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Sudán

En Jebel Marra, Sudán, los niños llevan las llaves de las casas de donde huyeron

Por Heidi Lehto

A medida que la situación en Jebel Marra se deteriora, las familias huyen en esta zona de Darfur en busca de refugio. Entre las 20.000 a 30.000 personas que se hacinan en el diminuto y abandonado pueblo de Sortoni se encuentra un joven que lleva un recuerdo de su casa alrededor de su cuello. Escucha la historia de El-Fateh.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Sudan/2016
El-Fateh y otros dos niños desplazados por los recientes combates en la zona de Jebel Marra de Sudán sonríen después de llegar al campamento de Sortoni, un lugar establecido recientemente por unas 20.000 a 30.000 personas que huyen de la violencia en sus aldeas. Un número desconocido permanecen en los bosques y montañas de Jebel Marra.

JEBEL MARRA, Sudán, 22 de marzo de 2016 – De entre las ramas de un árbol que hay a la entrada de la pequeña ciudad de Sortoni asoma la cara de un niño. Quiere saber mi nombre. Más importante aún, él quiere que yo sepa el suyo.

Se trata de El-Fateh, y tiene 12 años. “El Fateh” significa vencedor, o conquistador, un nombre que parece bastante impropio para este tímido joven que se oculta detrás del tronco de un árbol. El Fateh es uno de los más de 13.000 niños que buscan seguridad en este valle que estaba hasta hace poco desprovisto de vida, excepto por el campamento de la UNAMID*. Ahora, Sortoni está lleno de personas que han huido de 64 aldeas de la zona de Jebel Marra, por temor a la intensificación del conflicto en esta parte de Darfur.

Refugio contra los ataques

Sortoni se ha convertido en un campamento improvisado para un estimado de 20.000 a 30.000 personas como El-Fateh, gente que ha huido de los combates en los pueblos cercanos. En Darfur —el hogar de la etnia fur— se ha producido una intensificación de los ataques terrestres y aéreos desde mediados de enero.

Ubicado entre las montañas de la tristemente famosa zona de Jebel Marra, el pueblo abandonado de Sortoni sirve de refugio para una mayoría de niños, mujeres y ancianos. Los residentes han establecido refugios improvisados con ramas clavadas en el suelo y cubiertas por un mosaico de restos de plástico y telas rasgadas. Las cabañas construidas a toda prisa no pueden competir con el frío y el aire polvoriento contra los cuales tratan de defenderse los desplazados junto a su ganado.

La historia de El-Fateh

El-Fateh me habla de su viaje a Sortoni. Nunca suelta la mano de su mejor amigo, el único que tiene en esta nueva situación extraña.

“Vinimos aquí, yo y mi padre, mi madre, mi abuelo y mis hermanos mayores, hace semanas”, dice. “Escuchamos los bombardeos, y escapamos antes de que nos ocurriera algo malo.

“Me enviaron de vuelta para buscar las siete vacas que tuvimos que dejar atrás. Pero nos las habían robado”. El-Fateh hace una serie de gestos para mostrar que tuvo que volver a Sortoni con las manos vacías.

Incluso a pesar de que saquearon su ganado, la familia de El Fateh tuvo la suerte de haber llegado a un lugar seguro sin que nadie desapareciera.

Otras familias que viven en el campamento han sufrido pérdidas, ya que hay decenas de niños desaparecidos y muchos más separados de sus familias. Dada la situación inestable, preguntamos a El-Fateh si tuvo miedo de volver a su pueblo solo. Rodeado por sus compañeros, niega que tuviera miedo, pero su historia habla por sí misma de cómo se sentía. “En el camino fui a un pozo. [Vi] a hombres con armas y escapé”, continúa. “Me escondí detrás de las montañas.

“Aquí, en Sortoni, no estamos tan asustados. Excepto cuando escucho el silbido de las bombas. Luego, por la noche, corro y me escondo entre las rocas”.

Navegando Sortoni

El sitio en Sortoni es una agobiante villa miseria que se va construyendo poco a poco. UNICEF, como parte del primer equipo humanitario compuesto por varios organismos para evaluar la situación, navega por un laberinto de familias, de niños que tratan de conseguir comida, de asnos, y, en ausencia de instalaciones, de los campos de defecación al aire libre. Este valle no está preparado para una afluencia en esta escala. No tiene clínicas, no hay escuelas, no hay zonas para que jueguen los niños, no hay refugio, no hay perspectivas.

La única muestra de seguridad es el sitio del equipo de la UNAMID, compuesto por 250 personas. Quienes abandonaron sus hogares se hacinan en el campamento con la esperanza de obtener seguridad y agua, que los cascos azules y las fuerzas policiales traen desde su punto de agua a unos 5 km. La fila ordenada de bidones junto al punto vacío de distribución indica que las necesidades son mucho mayores que el suministro. Todos los ojos están puestos en nosotros; las expectativas para responder a la intensificación alarmante de la emergencia humanitaria son palpables.

Proteger a los niños primero

A medida que la gente de Jebel Marra trata de superar los desafíos que enfrenta su comunidad una vez más, UNICEF y sus asociados humanitarios están tratando de ampliar su capacidad de proteger a los niños de Sudán a través de programas de ayuda de emergencia.

Se están estableciendo sistemas de reunificación y ubicación de las familias (FTR), redes de protección infantil de base comunitaria y espacios adaptados a los niños para aprovechar los esfuerzos comunales y la capacidad de recuperación.

Lo que depara el futuro

Estamos hablando con El-Fateh en un campamento abierto, y un flujo constante de niños pequeños con burros que transportan el agua en sus lomos realiza su camino de vuelta antes de la caída de la noche. Un grupo de muchachos patea una lata aplastada sin demasiadas ganas.

“No hay nada que hacer; no hay escuela”, dice El-Fateh. “En casa, tenía muchos amigos, pero aquí sólo tengo uno. Con él hablo, a veces vamos recoger hierba para los burros, y nos vamos al pozo para traer agua. Luego nos quedamos aquí, y escuchamos la radio para recibir noticias de mi casa”.

El niño suspira, jugando con la llave que cuelga alrededor de su cuello. Al igual que muchos de los niños, lleva la llave de su casa familiar, con la esperanza de volver algún día. Debido a que no se ve que el conflicto vaya a acabar pronto, El-Fateh sabe que va a permanecer en Sortoni bastante tiempo. “Quiero ir a la escuela, para aprender inglés, árabe y matemáticas. Quiero ser un día maestro”, señala con determinación, aferrándose a su amigo como a un salvavidas.

En el centro mismo del clima de odio y de inestabilidad se encuentran los niños. Como en tantos conflictos, los más afectados son los más vulnerables. Porque, ¿cuál puede ser el futuro de una generación privada de educación, atención, alimentación y seguridad? Los daños causados por este conflicto, por la cultura de la violencia, tienen un impacto a largo plazo sobre los jóvenes y dificulta el camino hacia la recuperación, a causa de la angustia y la privación. Tienen la difícil tarea de reparar una sociedad quebrada, para que ningún niño tenga nunca más que buscar refugio en las cuevas de las montañas de Jebel Marra.

* Operación Híbrida de la Unión Africana y las Naciones Unidas en Darfur. Más información acerca de la UNAMID.


 

 

Informe: Education under fire


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