Estamos construyendo un nuevo UNICEF.org.
Durante algún tiempo nuestras páginas estarán en período de transición. Gracias por tu paciencia. Por favor visita nuestro sitio de nuevo para ver las mejoras.

Sudán del Sur, República de

Un largo regreso hacia la libertad: los niños soldados en Sudán del Sur

Por Claire McKeever

Tras haber sido obligado a unirse a un grupo armado en Sudán del Sur, un muchacho huye de su vida como combatiente pero descubre que la libertad de su existencia anterior ha quedado muy lejos.

BENTIU, Sudán del Sur, 27 de enero de 2015 – “Las balas pesaban mucho. Era imposible correr. Era muy difícil usar una pistola…”

Cuando no le salen las palabras, David*, un joven esbelto de 16 años, tamborilea suavemente tres veces sobre la rodilla de su hermano mayor; le basta con eso para tener ánimos de continuar.

Imagen del UNICEF
© UNICEF South Sudan/2014/McKeever
David*, de 16 años, en el espacio de Protección de Civiles de Bentiu, en el Estado de Unidad, Sudán del Sur, donde ha vivido desde que huyó del grupo armado que lo reclutó a la fuerza.

El día que cambió la vida de David comenzó como cualquier otro. El joven dijo adiós a sus padres y salió de su casa en el Estado de Unidad para dirigirse a la escuela. Una vez allí, unos hombres armadas entraron y se lo llevaron, junto con otros 100, o más, compañeros de clase. Cuando los aterrorizados muchachos preguntaron por qué se los llevaban, los captores les dijeron que tenían el deber de luchar y defender a su tribu.

A David lo separaron inmediatamente del resto de sus compañeros y lo metieron en un campo militar con un grupo de muchachos de 13 a 18 años a los que no conocía. Durante tres meses soportó crueles entrenamientos militares en los que se adiestró al grupo para usar armas y combatir.

“Lo peor era que te despertaban a las 3 de la mañana y estabas entrenando hasta mediodía; y que solo te daban de comer tres veces a la semana”, explica David. “Si no sabías utilizar el arma, te pegaban. No había alternativa“.

Obligados a luchar

Aunque estaba separado de sus seres queridos, David hizo amistad con algunos de los otros jóvenes que habían sido reclutados; en medio de los horrores diarios se ayudaban unos a otros y al final tramaron un plan para escapar.

Pero antes de que las cosas pudieran mejorar, la situación empeoró cuando llevaron a los muchachos a la primera línea de fuego y los obligaron a luchar. Aquello era más de lo que podían soportar. Juntos, tomaron la decisión de arriesgar sus vidas y huir a la menor oportunidad:

“Nos sentíamos muy desgraciados y decidimos irnos. Abandonamos los uniformes y las armas”, dice David.

Con el pretexto de recoger leña para hacer fuego, como de costumbre, un centenar de muchachos abandonaron las barracas y huyeron al bosque. La mayoría se dirigió al norte, en dirección a Jartum, pero David y otros cuatro jóvenes se encaminaron a las puertas de Protección de los Civiles (POC en sus siglas en inglés), un espacio en la base de Naciones Unidas en Bentiu, donde decenas de miles de personas desplazadas por los combates se han refugiado.

“Necesitamos que haya paz”

En la actualidad, David vive con otros dos adolescentes en una tienda de campaña propiedad de una familia que ha tenido la generosidad de acogerlos. En los tres meses desde que los jóvenes llegaron al lugar, han tenido que luchar para acceder a los alimentos y provisiones básicas del hogar, como mantas, mosquiteros y jabón.

“Ahora estamos mejor. Ya no nos pegan. Pero la vida aquí tampoco es buena; no tenemos libertad”.

A David le preocupa que su huida del grupo armado dé lugar a represalias contra sus padres, que todavía viven fuera del espacio POC. No los ha visto desde el día que se lo llevaron, pero le han llegado rumores de que les han robado el ganado.

A pesar de todo lo que ha sufrido, David todavía es capaz de sonreír. Cuando le preguntan por sus momentos más felices, se le ilumina la cara y parece de nuevo un niño. “Antes de los combates, jugábamos al fútbol, íbamos a la escuela y veíamos películas”, dice David.

Sin embargo, para David y para otros miles de niños vulnerables, la realidad de la situación aún es muy grave.

“Aquí no hay nada. Estamos sufriendo y no tenemos escuela”, dice.

“Necesitamos que haya paz en el país”.

 

**Nombre cambiado

______

UNICEF está mediando con el gobierno y los grupos armados en Sudán del Sur para impedir y poner fin al reclutamiento y uso de niños en el conflicto armado, como parte de la campaña “Niños, no soldados”. UNICEF ayuda a los muchachos que han sido utilizados por las fuerzas armadas ofreciéndoles protección, educación y los servicios esenciales necesarios para recobrarse y reintegrarse en la sociedad. A jóvenes como David, a los que se les ha separado de sus familias, también se les inscribe en un programa de reunificación familiar.

 


 

 

Fotografía UNICEF: Liberados de los grupos armados

 

Búsqueda