comunidad, incluyendo su desconfianza hacia el Estado y quienes trabajan para él. Vesna explica que, como empleada estatal, le fue difícil ganarse la confianza de la comunidad cuando empezó, hace cinco años. “Al principio, todos se mostraban recelosos. No me permitían entrar a sus casas ni aceptaban conversar conmigo”.


Poco a poco, Vesna demostró su valía. Trabajando de forma coordinada con el centro de atención primaria de la salud, empezó a llevar enfermeras, pediatras y ginecólogos a sus visitas. Hoy, muchos de los residentes del asentamiento dependen de ella para desenvolverse en la compleja red de servicios sanitarios y sociales, donde con frecuencia son tratados de manera hostil y discriminatoria.


“Vesna es para nosotros como una madre o una hermana. Podemos llamarla a mitad de la noche y llega sin ningún problema”, dice Sonja. Vesna ayuda a la comunidad en los trámites para acceder a los servicios, hace llamadas telefónicas en su nombre y, en algunas ocasiones, acompaña a la gente a los centros de salud. Cuando Sonja no entiende las instrucciones del médico, pide ayuda a Vesna. “Ella siempre me explica lo que los médicos no tienen tiempo de explicar”.
Antes de conocer a Vesna, Sonja, que ahora tiene dos hijos, pasó 13 años intentando quedar embarazada. Sonja cree que haber entrado en contacto con un médico calificado, gracias a Vesna, marcó la diferencia. “Sin su ayuda, seguramente yo no habría tenido este bebé”, dice.


Los trabajadores sanitarios de la comunidad, como Vesna, logran cambios notables. En comunidades –como las romaníes– donde es difícil acceder a servicios, así como también en muchos países de bajos y medianos ingresos empeñados en fortalecer sus sistemas de salud para poder atender a las poblaciones aisladas, pobres y desfavorecidas, las intervenciones sanitarias basadas en la comunidad han sido decisivas para lograr avances en supervivencia infantil.


Los trabajadores sanitarios de la comunidad amplían el alcance de la atención, vinculando a las personas vulnerables con intervenciones en salud materna, neonatal e infantil de alto impacto y bajo costo. Pero elevar el número de estos importantes trabajadores sanitarios para poder beneficiar a las comunidades más necesitadas exigirá tomar la decisión de orientar las políticas, el gasto público y los programas de salud hacia la satisfacción de las necesidades de los niños y las niñas más desfavorecidos.



Capítulo 2

Una oportunidad para aprender