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Enfoque: Lugares de recreación inclusivos

Por Sruthi Atmakur

Mientras juegan, los niños aprenden, ya que desarrollan sus aptitudes corporales, exploran el mundo material que les rodea y asimilan las complejas pautas de la interacción social. El juego beneficia el desarrollo físico, cognoscitivo, emocional y social de los niños y niñas. La participación de los niños y niñas en el juego es un derecho consagrado en el artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño.

En el caso de los niños y niñas con discapacidad, cuyo desarrollo se beneficia del juego en la misma medida que el de los demás niños, y cuyo derecho al acceso equitativo a la participación en el juego está garantizado por la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, el goce del derecho a jugar suele verse frustrado debido a diversos obstáculos físicos y a la exclusión social. Con frecuencia, los niños y niñas con discapacidad no pueden acceder o usar los espacios y estructuras de juego infantil. La falta de interacción resultante entre los niños y niñas con y sin discapacidad apuntala aún más las barreras que imponen las actitudes que relegan a las personas con discapacidad a los márgenes de la sociedad.

Para garantizar el acceso equitativo a la participación en el juego de los niños y niñas con discapacidad, los espacios de juego inclusivos dependen de los principios del diseño universal, que llevan a los diseñadores de equipos e instalaciones a tener en cuenta la amplia gama de aptitudes humanas psicológicas y físicas, de manera que se garantice el uso equitativo por parte de todas las personas y se evite la necesidad de adaptaciones adicionales, que suelen ser costosas. Además de garantizar el acceso físico y satisfacer las diversas necesidades y preferencias de todos los niños y niñas, los lugares de recreación inclusivos están diseñados para alentar la inclusión social, ya que suministran espacios y actividades conducentes a la interacción de los niños con grados diversos de capacidad, así como de sus familias y comunidades.

Aunque todos los espacios de juego deberían contener equipos que presenten desafíos físicos y cognoscitivos a los niños y niñas con capacidades diversas, el acceso a esos espacios y el uso de sus equipos no deberían provocar cansancio excesivo a ningún niño. Por ello, las personas que diseñan lugares de recreación inclusivos los equipan con vías de acceso y rampas amplias y lisas que posibilitan que los niños y niñas que utilizan sillas de ruedas y otros dispositivos de ayuda se desplacen libremente sin peligro. El empleo de barras de sostén, protectores acolchados y pisos de goma, como los que se encuentran en el lugar de recreación Bradley’s Fun for All de Pleasant Garden, en el estado norteamericano de Carolina del Norte, hace posible que los niños se muevan con libertad y reduce en gran medida el riesgo de que se lastimen si pierden el equilibrio o se caen.

Los diseñadores de equipos de juego inclusivos han encontrado diversas soluciones ingeniosas y eficaces con relación a su costo para que los niños y niñas con grados diversos de capacidad puedan disfrutar de ellos. En el Coles Park de Bangalore, en la India, que es administrado por Kilikili, una organización de padres y madres de niños y niñas con discapacidad, hay un “columpio familiar” que pueden usar varios niños juntos o con sus padres o cuidadores. También hay canastas de baloncesto a diversas alturas para que puedan jugar niños y niñas de edades distintas y grados diversos de capacidad, mientras que un arenero elevado brinda a los niños en sillas de rueda la oportunidad de jugar con otros niños, lo que no les resultaría posible en un arenero tradicional. Los niños y niñas con deficiencia sensorial pueden disfrutar de equipos y ambientes que permiten el uso de varios sentidos, como los jardines perfumados o las superficies de texturas variadas que les ofrecen divertidas experiencias táctiles. En el parque Gayatri Devi de Kilikili, en Bangalore, hay una rampa que produce distintos sonidos cuando los niños saltan, corren o caminan sobre ella. Aunque la experiencia es especialmente enriquecedora para los niños y niñas con deficiencias visuales, también pueden disfrutar de ella todos los demás niños.

Otras instalaciones, como los areneros, los juegos acuáticos, los laberintos y jardines, y las canchas de baloncesto, ofrecen a los niños y niñas oportunidades de jugar juntos. Por otra parte, tanto los niños a quienes no les gustan los ruidos fuertes o que se sienten estresados cuando están rodeados por un grupo numeroso –los niños con autismo, por ejemplo– como los que simplemente prefieren disfrutar del entorno por sí solos, pueden retirarse a sitios para jugar sin acompañantes, y sin que por ello deban aislarse del ámbito social que les rodea.

Los espacios de juego inclusivos también alientan la inclusión social de los niños y niñas con discapacidad al ofrecer actividades y programas en los que participan niños con o sin discapacidad, y en los que también se involucran sus familias y otros integrantes de la comunidad local. En los parques de la organización Kilikili, por ejemplo, se celebran periódicamente “Días de la Familia” mientras que en el “Parque de la Amistad”, que funciona en Ra’anana, Israel, se organizan actividades estructuradas de esparcimiento en días específicos y se ofrecen también programas y cursillos prácticos de contenido social para concienciar a la comunidad acerca de las cuestiones que afectan a las personas con discapacidad y fomentar la formación de una sociedad más inclusiva. 

La decisión de crear espacios de juego inclusivos suele producirse cuando una comunidad determinada comprueba que los niños y niñas con discapacidad no cuentan con sitios donde jugar. El proceso de creación de esos espacios comienza cuando un grupo de integrantes de una comunidad funda una organización sin fines de lucro, como Shane’s Inspiration y Unlimited Play, dos asociaciones estadounidenses fundadas por padres y madres de niños y niñas con discapacidad. Posteriormente, esas organizaciones se dedican a recaudar fondos y comienzan a colaborar con otras agrupaciones comunitarias y con las dependencias gubernamentales pertinentes para llevar a cabo sus correspondientes proyectos. La creación de un espacio de juego inclusivo requiere la colaboración de diversos expertos, entre ellos arquitectos, paisajistas, urbanistas, funcionarios de gobierno local, investigadores académicos, profesionales pediátricos y expertos en horticultura, además de educadores y agrupaciones de padres y madres. Asimismo, los organizadores deberían consultar con los niños y niñas con grados diversos de capacidad, ya que el diseño tendrá que adecuarse a sus deseos y necesidades, porque el éxito de todo espacio de juego inclusivo depende del uso que le den los niños y niñas de la comunidad. 

Para crear un espacio de juego que incluya a todos los niños es necesario superar dos obstáculos: la obtención de recursos suficientes para diseñar, construir, dotar de personal y dar mantenimiento al lugar de recreación por un lado, y por el otro hacer frente a las actitudes discriminatorias y despreciativas hacia los niños y niñas con discapacidad. Debido a que, de conformidad con el diseño universal, la accesibilidad no consiste en realizar adaptaciones para satisfacer necesidades especiales, sino en construir desde el inicio instalaciones que satisfagan la amplia gama de las necesidades humanas, el enfoque del diseño universal ha demostrado que la inclusión de las personas con discapacidad no conlleva costos adicionales. Pero en muchos casos, los proyectos de este tipo sufren los efectos negativos de la falta de conocimientos acerca de los niños y niñas con discapacidad y de sus necesidades, y, de manera más general, sobre la importancia que tiene el juego para todos los niños con o sin discapacidad.

El juego inclusivo beneficia a todos los niños, independientemente de su grado de capacidad o discapacidad, porque les ayuda a obtener una comprensión fiel del mundo en todos sus matices, a apreciar las diferencias entre las personas y a reconocer sus similitudes, a aceptar la diversidad y los puntos de vista de los demás. Al darles a los niños con y sin discapacidad la posibilidad de jugar juntos, los espacios de juego inclusivos incuban, en un ambiente de alegría, lo que será una sociedad más inclusiva, en la que los niños y niñas con discapacidad puedan participar en un pie de igualdad con los demás, y disfrutar de las mismas oportunidades para prosperar.

Infografía: Diseño Universal en los Patios y Sitios de Recreo

Referencias

Cooper, D.M., “Exercise, Stress, and Inflammation in the Growing Child: From the bench to the playground”, Current Opinion in Pediatrics, Vol. 16, No. 3, 2004, págs. 286–292.; y Frost, J.L., P.S. Brown, J.A. Sutterby y C.D. Thornton. “The Developmental Benefits of Playgrounds”, Association for Childhood Education International, Olney, Maryland, Estados Unidos, 2004.

Casey, Theresa, Inclusive Play: Practical strategies for working with children aged 3 to 8, Paul Chapman, Londres, 2005.

Center for Universal Design, “Universal Design Principles”, <www.ncsu.edu/www/ncsu/design/sod5/cud/about_ud/udprinciples.htm>, accessed 15 May 2012.

Kilikili, “Who We Are”, <www.kilikili.org/who_we_are.html>, consultado el 12 de abril de 2013.

Sahlin, Erik, “Friendship Park: A playground for children with disabilities”, Israel, <http://nocamels.com/2012/02/friendship-park-a-playground-for-children-with-disabilities>, consultado el 13 de marzo de 2012.

Shane’s Inspiration, California, Estados Unidos <www.shanesinspiration.org>, consultado el 13 de marzo de 2012.

Unlimited Play, Missouri, Estados Unidos <www.unlimitedplay.org>, consultado el 13 de marzo de 2012.

Con respecto a las maneras en las que los niños y niñas con discapacidad emplean los lugares de recreación y participan en el juego, sírvase consultar: Prellwitz, M. y L. Skär, “Usability of Playgrounds for Children with Different Abilities”, Occupational Therapy International, Vol. 14, No. 3, 2007, págs. 144–155; y Casey, T. y N. Coates, “Out to Play: A consultation with children with disabilities, parents and carers on outdoor play areas in Edinburgh”, The Yard, Edimburgo, Escocia, 2004.

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