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Sudán

La educación es la esperanza de miles de niños y niñas desplazados en Sudán

Por Alastair Beach

Con demasiada frecuencia, las niñas adolescentes desaparecen de la agenda de desarrollo, a pesar de que se progrese en terrenos como la educación, la salud, el VIH/sida y la protección contra la violencia. Por ello, en el Día Internacional de la Niña de 2015 se hará hincapié en la importancia de redoblar los esfuerzos y prestar especial atención a las adolescentes. El tema de este año es “El poder de la niña adolescente: una visión para 2030”.

Niñas como Maryam, a quienes solo les queda un vago recuerdo de las vidas que dejaron atrás para escapar del conflicto de Sudán, se arman de valor para adquirir las destrezas necesarias para reconstruir sus países, gracias a un programa de educación que ha llegado a los niños del campamento de Zamzam, en Darfur del Norte.

EL FASHER, Sudán, 30 de septiembre de 2015 – Los recuerdos que conserva Maryam Ahmed de su infancia se están desvaneciendo, pero no los ha olvidado.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Sudan/2015
“Quiero estudiar ingeniería porque me gustaría ayudar a reconstruir nuestro país”, afirma. Maryam tiene 16 años y ha pasado los 10 últimos desplazada dentro de su propio país.

Esta niña de 16 años aún recuerda de dónde procede, un pueblo pequeño llamado Konjara que se encuentra en medio del campo en Darfur del Norte. Se acuerda de las granjas, sobre todo, pero no recuerda mucho más.

También se acuerda del motivo que la obligó a irse. “Fue a causa del conflicto”, explica.

Esta se ha convertido en una respuesta terriblemente común en una región en la que miles de infancias se han visto marcadas por el conflicto.

Maryam es uno de los “niños de la guerra” de Darfur, niños y niñas que han pasado la mayor parte de sus vidas afectados por las consecuencias de los conflictos de Sudán.

Ahora reside en el campamento de Zamzam, un asentamiento enorme para desplazados internos de Darfur del Norte, donde la niña ha pasado los 10 últimos años desplazada dentro de su propio país.

Además, gracias a los programas de educación que reciben apoyo de UNICEF en la región, ha tenido la oportunidad de beneficiarse de unos derechos que muy a menudo damos por seguros.

La construcción de un futuro

En Zamzam viven alrededor de 120.000 personas. Es un campamento que se encuentra a una distancia de, aproximadamente, media hora por carretera al sur de El Fasher, la capital de Darfur del Norte.

Se trata de una ciudad arenosa de cabañas circulares al estilo tukul, muros de ladrillo de barro y callejuelas serpenteantes en la que viven 49.169 niños (21.008 niños y 28.161 niñas) en edad escolar (de 4 a 17 años).

UNICEF ha contribuido a la construcción de más de 26 escuelas en el campamento de Zamzam. A niños como Maryam, estas escuelas han servido como un sustento sobre el que construir un futuro más estable y seguro. Maryam y sus compañeros se benefician ahora de uno de los derechos más fundamentales: el derecho de todos los niños a la educación.

Como estudiante de la escuela Al-Salaam 18, tiene la posibilidad de cursar sus asignaturas favoritas: matemáticas y estudios coránicos. Le gustaría llegar a ser ingeniera. “Quiero estudiar ingeniería porque me gustaría contribuir a reconstruir nuestro país”, afirma.

Es una ambición que, gracias al sistema educativo de Zamzam, no resulta imposible de cumplir.

Según Mohamed Ahmed, el director de educación del gobierno para Zamzam, el campamento cuenta con una de las mejores escuelas de Darfur del Norte.

En los resultados de unas encuestas recientes de clasificación, una de las escuelas –Al Salaam 38– ocupó el sexto lugar de todo el país, según el Sr. Ahmed.

“Este gran logro se lo debemos a la ayuda de UNICEF y Plan Sudán”, dice. Plan Sudán es la organización que ha colaborado para implantar el programa de construcción de escuelas.

“Tenemos muchos competidores”, añade. “Hay otras cinco escuelas que también tienen mucho éxito, aunque no tanto como Al Salaam 38”.

Buenas escuelas, altas tasas de matriculación

El Sr. Ahmed explica que Darfur del Norte está dividida en seis distritos de educación. Zamzam abarca uno de esos distritos y, según cuenta, ocupa el segundo lugar de las escuelas con más éxito de todo el país.

“Estamos muy felices con los resultados”, afirma el Sr. Ahmed. “Las escuelas llevan todo el año celebrando estos grandes logros”.

Según Abdullah Adam Mohamed, director de una de las asociaciones de padres y maestros de Zamzam, esos resultados responden, en parte, a la fuerte competitividad que existe entre las escuelas del campamento.

Añade, además, que Zamzam cuenta con un historial envidiable de tasas de matriculación. “Casi todos los niños en edad escolar están en esta escuela”, asegura. “Los que no, suelen pertenecer a familias más pobres”, explica.

Según Mohamed, al menos un 5% de niños entre 6 y 16 años no están matriculados, a menudo porque sus padres no pueden permitirse las tasas mensuales de 15 libras sudanesas (2,50 dólares estadounidenses).

Otros proceden de zonas del campamento en las que hay grupos grandes de familias recién llegadas. Unos 4.000 niños pertenecientes a esas familias no han entrado a la escuela de Zamzam este año.

La educación de niñas como Maryam no supone un problema en Zamzam. Según el Sr. Ahmed, en todo el campamento el número está bien equiparado al 50%: 9.604 niños y 9.203 niñas.

Aún quedan dificultades que afrontar

Además del umbral de pobreza, UNICEF y sus aliados se enfrentan a otras dificultades diversas. “Necesitamos escuelas nuevas para los recién llegados”, dice el Sr. Mohamed. “Estamos esperando la autorización del Ministerio de Educación para construir, pero necesitamos cinco escuelas nuevas".

Al igual que en otras zonas de Sudán, la retención de estudiantes se convierte en una prioridad. Es frecuente que el abandono escolar esté ligado a la pobreza. Además, los niños huérfanos o abandonados no tienen quién les anime a asistir a la escuela.

““Los problemas que pueda haber entre los padres afectan a los niños”, añade el Sr. Mohamed. “A veces, cuando los padres se divorcian, el niño se va a veces con el padre y otras veces con la madre. El no tener un lugar fijo le hace más difícil ir a la escuela.”

Estos no son los únicos problemas a los que se enfrentan. Zamzam es el único campamento de Darfur del Norte que acoge nuevas llegadas. Esto significa que el agolpamiento de gente puede convertirse en una dificultad añadida, ya que, como dice el Sr. Ahmed, a veces se juntan más de 100 estudiantes en una clase.
Además, los recursos son limitados. Los estudiantes trabajan en el suelo, sentados en esterillas, y suele haber un libro de texto para cada tres alumnos.

Sin embargo, a pesar de todo esto, miles de estudiantes como Maryam Ahmed han tenido la posibilidad de beneficiarse de una educación. Esto ha sido gracias a la ayuda brindada por UNICEF y el apoyo constante de la Unión Europea y el fondo de Qatar “Educa a un niño”, colaboradores esenciales para que la educación en esa zona sea una realidad.

Maryam es consciente de lo importante que puede ser un primer impulso como este en la vida.

“Me gusta ir a la escuela a aprender”, asegura. “La educación es una de las cosas más importantes de la vida”.


 

 

Fotografía UNICEF: Educación

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