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Panorama: Yemen

En Yemen, una clase llamada hogar

Por Rajat Madhok y Tahani Saeed

Las familias desplazadas por el conflicto de Yemen buscan refugio donde pueden, comen lo que pueden y viven con el miedo permanente a la violencia extrema que presencian a diario.

IBB, Yemen, 18 de enero de 2016 – Para Mariyam, de 37 años, la supervivencia es un desafío diario. El día transcurre lentamente, pero por la noche el dolor y el pánico se apoderan de ella. Sus 13 hijos la miran pidiéndole comida, pero ella no tiene nada que ofrecerles. Su marido trata de llevar a casa sobras de restaurantes, pero ni siquiera eso es suficiente para alimentar a 13 niños en edad de crecimiento. Cada comida dura menos de un minuto, porque los niños tragan rápidamente todo lo que alcanzan sus manos. Lo único que pueden hacer Mariyam y su marido es mirarlos sin esperanza.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Yemen/2015
Mariyam, madre de 13 hijos, vive con su familia en el edificio de una escuela de Ibb, Yemen, después de que la violencia los forzara a dejar su hogar en Taiz.

Mariyam se fue con sus hijos de Taiz, una ciudad donde se han producido algunas de las escenas más sangrientas desde la escalada del conflicto el pasado mes de marzo. No tuvo más opción que salir corriendo con los pocos objetos personales que pudo encontrar en el momento. Después de unos días, encontró alojamiento en una escuela de Ibb, una ciudad a dos horas de Taiz. Siete meses después, el conflicto no cesa ni hay cambio alguno en su estado de desplazada. Ella y sus hijos siguen compartiendo un espacio en una clase con otras cuatro familias y otras 20 mujeres y niños.

“Ojalá pudiera volver, pero me da mucho miedo que mis hijos resulten heridos en el conflicto”, explica esta madre con los ojos empañados, y señala la esquina de la habitación en la que están amontonadas sus escasas pertenencias. “Preferiría quedarme a vivir en esta esquinita antes que volver a Taiz”.

Mariyam y 19 familias más viven amontonadas en la escuela Muhaidaly de Saná, en el corazón de la ciudad de Ibb. El conflicto ha desplazado a más de 2,5 millones de personas en todo el país. Muchas han encontrado refugio en escuelas como esta. Mariyam no tiene a dónde ir, y sus hijos ya no pueden llevar una vida normal.

“No tenemos dinero para comprar en las tiendas”, sostiene. “Gracias a UNICEF, recibimos este material”. Señala un kit de higiene que le distribuyeron a ella y a otras personas en su situación. La caja de higiene contiene champú, jabones, latas, un pequeño cubo para lavar la ropa, toallitas íntimas y otros elementos esenciales para la vida diaria.

“Precisamos de mucha más ayuda. Necesitamos retretes más limpios, alimentos y un espacio adecuado donde vivir”, afirma.

Necesidades crecientes

UNICEF lleva tiempo distribuyendo suministros de ayuda de emergencia en Taiz y otras zonas afectadas por el conflicto. “Hasta ahora, hemos proporcionado a las familias desplazadas agua potable, pastillas de cloro, tanques de agua, letrinas temporales, vacunas para niños (contra la poliomielitis y el sarampión, entre otras), productos básicos como kits de higiene y medicamentos, así como combustible para mantener el funcionamiento de las instalaciones hospitalarias y las redes de agua de la ciudad”, explica Khurram Javed, que dirige las labores de respuesta de UNICEF en Ibb y Taiz. “No obstante, parece que las necesidades de esta crisis siguen creciendo incesantemente conforme pasan los días”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Yemen/2015
Wageeda y sus dos sobrinos frente a una tienda de UNICEF en Ibb que, además, sirve de clase provisional. Escapó de Taiz con ellos cuando se intensificó el conflicto y uno de sus hermanos murió.

En Al Qaidah, una ciudad a 20 kilómetros de Taiz, las familias desplazadas se refugian donde pueden. Conocimos a una mujer de 21 años llamada Wageeda, que huyó de Taiz con sus dos sobrinos. “Los combatientes lanzaron una bomba cerca de nuestra casa que hirió a uno de mis hermanos. Se recuperó poco después”, cuenta Wageeda, que sujeta junto a ella a una de sus sobrinas. “La semana siguiente, otra bomba explotó cerca de nuestra casa y partió en dos el cuerpo de un vecino. Mi hermano mayor vio el cadáver y le afectó tanto que nunca se recuperó y murió poco después”.

Al igual que Mariya, Wageeda vive con otras 16 personas en la clase de una escuela primaria de Al Qaidah. Sus sobrinos estudian en una tienda coordinada por UNICEF que funciona como una clase improvisada. Teme que una explosión les cause daño, de modo que prefiere que estudien en el interior. Sin embargo, no hay espacio suficiente, ya que todas las clases están ocupadas por familias desplazadas.

Cuando le preguntan si quiere volver a Taiz, Wageeda responde: “Mi casa quedó destruida por el combate, así que de momento no tendría a dónde ir. La casa se puede reconstruir, pero, ¿quién me devuelve a mi hermano? Él se ha ido para siempre”.

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Desde la escalada del conflicto de Yemen en marzo de 2015, UNICEF ha proporcionado una respuesta integrada destinada a millones de niños y familias yemeníes de todo el país, quienes han recibido apoyo y servicios de salud, nutrición y educación, además de agua y saneamiento y protección infantil y social. UNICEF ha vacunado a más de cuatro millones de niños contra la polio y el sarampión, entre otras; ha tratado a miles de niños que padecían malnutrición aguda y ha distribuido tanques de agua y combustible para los sistemas de agua corriente que han llegado a casi cuatro millones de personas. Este organismo dedicado a la infancia también ha reequipado escuelas que estaban dañadas, ha realizado transferencias económicas de ayuda humanitaria para los más pobres de entre los pobres y ha brindado apoyo psicosocial a los niños afectados por el conflicto.

 


 

 

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