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Panorama: Yemen

Los niños marginados del Yemen, atrapados en medio del conflicto

Por Ansar Rashed

La escalada de los enfrentamientos ha tenido un efecto devastador en la supervivencia cotidiana de familias yemeníes que ya antes del conflicto vivían marginadas de la sociedad.

ADEN, Yemen, 8 de julio de 2015 – Jamal Kholidi, un niño de 13 años del distrito de Crater, en Aden, presenció la destrucción de su casa por el impacto de un misil. Su familia y él viven ahora en un campamento provisional instalado en una escuela, junto con otras 76 familias sin hogar que han acudido desde Aden y Lahj.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Yemen/2015/ Abdulbaki
“Esta escuela es un refugio para todos nosotros. Aquí somos iguales en todo, incluso en la crisis. ¿Por qué entonces nos miran como si fuéramos distintos?”, pregunta Jamal Kholidi, de 13 años.

Jamal pertenece a la comunidad muhamasheen (que en árabe significa “marginados”), una minoría que representa en torno al 10% de la población del Yemen. Pobres y excluidos, integran el nivel más bajo de la escala social del país.

Al igual que muchos miembros de su comunidad que viven en tugurios atestados en los márgenes de las grandes ciudades, la familia de Jamal vivía antes en el extrarradio de la ciudad de Aden. Tuvieron que huir debido a los graves enfrentamientos.

El conflicto actual que afecta al Yemen es una doble tragedia para los muhamasheen. Ya antes de la escalada del conflicto que se produjo en marzo languidecían al margen de la sociedad, víctimas de una discriminación permanente, debida en gran parte a los prejuicios acerca de su piel oscura y su origen africano.

“Antes no me importaba que me catalogaran como muhamasheen en la escuela, en el parque o incluso en mi barrio. Pero ahora, en el campamento, sí que me molesta”, dice Jamal. “Echo de menos mi casa y a mis amigos. Echo de menos la vida que llevaba en casa. Era libre y feliz”.

Pobreza y analfabetismo

En 2014, UNICEF y las gobernaciones locales practicaron una encuesta cartográfica con el fin de ayudar a responder a necesidades fundamentales de esta comunidad marginada.

Los resultados de la investigación eran descorazonadores: unos niveles altos de pobreza, en conjunción con un bajo grado de alfabetización y de matriculación en la escuela. Sólo uno de cada cinco niños de más de 15 años sabía leer y sólo la mitad de los niños de entre 6 y 17 años estaban matriculados en la escuela. De cada cinco hogares, sólo dos disponían de una letrina.

En Taiz, donde hay un número elevado de muhamasheen, los resultados de la encuesta indicaban que la mitad de los más de 5.000 niños menores de 1 año jamás habían sido inmunizados.

En respuesta a esta situación, UNICEF diseñó un conjunto integrado de intervenciones de protección social (en especial medidas de inclusión económica como las transferencias de efectivo destinadas a atender las necesidades de los niños) y estableció vínculos entre los hogares y los servicios sociales básicos.

La finalidad de las ayudas económicas, que se canalizan por medio de 20.000 cuentas de ahorro de las que son beneficiarias las madres y los niños de entre 10 y 17 años, es promover el ahorro para la educación, la salud y la nutrición de estos niños.

Además, los niños muhamasheen reciben lotes de material escolar y uniformes para facilitar su matriculación y su integración en las escuelas.

Como estar en una jaula

Los enfrentamientos constantes, que se intensificaron en marzo, han tenido un efecto negativo en la prestación de servicios esenciales que benefician a millones de niños del país.

Los programas orientados específicamente a los niños de comunidades marginadas y vulnerables como los muhamasheen han quedado interrumpidos de forma abrupta, agravando aun más su miseria.

Para las familias como la de Jamal, lo que dejaron atrás, pese a tanta pobreza y decadencia, se asemejaba al menos a un hogar. Un hogar al que es improbable que regresen en un futuro próximo.

“Esto es como estar en una jaula”, dice la madre de Jamal, refiriéndose al campamento. “Lo hemos perdido todo”. 

Con el fin de ayudar a satisfacer las necesidades de esas familias de todo el Yemen cuyas vidas quedaron desarraigadas como consecuencia del conflicto, UNICEF provee suministros médicos, lotes de productos de higiene y filtros para la depuración de agua. También construye letrinas provisionales y suministra combustible a las compañías de agua de las gobernaciones de Abyan, Aden y Lahj –las más afectadas– para que abastezcan agua a los hogares, lo que beneficia a más de un millón de personas.

UNICEF provee también combustible al fondo de limpieza y mejoras para asegurar que no se interrumpe la retirada de residuos sólidos de las calles y para mantener los servicios de recogida de basuras. 

Pero aun así, las necesidades continúan siendo enormes. Para los niños como Jamal, y para cerca de 10 millones más de niños de todo el Yemen que precisan ayuda urgente, es una carrera contrarreloj.


 

 

Fotografía UNICEF: Emergencias

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