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Panorama: Yemen

Ayudar a los maestros para que ayuden a los niños de Yemen

Por Kate Rose and Abdullah Modhesh

La formación en apoyo psicosocial para maestros consiste en capacitarlos para que atiendan mejor las necesidades de los niños de Yemen, ya que el conflicto ha obligado a casi dos millones de ellos a abandonar la escuela.

SANÁ, Yemen, 27 de octubre de 2015 – “Es terrible que tu casa sea un objetivo del conflicto”, lamenta Tahani, una maestra de inglés de Saná, Yemen. Una mañana de finales de marzo, la ciudad se despertó con una explosión que destrozó ventanas y sacudió edificios.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Yemen/2015/Fuad
Tahani, maestra de inglés en Saná, Yemen, juega con unas niñas que han sido desplazadas por el conflicto. Pertenece al grupo de maestros y trabajadores sociales que han recibido formación para brindar apoyo psicosocial a los niños.

Mientras la mayor parte de la gente de Saná pasó los días posteriores tratando de entender lo que estaba ocurriendo, Tahani y su familia fueron obligadas a mudarse, ya que la zona en la que vivían se había convertido en uno de los objetivos de un conflicto que había escalado repentinamente en la capital.

“Nos obligaron a mudarnos a otro lugar”, explica. “Mis hijos se asustan muchísimo cada vez que oyen explosiones o aviones, y nos vemos obligados a hacer frente a esta situación fingiendo que todo va bien”.

Tahani lleva 11 años en la enseñanza, un sueño que persiguió desde que era pequeña y estaba en la escuela, donde disfrutaba de las clases de inglés que impartía su maestra. Como muchos otros maestros de todo el mundo, Tahani considera que la enseñanza no es un trabajo cualquiera en el que simplemente hay que proporcionar conocimientos a los estudiantes. “Conozco a mis estudiantes por su nombre; ellas son quienes me enseñan a ser paciente, a tolerar las dificultades de la enseñanza y a sacar lo mejor de mí”.

Los meses anteriores la enseñanza tampoco había sido una tarea fácil. Dada la escasez de maestros, el número de estudiantes por clase a menudo rozaba los 100, y los frecuentes cortes de electricidad obligaban a interrumpir las clases e impedían el uso de proyectores y otros dispositivos electrónicos. Sin embargo, desde marzo la situación ha ido de mal en peor.

A medida que el conflicto invadía la ciudad, se cerraron 3.580 escuelas, 502 de las cuales fueron parcial o completamente destrozadas. Esto dejó a casi dos millones de niños sin la posibilidad de ir a la escuela, y los maestros se vieron obligados a quedarse en casa. Aunque ya se han planificado clases de recuperación y exámenes, el conflicto está empeorando.

El impacto del conflicto como principal foco de atención
 
Los efectos psicológicos del ruido de los bombardeos y las balas que se suceden día y noche, el trastorno físico, el riesgo de resultar herido o incluso de morir, son factores que repercuten gravemente en la posibilidad de los estudiantes de volver a las escuelas. Para contribuir a ayudar a estos niños, UNICEF y el Ministerio de Educación emprendieron cursos de formación para 50 maestros y trabajadores sociales el pasado mes de julio. Tahani fue una de ellos, y como los demás, deberá formar a su vez a otros maestros con el fin de proporcionar apoyo psicosocial a los niños afectados por el conflicto.

Durante el curso, Tahani y sus compañeros aprendieron a ayudar a los niños a comprender la situación practicando actividades cotidianas, a pesar de la dificultad de la situación. Así, les enseñaron que los niños pueden liberar la tensión y el estrés dibujando, actuando, coloreando y haciendo juegos de rol, entre otras cosas. Tahani se dio cuenta de que sus propios hijos sufren estrés, al igual que ella y su marido, y que podría practicar con ellos mismos lo que acababa de aprender.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Yemen/2015/Fuad
Tahani ayuda a las niñas con una tarea. El conflicto permanente de Yemen impide que casi dos millones de niños vayan a la escuela.

“Me doy cuenta de que esto tendrá efectos muy positivos para mi trabajo”, afirma. “Estoy segura de que mi forma de trabajar cambiará, y en lugar de simplemente enseñar pasaré a ser una maestra comprensiva, atenta y servicial, centrada en atender las necesidades reales de mis estudiantes”.

Tahani puso el ejemplo de una niña que lloraba y gritaba en clase. “Las casas de su padre y su tío sufrieron daños durante el conflicto en Ramadán”, explica. “Todavía tiembla continuamente mientras duerme”.

Mientras espera a que se vuelva a abrir la escuela, Tahani pone en práctica lo que acaba de aprender con las niñas de una de las escuelas que se han instalado para familias desplazadas, la mayoría de las cuales pertenecen a la comunidad marginada muhamasheen.

“Espero poder transmitir mi mensaje de amor y atención a mis estudiantes”, dice Tahani. “Espero que superen sus dificultades y traten de aprender por sí solos. Y espero que la gente de mi país deje de luchar”.


 

 

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