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Nutrición

Los rostros de la malnutrición

Imagen del UNICEF
© UNICEF/UNI185344/Karki
Dos voluntarios de salud comunitarios miden la circunferencia de la parte superior del brazo de Anish Tamang durante una orientación nutricional en el Puesto de Salud Mulkharka en Sundarijal, Katmandú.

Malnutrición: una emergencia invisible

La malnutrición tiene 1 millón de rostros:

  • Un niño que no alcanza nunca su plena altura debido a la pobreza, el saneamiento deficiente, la falta de leche materna y el acceso limitado a unos alimentos nutritivos;
  • Una mujer joven que padece de anemia durante el embarazo y da a luz a un bebé con bajo peso que más tarde padece retraso en el desarrollo;
  • Un niño que queda ciego por carencia de vitamina A;
  • Un niño que se vuelve obeso por un consumo excesivo de alimentos de baja calidad;
  • Un niño extremadamente delgado y con emaciación, en peligro inminente de muerte.

Casi la mitad de las muertes de niños menores de 5 años puede atribuirse a la malnutrición. Esto se traduce en la pérdida innecesaria de unos 3 millones de vidas jóvenes al año.

Sólo una fracción de estos niños muere en circunstancias catastróficas tales como una hambruna o una guerra. En la mayoría de los casos, la sombra mortal de la malnutrición es mucho más sutil: estanca el crecimiento de los niños, les priva de vitaminas y minerales esenciales y les hace más susceptibles a las enfermedades.

La malnutrición es una violación del derecho a la supervivencia y el desarrollo del niño, y sus consecuencias permanecen a menudo invisibles hasta que resulta demasiado tarde.

La malnutrición es, más que una falta de alimentos, una combinación de factores: una insuficiente cantidad de proteínas, energía y micronutrientes, infecciones o enfermedades frecuentes, prácticas deficientes de atención y alimentación, y servicios inadecuados de salud y agua y saneamiento. El hecho de que no se practique la lactancia materna o que se practique mal, supone casi un 12% de las muertes de menores de 5 años1.

La malnutrición en los primeros años de vida conduce al retraso en el crecimiento, lo que impide que el cerebro y el cuerpo de los niños alcancen su máximo potencial de crecimiento. El daño causado por el retraso en el crecimiento es irreversible y tiene consecuencias trascendentales, como una merma en el aprendizaje y el rendimiento escolar o una reducción en las ganancias futuras. A nivel mundial, 159 millones de niños menores de 5 años padecen emaciación. Estos niños provienen a menudo de los hogares más pobres, lo que hace que la emaciación sea un indicador clave de la pobreza y la desigualdad.

La emaciación –que conlleva que el niño afectado se quede en la piel y los huesos– es el terrible resultado de la malnutrición aguda y plantea una amenaza inmediata para la supervivencia. En 2014, 50 millones de niños menores de 5 años sufrieron emaciación y 16 millones sufrieron emaciación grave.

La triple amenaza incipiente de la malnutrición

Mientras que el retraso en el crecimiento y la emaciación persisten en todo el mundo, el rostro de la malnutrición está cambiando rápidamente. La sobrenutrición –incluyendo el sobrepeso y la obesidad– está ahora en aumento en casi todos los países del mundo.

A nivel mundial, se estima que 41 millones de niños tienen sobrepeso. Muchos países se enfrentan a una “carga triple” superpuesta de la malnutrición: la malnutrición y las carencias de micronutrientes por una parte, y el sobrepeso y la obesidad por la otra.

Estos problemas no se encuentran en los extremos opuestos de un espectro que va desde la hambruna hasta la obesidad: la realidad es mucho más compleja. De hecho, la malnutrición y la sobrenutrición coexisten con frecuencia dentro del mismo país, comunidad e incluso en el mismo individuo. Los niños con retraso en el crecimiento, por ejemplo, corren un mayor riesgo de padecer sobrepeso cuando son adultos.

Las causas de la malnutrición y del sobrepeso y la obesidad son similares y se enlazan entre sí. La pobreza, la falta de acceso a un régimen alimentario adecuado, las malas prácticas de alimentación de los bebés y los niños pequeños, y la comercialización y venta de bebidas y alimentos poco saludables pueden ocasionar la malnutrición, así como el sobrepeso y la obesidad.

Las bases de una buena nutrición

La malnutrición y el sobrepeso se pueden evitar con gran parte de los mismos enfoques. Un conjunto clave de intervenciones de probada eficacia –particularmente durante el período esencial de los primeros 1.000 días de vida– puede marcar la diferencia.

Las bases de una buena nutrición incluyen mejorar la alimentación de las mujeres antes, durante y después del embarazo; promover y apoyar la lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses de vida del niño y la lactancia materna continuada hasta los 2 años o más; facilitar la alimentación complementaria oportuna, segura, adecuada y de alta calidad; y proporcionar intervenciones adecuadas de micronutrientes.

En situaciones de emergencia y en entornos en desarrollo, los programas de UNICEF ayudan a establecer los cimientos de una buena nutrición y a prevenir y tratar la malnutrición en todas sus formas.

Nutrición para el desarrollo sostenible

Una buena nutrición sienta las bases para el desarrollo de comunidades y países saludables, prósperos y productivos.

Los niños bien alimentados son más saludables, más resistentes a las enfermedades y las crisis y se desempeñan mejor en la escuela. A medida que crecen, son más capaces de participar en sus comunidades y de contribuir a ellas. Los beneficios de una buena nutrición se propagan a través de las generaciones y actúan como el “pegamento” que enlaza y sirve de apoyo a las diversas facetas del desarrollo de una nación.

Ahora más que nunca se reconoce a escala mundial que una buena nutrición es la clave para el desarrollo sostenible. Específicamente, el objetivo 2 de los 2015 objetivos de desarrollo sostenible de 2015 (ODS) busca “poner fin al hambre, conseguir la seguridad alimentaria y una mejor nutrición, y promover la agricultura sostenible”.

Pero una buena nutrición significa mucho más que terminar solamente con el hambre: también es vital para la consecución de muchos de los objetivos de los ODS, como acabar con la pobreza, lograr la igualdad de género, garantizar una vida saludable, promover el aprendizaje permanente, mejorar el crecimiento económico, promover sociedades incluyentes y garantizar el consumo sostenible.

Para dar sólo un ejemplo: la lactancia materna evita la muerte, las enfermedades de la infancia y las enfermedades no transmisibles, al tiempo que apoya el desarrollo del cerebro y protege la salud materna. También es ambientalmente sostenible y reduce las desigualdades, ya que beneficia incluso a aquellos que disponen de un acceso limitado a los servicios de salud.

Transformar el panorama de la nutrición

El panorama mundial de la nutrición ha cambiado enormemente en los últimos años. Los países están reconociendo el poder de la nutrición para fortalecer las sociedades y transformar las vidas de los niños y sus familias, incluso en los lugares más pobres y más frágiles.

UNICEF está a la vanguardia de este cambio, proporcionando su capacidad de liderazgo y su apoyo a los países en la ampliación de la escala de los programas de nutrición para las madres y sus hijos, con un enfoque dirigido a llegar a las poblaciones más vulnerables y marginadas. Aquí puedes saber más sobre nuestro enfoque y nuestro trabajo.

 

 

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1 Bases de datos mundiales de UNICEF, 2015, basado en MICS, DHS y otras encuestas representativas


 

 

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