Enfoque: Restos explosivos de guerra

Por el equipo editorial de ayuda a las víctimas del Monitor de Minas Terrestres y Municiones en Racimo. 

El Monitor de Minas Terrestres y Municiones en Racimo ofrece servicios de investigación a la Campaña Internacional para la prohibición de las minas terrestres y a la Convención sobre municiones en racimo. Es el régimen de evaluación de facto para el Tratado sobre la prohibición de minas antipersonal y la Convención sobre Municiones en Racimo. 

Los restos explosivos de guerra y las minas terrestres antipersonal producen efectos devastadores en los niños y representan un factor que contribuye de manera considerable a la discapacidad del niño. Sin embargo, desde la firma del “Tratado sobre la prohibición de minas antipersonal” de 1997 se han retirado este tipo de municiones de vastas extensiones de terrenos que han recuperado su uso productivo. 

El Tratado de 1997; el Protocolo II Enmendado de 1996 y el Protocolo V de 2003 a la Convención sobre ciertas armas convencionales de 1980; y la Convención de 2008 sobre Municiones en Racimo, han tenido todas ellas un impacto positivo en términos de protección de la vida de aquellas personas que vivían en zonas contaminadas por los restos explosivos de guerra y minas terrestres. El movimiento global para prohibir las minas terrestres y municiones en racimo es un testimonio de la importancia de la firme voluntad política que existe entre las principales partes interesadas en potenciar un cambio global. 

Se entiende que la programación de la acción contra las minas, cuya aspiración es la de abordar el impacto de las minas terrestres y los restos explosivos de guerra, está construida sobre cinco pilares: su eliminación, la educación sobre el riesgo de los restos explosivos de guerra, la asistencia a las víctimas, la destrucción de las reservas acumuladas y el apoyo activo. A pesar de obtener grandes éxitos en muchas de estas cuestiones, como indicaba el descenso significativo de víctimas de minas terrestres y los restos explosivos de guerra, la asistencia a los heridos sigue siendo el principal punto débil, mucho más notable en el caso de las niñas y los niños afectados por los restos explosivos de guerra o las minas terrestres. 

A diferencia de los otros cuatro pilares de acción contra las minas, la asistencia de las víctimas requiere una respuesta transversal que incluya intervenciones médicas y paramédicas que garanticen la rehabilitación física, así como participaciones sociales y económicas para promocionar la reintegración y el sustento de las víctimas. 

Hasta la fecha, el grueso de la ayuda para las intervenciones antiminas y la financiación ha sido dedicado a actividades de limpieza. En 2010, el 85% de los fondos globales relacionados con los efectos de las minas se asignaron a la limpieza, mientras que para intervenciones de ayuda a las víctimas sólo se estableció el 9%. Aunque las Normas Internacionales de Acción contra las Minas (las normas que están en vigor para todas las operaciones relativas a las minas) abordan los pilares de la programación de limpieza de minas, de la educación sobre los riesgos de minas y los restos explosivos de guerra, y la destrucción de reservas acumuladas, no encaran en cambio el tema de la asistencia a las víctimas. Además, el derecho a una rehabilitación física apropiada según la edad y el género, y a la reintegración social y económica para los supervivientes de minas terrestres y restos explosivos de guerra, está enraizado en los derechos humanos internacionales y en las leyes humanitarias. Pocos programas de asistencia a los afectados han tenido en cuenta, sin embargo, las necesidades específicas de los niños, tanto de los supervivientes directos como de las víctimas en un sentido más amplio del término. 

Consecuencias sobre las niñas y los niños 

La cifra de muertos y heridos a consecuencia de la explosión de minas terrestres ha descendido notablemente. Entre 2001 y 2010, según los informes del Monitor de Minas Terrestres y Municiones en Racimo, que se encarga de realizar el seguimiento del “Tratado sobre la prohibición de minas” y de la Convención sobre Municiones en Racimo, el número de nuevas minas terrestres y restos explosivos de guerra se redujo de 7.987 a 4.191. La tabla de la página siguiente demuestra la notable disminución en el número total de civiles muertos y heridos a causa de minas terrestres y los restos explosivos de guerra en los cinco años del periodo de 2005 a 2010. 

Sin embargo, el porcentaje total de bajas representado por víctimas infantiles ha aumentado. Desde 2005, los niños han constituido cada año el 20% o 30% aproximadamente de todas las bajas producidas por las minas terrestres, los restos de municiones en racimo y otros restos explosivos de guerra. Desde que la supervisión comenzó en 1999, cada año ha habido por lo menos 1.000 víctimas entre la población infantil. El número de niñas y niños afectados en 2010 por minas terrestres y restos explosivos de guerra alcanzó 1.200, lo que supuso el 55% de todas las muertes de civiles: los niños ahora representan el grupo para quienes las minas terrestres y los restos explosivos de guerra son más mortíferos. 

Dado que en muchos países gran parte de los damnificados no están registrados, la cifra total anual de bajas infantiles seguramente es superior, y en alguno de los países del mundo más afectados por las minas, el porcentaje de niñas y niños afectados es todavía más alto: en 2011, las niñas y los niños representaron el 61% de todas las víctimas civiles en el Afganistán. Ese mismo año, figuraron entre el 58% de los damnificados civiles en la República Democrática Popular Lao, el 50% de los del Iraq y el 48% en el Sudán. 

Aunque las niñas y niños constituyen actualmente la mayoría de los afectados por minas terrestres, restos de municiones en racimo y otros restos explosivos de guerra, desde 2008 son los varones los que componen el grupo individual más numeroso, aproximadamente el 50% de todos los damnificados civiles. En 2006, primer año en el que el Monitor comenzó a dividir los datos de víctimas por edad y género, los varones representaban el 83% de las bajas entre la población infantil, constituyendo el grupo individual de víctimas civiles más numeroso en 17 países. En 2008, los varones representaron el 73% de las bajas infantiles y fueron el grupo mayor de víctimas en 10 países. En muchos países contaminados, los niños corren un riesgo mayor que las niñas de encontrarse con minas y restos explosivos de guerra al desempeñar más actividades en el exterior, como llevar el ganado, ir a buscar leña y comida, o recoger chatarra. En general, las niñas y niños son más dados que los adultos a manipular, de forma deliberada, los artefactos explosivos, a veces sin darse cuenta, por curiosidad o creyendo que se trata de juguetes. Los niños suelen manosear los artefactos explosivos que encuentran mucho más que las niñas. Estas circunstancias, unidas a la tendencia a adoptar comportamientos de riesgo, hacen que una educación bien planeada sobre los riesgos de los explosivos sea de suma importancia para los niños. 

Ayuda a las niñas y los niños supervivientes 

Los episodios provocados por los restos explosivos de guerra y las minas terrestres afectan a las niñas y los niños de modo diferente que a los adultos, tanto si son ellos mismos las víctimas directas por muerte o lesión, como si se convierten en víctimas por la muerte o las lesiones de miembros de su familia o de la comunidad. Los niños que sobreviven pero sufren lesiones tienen necesidades específicas que deben tomarse en consideración, tanto en términos de recuperación y rehabilitación física como de reintegración social y económica. De menor tamaño que los adultos, las niñas y los niños tienen más probabilidad de morir o sufrir serias lesiones por una explosión, incluidas quemaduras graves, heridas de metralla, fracturas de las extremidades y daños de otro tipo que pueden derivar en ceguera o sordera. Su tamaño hace que los órganos vitales se encuentren más próximos a la detonación, y que, en caso de una gran hemorragia, su límite de pérdida de sangre sea más bajo que el de un adulto. Si se pisa una mina terrestre antipersonal, su explosión causará invariablemente lesiones en pies y piernas, con infecciones secundarias que habitualmente acaban en amputación, causando discapacidades para toda la vida y requiriendo la ayuda de rehabilitación a largo plazo. 

Más de la tercera parte de los supervivientes requieren amputaciones, y aunque faltan datos sobre el porcentaje exacto de las niñas y los niños afectados que las requieren, es de suponer que el tanto por ciento será más elevado en su caso, dado su menor tamaño. Cuando los niños sobreviven a las lesiones, su rehabilitación física es más compleja que la de los adultos. La rehabilitación de los que sufren heridas que derivan en la amputación de algún miembro es más complicada porque sus huesos crecen con más rapidez que el tejido blando y es necesario volver a amputar varias veces. Asimismo, conforme crecen necesitan nuevas prótesis. Pocos países afectados por las minas terrestres y los restos explosivos de guerra disponen de medios necesarios para abordar la compleja rehabilitación física y médica que necesitan los niños supervivientes. 

Además del trauma físico, las consecuencias psicológicas de sobrevivir a la explosión de una mina terrestre o restos explosivos de guerra suelen ser devastadoras para el desarrollo del niño. Incluyen un sentimiento de culpa, la pérdida de autoestima, fobias y miedo, trastornos del sueño, incapacidad para hablar y traumas que, de no tratarse, pueden derivar a largo plazo en trastornos mentales. Estos efectos psicológicos que la guerra genera en niñas y niños son difíciles de documentar y no se limitan a quienes han padecido lesiones físicas. 

Las necesidades sociales y económicas de los niños supervivientes también varían considerablemente de las de los adultos. 

Abordar los efectos psicológicos resumidos arriba depende en gran medida del respaldo psicosocial apropiado según la edad y el acceso a la educación. En mucho países, las niñas y los niños supervivientes se ven obligados a interrumpir sus estudios por el tiempo que necesitan para su recuperación, y porque la rehabilitación representa una pesada carga para la economía familiar. El acceso a la educación gratuita para niños y niñas con discapacidad a consecuencia de las minas terrestres o restos explosivos de guerra es impres-cindible tanto para proporcionar un sentido de normalidad a sus vidas, permitiéndoles recobrarse de la angustia psicológica producida por sus heridas, como para reintegrarlos con niños y niñas de su misma edad y permitirles que participen plenamente en la sociedad. 

No obstante, los niños que quedan discapacitados tras la explosión de una mina terrestre o restos explosivos de guerra son más vulnerables que los otros niños a que se les deniegue este derecho: seguramente no van a poder ir caminando a la escuela, y rara vez tienen otras alternativas de transporte en su lugar. Incluso cuando se las arreglan para ir a la escuela, las clases casi nunca reúnen las condiciones necesarias para los niños y niñas con discapacidad, ni sus profesores están preparados para adaptarse a las necesidades de los alumnos con discapacidades. 

Las ayudas en el sustento y la generación de ingresos son especialmente necesarias para respaldar a las niñas y los niños que tienen una discapacidad como resultado de las minas terrestres o los restos explosivos de guerra. Desgraciadamente, dichas ayudas rara vez, por no decir ninguna, tienen en cuenta la edad. En los casos en los que se ha considerado la edad, como ocurrió durante el proyecto de 2008–2010 en Camboya, los retos para garantizar unas intervenciones apropiadas a la edad de niños y adolescentes fueron tales que excluyeron por completo a los menores de 18 años de las intervenciones de ayuda para la subsistencia de las víctimas. 

El fracaso para abordar las necesidades específicas y los riesgos de niños y adolescentes se refleja de forma más general en el fortalecimiento del sector económico y de subsistencia: la evaluación de 43 estudios realizada en 2011 sobre las consecuencias de los programas de fortalecimiento económico en contextos de crisis en países de renta baja descubrió que algunos de estos esfuerzos, paradójicamente, habían aumentado el riesgo de que se sacara a los niños de la escuela y se les pusiera a trabajar o de que las niñas fueran objeto de violencia. Los programas estudiados presentaban dichas iniciativas como microcréditos, formación profesional e intervenciones agrícolas. La evaluación hizo un llamamiento a los profesionales del fortalecimiento económico para “incorporar la protección y el bienestar de las niñas y los niños en la valoración, el diseño, la puesta en marcha, la supervisión y la evaluación de los programas de fortalecimiento económico”. Además, las oportunidades de generar ingresos y medios de subsistencia para niñas, niños y adolescentes deben tener en cuenta no sólo la edad sino el género y el contexto cultural en el que viven. Puesto que los niños y niñas con discapacidad son más vulnerables a las privaciones, la violencia, el abuso y la explotación, existe la urgente necesidad de garantizar que los programas de asistencia a las víctimas tengan en cuenta las necesidades particulares de los supervivientes. 

Por otra parte, los niños que son víctimas de minas terrestres y otros restos explosivos de guerra como consecuencia de la muerte o las lesiones de miembros de su familia o cuidadores, incluidos los que mantienen a la familia, también tienen otras necesidades que difieren de las de los adultos. Como supervivientes, al ser niños también son más vulnerables a la pérdida de oportunidades educativas, la separación de sus familiares, el trabajo infantil y otras formas de explotación o abandono.

Pese a que los niños son víctimas necesitadas de una particular asistencia, pocos programas de asistencia tienen en cuenta la edad y el género de los damnificados. Aunque la investigación se haya orientado a la ayuda de las víctimas en general, y las directrices se hayan elaborado en función de lo que dichos programas deberían representar, a fecha de hoy la atención se ha centrado poco, o más bien nada, en niños y adolescentes. Mientras tanto, aunque los Estados Parte del “Tratado de prohibición de minas”, los protocolos II y V de la Convención sobre ciertas Armas Convencionales, y la Convención sobre Municiones en Racimo deben informar con regularidad, y a nivel nacional, sobre la puesta en marcha de estos mecanismos, no informan sobre sus esfuerzos por abordar las necesidades específicas de los supervivientes según su edad. No es de extrañar, por lo tanto, que en una encuesta de 2009 realizada a más de 1.600 supervivientes de 25 países afectados y dirigida por Handicap International, casi dos terceras partes de los encuestados dijeran que los servicios para niñas y niños “nunca” o “casi nunca” estaban adaptados a sus necesidades particulares o garantizaban que los servicios fueran los apropiados a la edad. 

Las víctimas infantiles, tanto las afectadas de forma directa como las que lo están de manera indirecta, tienen necesidades específicas y adicionales en todos los aspectos de su asistencia. Sin embargo, la información de la que se dispone sobre los esfuerzos para hacer frente a estas necesidades es limitada. Gran parte de las niñas y los niños que han protagonizado casos relacionados con minas o restos explosivos de guerra sufren lesiones. Sin embargo, la mayoría de los sistemas de recopilación de datos no reflejan dichas necesidades.

Puesto que los niños representan un porcentaje cada vez mayor del total de las bajas civiles causadas por minas terrestres y restos explosivos de guerra, es imprescindible la puesta en marcha de recomendaciones programáticas y políticas específicas sobre la asistencia de las víctimas que hagan frente a las necesidades de las niñas y los niños supervivientes. Dichas recomendaciones incluyen: 

  • Respaldar y promover la creación de sistemas de supervisión de lesiones a nivel nacional capaces de ofrecer información continua y sistemática sobre la magnitud y la naturaleza de las lesiones producidas por las minas terrestres y restos explosivos de guerra (y otros tipos de heridas si se considera oportuno), incluyendo por separado los datos de edad y género de las niñas y los niños lesionados. 
  • Integrar un componente de asistencia a las víctimas dentro de las Normas Internacionales de Acción contra las Minas, que incluya notas técnicas y pautas de mejores prácticas, con observaciones y guías concretas sobre la asistencia a las víctimas y los supervivientes infantiles. 
  • Desarrollar y promover la creación de bases de datos sobre la asistencia a las víctimas, capaces de ofrecer referencias sistemáticas para controlar la rehabilitación, las exigencias socio-económicas y psicosociales de cada niño, niña y adulto supervivientes, de manera apropiada y a través de los años. 
  • Sensibilizar a los gobiernos, a los actores que participan en acciones contra las minas, a los donantes y a otras partes interesadas, tanto por medio de foros nacionales como internacionales, sobre la importancia de priorizar la asistencia a las víctimas (incluidos los niños supervivientes y los hijos de los que murieron al activar explosivos) como un pilar clave de las leyes internacionales y las acciones contra las minas. 
  • Hacer que los gobiernos, actores humanitarios y de desarrollo y proveedores de servicios se den cuenta de la importancia de asegurar la disponibilidad (con orientación específica que incluya la edad y el género) de rehabilitación física, ayuda psicosocial, protección, educación y servicios de prestación de subsistencia, para niñas y niños supervivientes y víctimas de minas terrestres y res-tos explosivos de guerra. 
  • Preparar a profesionales de la salud, incluyendo a personal de intervención en caso de emergencia, cirujanos y proveedores de servicios orto-protésicos, para que tengan en cuenta las necesidades particulares de cada niña o niño superviviente. 
  • Preparar a quienes se hacen cargo de la educación (directores de escuelas, maestros y educadores), para que puedan ofrecer una educación apropiada y accesible a las víctimas y supervivientes infantiles. 
  • Formular leyes nacionales, planes y políticas que se comprometan con las necesidades de los supervivientes y las víctimas de restos explosivos de guerra y minas terrestres, o para las personas con discapacidad en general, de modo que se integren y respondan a las necesidades particulares, por edad y género, de las víctimas y supervivientes infantiles. 
  • Integrar un componente sólido de asistencia a las víctimas en el borrador de la Estrategia Interinstitucional de las Naciones Unidas sobre Actividades de Lucha contra las Minas, incluyendo las consideraciones sobre la asistencia específica a los niños y las niñas supervivientes.

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