Enfoque: Violencia contra los niños y niñas con discapacidad

Por Lisa Jones, Mark A. Bellis, Sara Wood, Karen Hughes, Ellie McCoy, Lindsay Eckley, Geoff Bates 
Centro para la Salud Pública, Universidad John Moores, Liverpool 

Christopher Mikton, Alana Officer, Tom Shakespeare 
Departamento de Prevención de la Violencia y los Traumatismos y Discapacidad, Organización Mundial de la Salud 

Los niños y niñas con discapacidad son entre tres y cuatro veces más proclives a padecer violencia. 

Los niños, niñas y adultos discapacitados a menudo encuentran numerosos obstáculos físicos, sociales y medioambientales que se oponen a su participación plena en la sociedad, dificultando, por ejemplo, su acceso a la atención de la salud, la educación y otros servicios de apoyo. Se cree también que son más vulnerables a padecer violencia que sus compañeros no discapacitados. Entender el alcance de la violencia contra los niños y niñas con discapacidad es un primer paso indispensable para la creación de unos programas eficaces que les eviten convertirse en víctimas de la violencia y que mejoren su salud y su calidad de vida. A tal fin, equipos de investigación de la Universidad John Moores de Liverpool y de la Organización Mundial de la Salud practicaron el primer análisis sistemático de los estudios existentes sobre violencia contra los niños y niñas con discapacidad (de hasta 18 años), que incluía un metanálisis. 

Diecisiete estudios, todos ellos practicados en países de altos ingresos, reunían las condiciones para su inclusión en este análisis. Las estimaciones sobre la prevalencia de la violencia contra los niños y niñas con discapacidad eran de un 26,7% para las modalidades combinadas de violencia, de un 20,4% para la violencia física, y de un 13,7% para la violencia sexual. Las estimaciones del riesgo indicaban que los niños y niñas con discapacidad presentaban un riesgo considerablemente mayor de experimentar violencia que sus compañeros no discapacitados, siendo 3,7 veces más proclives a padecer modalidades combinadas de violencia, 3,6 veces más proclives a ser víctimas de violencia física y 2,9 veces más tendentes a padecer violencia sexual. El tipo de discapacidad parecía afectar a la prevalencia y el riesgo de padecer violencia, si bien la evidencia en este extremo no era concluyente. Por ejemplo, los niños y niñas con discapacidades intelectuales presentaban 4,6 veces más probabilidades de ser víctimas de la violencia sexual que sus compañeros no discapacitados. 

Este análisis demostró que la violencia es un problema grave que afecta a los niños y niñas con discapacidad. Asimismo, ponía de relieve la falta de estudios de calidad referidos a este problema en los países de ingresos media-nos y bajos, que por lo general presentan unos índices poblacionales de discapacidad más elevados. Es urgente subsanar esta carencia en la investigación.

Se han propuesto una serie de argumentos para explicar por qué los niños y niñas con discapacidad incurren en un riesgo mucho mayor de padecer violencia que los niños y niñas no discapacitados. La obligación de atender a un niño o niña con discapacidad puede suponer una carga extraordinaria para los progenitores, con lo que aumenta el riesgo de que sufra malos tratos. Las cifras de niños y niñas con discapacidad a los que se ingresa en instituciones siguen siendo elevadas, lo cual constituye un importante factor de riesgo de abuso sexual y físico. Los niños y niñas que padecen discapacidades que afectan a la comunicación pueden ser especialmente vulnerables a los malos tratos, ya que las dificultades para comunicarse pueden impedir que denuncien las experiencias de abuso. 

La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad tiene por objeto proteger los derechos de las personas con discapacidad y garantizar su participación plena y equitativa en la sociedad. En lo que se refiere a los niños y niñas con discapacidad, esto incluye velar por que su evolución sea segura y estable a lo largo de la infancia y hasta su ingreso en la edad adulta. Como ocurre con todos los niños y niñas, una infancia feliz y segura aporta la mejor oportunidad de tener una vida saludable y bien adaptada como adultos. Es conocido que las experiencias adversas en la infancia, en especial la violencia, se vinculan a una gran variedad de consecuencias que incidirán negativamente en su situación social y en su salud más tarde en la vida. Las enormes exigencias que pesan sobre los niños y niñas con discapacidad – que han de afrontar sus minusvalías y superar las barreras sociales que incrementan su riesgo de alcanzar peores resultados en la vida– nos indican que una infancia segura y protegida es de especial importancia. 

Los niños y niñas que viven ingresados en instituciones lejos de su hogar precisan de una atención y protección aún mayores, por lo que los regímenes y estructuras que exacerban el riesgo de que padezcan violencia y malos tratos deberían abordarse con carácter de urgencia. Residan en instituciones o con sus familias u otros cuidadores, todos los niños y niñas con discapacidad deberían considerarse como un grupo de alto riesgo en el que es fundamental detectar los casos de violencia. Pueden beneficiarse de intervenciones como las visitas a los hogares y los programas de formación de los progenitores, que han demostrado su eficacia a la hora de prevenir la violencia y mitigar sus consecuencias en el caso de los niños y niñas no discapacitados. Sería prioritario evaluar cuán eficaces son estas intervenciones para los niños y niñas con discapacidad.

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