Estamos construyendo un nuevo UNICEF.org.
Durante algún tiempo nuestras páginas estarán en período de transición. Gracias por tu paciencia. Por favor visita nuestro sitio de nuevo para ver las mejoras.

Tanzanía, República Unida de

Un lugar seguro para el aprendizaje de los niños burundeses de Tanzanía

Por Anthea Rowan

Los espacios temporales de aprendizaje situados en un campo de refugiados de Tanzanía proporcionan una atmósfera donde los niños burundeses pueden seguir el ritmo de trabajo de la escuela y recuperar la estabilidad que han perdido. 

KIGOMA, República Unida de Tanzanía, 12 de agosto de 2015 – Cuando habla de su amor por la escuela y sus amigos, a Levis se le dibuja una gran sonrisa en la cara. Solo hace unas semanas que a este joven de 15 años y a su familia los obligaron a abandonar su hogar de Burundi para encontrar un lugar seguro en el norte de Tanzanía.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Tanzania/2015/Beechey
Los espacios temporales de aprendizaje situados en un campo de refugiados de Tanzanía proporcionan una atmósfera donde los niños burundeses pueden seguir el ritmo de trabajo de la escuela y recuperar la estabilidad que han perdido.

“Mamá nos despertó temprano. Nos vestimos rápidamente y salimos deprisa y a escondidas”, cuenta Levis. “Salimos de allí en silencio y caminamos 10 kilómetros hasta llegar a la frontera.”

Levis recuerda el camino por el bosque y el miedo que veía en los ojos de sus ocho hermanos y hermanas. La familia se asentó durante tres semanas en Kagunga, Tanzanía, antes de llegar al campamento de refugiados de Nyaragusu a mediados de junio.

El campamento de Nyaragusu ha acogido durante casi 20 años a más de 60.000 refugiados congoleses. En las últimas semanas, sin embargo, las más de 80.000 personas que huían del malestar civil de Burundi han hecho crecer ese número. La mayoría de los refugiados son menores de 18 años.

Esta es la segunda experiencia que Levis tiene como refugiado: este adolescente nació en el campamento de Mtabila, Tanzanía, donde decenas de miles de refugiados burundeses se refugiaron durante los años que duró en el país un conflicto civil que terminó en 2005.

Educación para los niños más vulnerables

Levis estaba en el sexto curso, a punto de presentarse a los exámenes nacionales de junio, cuando huyó de Burundi junto a su familia. Ahora le molesta no poder ir a la escuela ni conseguir un trabajo con el que poder alimentar a su familia.

“Me gusta ir a la escuela, porque nuestros padres siempre nos dicen que la educación lo es todo”, dice Levis. “Se supone que todos los estudiantes tenemos los mismos derechos. Cuando nos llaman para ir a estudiar, todos deberíamos ir. Nos gusta la escuela y necesitamos aulas adecuadas. Cuando un niño se gradúa, es capaz de hacerse cargo de sus padres y puede mejorar su nivel de vida”.

El derecho a la educación corre más riesgos durante las emergencias humanitarias, que pueden retrasar el acceso inicial, contribuye a unas tasas más altas de abandono escolar y reduce las tasas que muestran los casos en los que se completan los estudios. Algunos niños de Nyaragusu llevan meses sin asistir a una escuela formal, y los mayores han perdido la oportunidad de presentarse a los exámenes nacionales.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Tanzania/2015/Beechey
Los espacios temporales de aprendizaje situados en un campo de refugiados de Tanzanía proporcionan una atmósfera donde los niños burundeses pueden seguir el ritmo de trabajo de la escuela y recuperar la estabilidad que han perdido.

Con el fin de proteger los logros que se habían conseguido y garantizar un progreso continuado para los niños burundeses en edad escolar, UNICEF y sus aliados en materia de educación han abierto los Espacios Temporales de Aprendizaje (TLS) en el campamento.  

“Nos aconsejaron que nos preparáramos bien, ya que vamos a presentarnos a los exámenes nacionales este año”, explica Levis. “Estoy contento porque sé que me van a salir bien y pasaré al séptimo curso. Es bastante difícil, pero yo sigo estudiando y lo conseguiré”.

Más de 33.000 niños están registrados en la actualidad en la educación de emergencia, desde preescolar hasta la educación secundaria, lo que suponen 1.351 estudiantes en el sexto curso en los 10 espacios de aprendizaje operados por el Comité Internacional de Rescate (IRC), aliado de UNICEF. Desde hoy, 18.000 niños se han matriculado en edad escolar.

Las clases ofrecen a niños desde los tres años de edad una atmósfera segura donde poder distraerse con actividades de recreo al tiempo que se ponen al día con los estudios. Sin embargo, la gran afluencia de niños en Nyarugusu está presionando a los TLS, cuyas clases se encuentran abarrotadas en los turnos de mañana y en los de tarde. Se necesitaría un mínimo de 120 aulas y un turno doble para poder acoger a todos los niños.

“En una clase puede haber unos 200 niños o más”, explica Levis. “No hay sillas suficientes; hay muchos estudiantes en la clase, así que muchos terminan escuchando a los maestros de pie”.

Además, se ha contratado a 150 maestros voluntarios de entre los refugiados burundeses, y a 88 de ellos se les ha impartido un curso de dos semanas para formarlos en habilidades pedagógicas, educación pacífica, salud, higiene y explotación sexual y abusos, con el fin de crear un ambiente seguro de enseñanza y aprendizaje. La formación ha empezado ya para los 92 maestros restantes.

Además, UNICEF ha proporcionado tiendas adicionales, formación y provisiones para aliviar la tensión a los maestros. Para los niños desplazados por motivos de violencia, que dejaron sus hogares con poco más de lo que llevaban puesto, esas provisiones son esenciales para continuar con su educación.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Tanzania/2015/Beechey
Unos niños del Espacio Temporal de Aprendizaje establecido por UNICEF en el campamento de refugiados de Nyarugusu (Tanzanía) escriben apoyados en sus regazos, ya que no hay pupitres suficientes para todos.

“En Burundi tenía todo lo que necesitaba para la escuela”, dice Levis. “Tenía libros de ejercicios y bolígrafos suficientes, pero aquí no hay uniformes ni zapatos escolares. En Burundi sí, y tenía hasta jabones para lavar los uniformes, pero aquí no tengo nada de eso”.

Reencuentro de amigos

Al marcharse de sus hogares, también han perdido a muchos amigos. “Solo nos fuimos unos pocos, y no todos éramos estudiantes”, explica Levis.

Sin embargo, gracias al programa de los TLS, Levis se ha reencontrado con algunos de sus amigos del pueblo. “Tengo muchos amigos buenos, y jugamos también después de la escuela. Nos gusta hablar y pasear juntos. Uno de ellos se llama Membe; ahí están Elia y Hudi. Esos son mis amigos”.

Hasta que UNICEF pueda establecer más escuelas permanentes, estos espacios temporales proporcionan educación y devuelven un poco de calma a los niños más vulnerables. 

“Cuando vuelvo de la escuela, puedo comer algo. Eso me hace feliz”, explica Levis. “La paz es muy importante para mí, yo juego con mis hermanos y les ayudo en casa con los deberes y los estudios. Eso es la paz para mí”.


 

 

Fotografía UNICEF: Foto de la semana

Búsqueda