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Panorama: Yemen

En Yemen, el joven Messi de Saná

Por Rajat Madhok

Para un niño que vive en medio del conflicto de Yemen, el fútbol es más que un simple juego: es su forma de sobreponerse a los obstáculos que la vida le ha puesto en el camino.

SANÁ, Yemen, 25 de enero de 2016 – Seguramente, poca gente sabe que a Lionel Messi, una súper estrella que nació y se crió en la Argentina central, le diagnosticaron una deficiencia en una hormona del crecimiento cuando era un niño. Con 13 años, se mudó a España para jugar con el FC Barcelona, que acordó cubrir los gastos de su tratamiento médico. Había nacido una estrella, y lo demás, como dicen, es historia.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/UN08242/Madhok
Aunque hace ocho años perdió la pierna en una explosión al Noroeste de Yemen, Rafik sigue jugando a lo que más le gusta. De momento, lo hace en una escuela de Saná, Yemen, donde permanecen refugiados él y su familia, pero espera poder jugar algún día en un escenario más grande.

Hoy, me gustaría presentarles a otra estrella del fútbol. Rafik, de 15 años, procede de Saná, la capital de Yemen. Hace ocho años, Rafik perdió una pierna durante un ataque aéreo perpetrado mientras jugaba al fútbol en la provincia de Sa’ada. Su mejor amigo murió en el momento.

Pero la historia de Rafik no trata sobre muerte, ni tan siquiera sobre los horribles recuerdos de aquel día. Trata de la esperanza y la voluntad que niños como Rafik muestran al mundo tratando de sobrevivir al día a día en una escuela en la que 40 familias se han refugiado después de que el conflicto les obligara a abandonar sus hogares. Esos niños son la prueba de que el espíritu del ser humano no se rinde.

El ánimo y la determinación que llevan a Rafik a no abandonar el “hermoso juego” ha juntado a un equipo de hermanos y hermanas unidos por las dificultades para sobrevivir al conflicto en un refugio devastado por el hambre y la desesperación. Con su única pierna y ayudado por unas muletas, Rafik ha dado fuerza a su vecindario en un periodo de caos.

Millones de niños en peligro

Los niños se encuentran entre los grupos más vulnerables afectados por el conflicto de Yemen. Al menos 1,3 millones de ellos están en peligro de sufrir malnutrición aguda, de los cuales más de 300.000 peligran estar gravemente malnutridos.

Hasta el 12 de enero, UNICEF había confirmado casi 1.900 casos de niños asesinados (747) o mutilados (1.108) desde la escalada del conflicto en marzo de 2015. En total, 7,3 millones de niños necesitan servicios de protección, y las tasas de violaciones graves de los derechos de los niños siguen creciendo de forma radical.

Rafik es el superhéroe del barrio que ha ganado numerosos partidos con su equipo, que ha regateado y perseguido el balón junto a sus amigos en una escuela de Saná que sirve de refugio temporal a los desplazados por el conflicto. Corre maratones, juega al fútbol y está preparado para ser el entrenador más joven de Yemen, de un equipo con el que sueña y que está seguro que nacerá de las cenizas de los escombros.

Y, como es natural, encuentra la inspiración en Messi, su héroe en la vida real.

Una vida nueva durante unos instantes

Más de 100 niños viven en este refugio temporal. Mientras los niños disfrutan los partidos de fútbol, las niñas prefieren hacer manualidades, dibujar y representar teatros de marionetas.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/UN08234/Madhok
Rafik (de morado) juega al fútbol en la escuela Al Zubairi de Saná, Yemen. Al menos 40 familias desplazadas por el conflicto se han refugiado en esa escuela.

Este arte refleja la realidad de su época: ya sean cuadros hechos con los cristales rotos por la explosión de una bomba o dibujos, todos revelan el modo en que el conflicto ha dado la vuelta a sus vidas. Alrededor de 1,8 millones de niños han dejado de ir a la escuela desde el pasado marzo.

Aunque 14.500 escuelas han vuelto a abrir sus puertas desde noviembre, 1.500 siguen cerradas debido a la inseguridad, lo que deja a más de 383.000 niños sin escolarizar, sobre todo en las provincias de Sa’ada y Taiz. Casi 2,5 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares y escapar a lugares más seguros a causa del conflicto existente.

Hay poca comida, casi nada de agua y la basura se amontona en las calles de Saná. Queda poco suministro de medicamentos, y los hospitales apenas funcionan. Aun así, a pesar de unos obstáculos que parecen imposibles, Rafik y sus amigos viven una nueva vida mientras juegan al fútbol.

Es evidente que a nuestro joven campeón le preocupa poco lo que otros piensen de su discapacidad. Este adolescente convencido no cree que las bombas y las balas puedan paralizar a su nación ni mermar su fe en la humanidad. Hace falta un gran corazón para conseguir animar a las familias desesperadas que, al mirar a este niño, su Messi particular, el icono futbolístico de esos jóvenes niños desplazados, recuerdan tiempos mejores y rezan por un futuro mejor.

De momento, él se va corriendo para jugar un partido rápido antes de volver a la realidad en la que los sonidos de la guerra obligan a los niños a correr para esconderse una vez más.


 

 

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