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Panorama: República Árabe Siria

Compartir buenos recuerdos proporciona un consuelo vital a los niños sirios

Por Shushan Mebrahtu y Masoud Hasen

QAMISHLI, República Árabe Siria, 29 de diciembre de 2015 – “Él siempre nos traía la ropa más bonita y nos llevaba a pasear por los jardines de Alepo, donde almorzábamos al aire libre”, cuenta Ghaithaa, de 13 años. 

Imagen del UNICEF
© UNICEF Syrian Arab Republic/2015/Soliman
Las hermanas Ghaithaa, Israa y Aisha, en su casa. Las niñas han sufrido una gran pérdida durante el conflicto sirio, y ahora encuentran algo de consuelo en un espacio adaptado para niños en Qamishli.
“¿Os acordáis de cuando visitábamos a nuestra familia durante las vacaciones?”, pregunta, animando a sus hermanas a compartir sus historias. El rostro de Israa se ilumina. “Cada año celebraba mi cumpleaños y me traía regalos y juguetes”, recuerda la pequeña de 11 años. “En un cumpleaños, tenía 25.000 libras sirias y se las gastó en regalos y ropa para mí y mis hermanas; no se compró ni una cosa para él”.

 

Aisha, que tiene ocho años, asiente al recordar aquel día. “¡A mí me trajo un vestido de mariposa!”, exclama, con una sonrisa de oreja a oreja.

Las niñas están recordando sus momentos favoritos con su padre, que murió en Alepo hace tres años por el disparo de un francotirador.

Años de pérdidas

Desde que murió su padre, las niñas han sufrido más pérdidas. Su madre se volvió a casar, se mudó al Líbano con su nueva familia y las abandonó. Ahora, las pequeñas viven en Qamishli con sus abuelos y otros 15 familiares, muchos de ellos niños, en una casa alquilada de tres habitaciones.

“Lo último que me dijo fue: ‘Cuida de mis niñas’, recuerda Um-Ali, la abuela de las niñas. “Me lo repitió tres veces antes de volver a Alepo para recoger algunos objetos personales. Nunca regresó”.

Um-Ali cumple la última petición de su hijo. Procura cuidar de sus nietas lo mejor que puede, pero ella y los demás adultos de la casa tienen dificultades para proporcionarles todo lo que necesitan.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Syrian Arab Republic/2015/Soliman
Las niñas se divierten con sus amigos en el espacio adaptado para niños. Aquí, se les anima a compartir recuerdos como un modo de enfrentarse a la pérdida.

“Ghaithaa se queja de que se le cae el pelo por un problema que tiene en el cuero cabelludo, y Aisha siempre tiene que guiñar los ojos porque necesita gafas, pero yo no tengo dinero para comprárselas”, explica. “Apenas puedo asegurarles la comida, y solo les compro ropa usada. Todo lo que necesitamos mantener cálido este invierno es la pequeña chimenea donde quemamos cartones y bolsas de nailon que recogemos de la calle”.

Afrontar las dificultades

Ante una dificultad de este tipo, resulta sorprendente la resistencia de las niñas. Insisten en que, a pesar de haber perdido dos años de escolarización, su educación es primordial. Cada mañana, Ghaithaa, Israa y Aisha van a la escuela. Por la tarde, asisten al centro establecido con la ayuda de UNICEF donde pueden jugar con otros niños y participar en actividades diseñadas para ayudarlos a lidiar con su situación. Durante esas sesiones, se anima a los niños a compartir sus recuerdos en lugar de reprimirlos, como una forma de asumir su pérdida.

“Me encanta ir al centro con mis hermanas”, dice Ghaithaa sonriente. “Quiero continuar mi educación y ser médico cuando sea mayor. Quiero volver a encontrarme con mis amigos y pasarlo mejor que hasta ahora”.

Desde enero hasta noviembre de 2015, UNICEF proporcionó servicios de ayuda psicosocial a niños como Ghaithaa, Israa y Aisha en comunidades y escuelas de la República Árabe Siria. Dada la situación siempre cambiante del terreno, la demanda de los servicios que ofrecemos sobrepasa nuestra capacidad de actuación.

En 2015, UNICEF solicitó 279 millones de dólares estadounidenses para atender las necesidades de los niños de la República Árabe Siria. Hasta noviembre de 2015, hemos recibido un 62% de los fondos que necesitamos, por lo que resta una brecha de financiación del 38% equivalente a 106,7 millones de dólares estadounidenses. Si esa brecha no se cierra, se pondrá en peligro el agua potable y los servicios de saneamiento. Los niños podrán perder la oportunidad de recibir educación. Los servicios de salud se enfrentarán a recortes drásticos. Los niños no recibirán ayuda psicosocial.



 

 

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